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"Pie firme y buen ambiente", un perfil de la ministra Fabiola Muñoz

Fabiola Muñoz Dodero fue capitana de la selección de fútbol femenino de la PUCP. Hoy juega un partido diferente en el Gabinete

Fabiola Muñoz

Muñoz lanzó una campaña para mezclar fútbol y ecología. Añora sus tiempos de capitana de la selección PUCP. (Foto: Eduardo Cavero/ El Comercio)

No me cuesta trabajo convencerla de ponerse la camiseta y dar pataditas para la foto. Le vacila. Ni siquiera le he llevado la pelota: tiene a la mano una de su campaña #juega limpio, que promueve el reciclaje y el cuidado del ambiente.

La pelota da un bote accidental en la larga mesa de la sala de reuniones del Ministerio del Ambiente (Minam) y salimos a buscar una locación con más aire. Encontramos un pasadizo largo. Una asustadiza asistente cubre con su cuerpo los adornitos y plantitas de su escritorio. Fabiola está en modo selección hace rato y tiene todo en alineación: su parafernalia pelotera, su rollo de país sostenible en su biodiversidad, su biografía de abogada pelotera. A eso vamos.

Cuando era impúber, la ministra jugaba fulbito en el colegio María Reina de San Isidro. Unos años después, fue capitana de la selección de la PUCP. “Jugaba con el ‘7’, pero era delantera, metía goles”, ataja por si se me ocurriera minimizarla, y cuenta que su mejor gol fue el del 1 a 0 que le hizo su equipo al de la Universidad Agraria en el Estadio Nacional.

Incluso tiene una anécdota que no me la creería si estuviese en un spot coproducido por la Sociedad Nacional de Minería y el Minam con ‘soundtrack’ de pajaritos. Pero a ella, que ha trabajado de los dos lados de la alambrada (en la mina y en el Minam), y me lo cuenta con los ojos enrojecidos, sí le creo: “Quellaveco estaba parado 15 años porque la gente tenía miedo de su sistema de uso de agua. No le dieron la licencia social. Hasta que la empresa decidió retomar el proyecto y yo entré de gerenta de relaciones comunitarias. Pasaba dos días de la semana en comunidades altas de Moquegua. Los alcaldes no querían saber nada de nosotros y había uno que cruzaba la calle si nos veía. Hasta que un anexo [población] celebraba su aniversario y nos invitaron a un campeonato de fulbito. Llegamos temprano. En mi trabajo sabían que yo jugaba y era la única mujer en el equipo. Los otros equipos pensaban que yo estaba de relleno. Oh, sorpresa. En el sorteo nos tocó jugar con la comunidad de Carumas, la del alcalde que no quería vernos. Para remate, él era el capitán de su equipo y no tuvo más remedio que pararse frente a mí y darme la mano, porque yo era la capitana. ¡Cómo son los prejuicios! Como era mujer, nadie me marcaba y metí un gol. Al final, el alcalde me dijo: ‘Estoy sorprendido, si un gerente puede pasar un domingo compartiendo con la población y jugando fulbito, deben tener algo diferente’. A partir de allí empezamos a entendernos”.

Fabiola termina su relato con una moraleja sobre lo que puede hacer el deporte para el trabajo en equipo y la interacción con todos los actores sociales. Por cierto, cuando trabajaba en Quellaveco, conoció al entonces decano del Colegio de Ingenieros de Moquegua, Martín Vizcarra. Cuando el primer ministro César Villanueva la llamó al Gabinete, Vizcarra sabía a quién estaban enrolando.

—¿Perú minero?—
Quellaveco es un caso de negociación pacífica, pero sobran ejemplos de lo contrario. ¿El Perú es sostenible con un modelo de crecimiento basado en la minería? “Estamos caminando a ser un país cada vez más sostenible, estamos entendiendo que el valor agregado nos va a dar ese equilibrio”. Pero no todo valor agregado es sostenible, ¿no? “No, pero ahora que pensamos en términos de bicentenario vamos a ver que pasamos de ser el país de la extracción del guano, del caucho, de la anchoveta, a uno que genera una industria más sostenible, una gastronomía que pone en valor la biodiversidad. Cierto, no solo es valor agregado, es una transformación en cultura, no solo buscar algo que valga más y sea bonito, sino saber que hay zonas de gran actividad económica pero donde no han bajado los indicadores de pobreza, que hay niños con anemia”.

De la comida y la biodiversidad saltamos a la anemia, y me sorprende la naturalidad con la que la ministra se mete en cartera ajena. Le recuerdo, para picarla, la vez que PPK pidió a sus ministros que solo se abocaran a lo suyo: “El tema ambiental, por su naturaleza, es transversal. El pedido que tenemos del presidente y del primer ministro es ser un equipo y todos tenemos que estar informados de todo y generar sinergias”. Con razón, cuando ya casi habíamos acabado la entrevista, se tomó unos minutos para hablar de su programa FAGA (Frutos Amazónicos y Granos Andinos) y del cushuro, alga que crece en lagunas altoandinas, perfecta para la dieta contra la anemia. Intromisión sustentada.

Aunque estuvo un tiempo en el Conam, el embrión del Minam, Fabiola ha pasado más tiempo en las canteras del Ministerio de Agricultura. Llegó a ser la cabeza del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) y encaró el problema dramático y violento de la tala ilegal. Le pregunto si, más allá de las bandas que corrompen y talan, cree en el evangelio de la Amazonía intocable o es viable talar y reforestar. “Tenemos que ordenar el sector forestal y hay espacio para actividades sostenibles. Están los llamados bosques de producción permanente, donde se hacen planes de manejo para talar un árbol por hectárea, incluso en terreno de comunidades nativas. Hay otras partes donde se ha deforestado antes y ahí se hacen plantaciones, esa es la línea de la reforestación como una actividad económica intensiva”. Gracias por desasnarme en el asunto de la reforestación.

Quiero volver a la tensión principal por la que nació el Minam y de la que nos hemos desviado. ¿La minería ha avanzado en tomar conciencia de lo necesario para prevenir conflictos? “La definición depende del lente con que lo miremos. Si lo miramos por la cantidad de dinero que entra, el Perú es un país minero. Si lo miramos por la superficie, es un país forestal. Si lo miramos por la PEA, es un país agrícola. Todas las actividades pueden convivir. La minería ha tenido un proceso de evolución y todavía tenemos mineras que no quieren hacer las cosas bien. Acabamos de cerrar una en las alturas de Moquegua, Aruntani. Por otro lado, hay empresas que han avanzado muchísimo”. ¿Ejemplos virtuosos? “Me acaban de hablar de una ponencia sobre desalinización en Shougang, vamos a ir a ver, Antamina tiene buenas prácticas, Las Bambas tiene actividades que están cerrando el ciclo. [...] Hay una percepción de experiencias en el pasado que no necesariamente han sido buenas. Hay que mostrar experiencias buenas”.

¿Cree en el buen vivir? “Creo que los seres humanos tenemos que ser conscientes del ámbito en que vivimos; si no, seguimos haciendo lo mismo y no vamos a tener buen vivir jamás”. No vale la pregunta. Tenía truco. El buen vivir es un lema del antiextractivismo y la ministra no me respondió en ese código. El suyo es de quien ha trabajado con todos los actores y busca su propia idea del centro: “Hay que tener una gestión integral del territorio y ver qué actividades pueden convivir. He visto actividades mineras, pesqueras y sé que pueden convivir”.

—Mi tío me enseñó—
Quiero saber si antes del Minam, de la minería, de la tala y del fútbol, Fabiola quiso ser abogada con propensión al asunto ambiental. ¿Siempre quiso estudiar Derecho o fue la vocación del que aún no sabe su vocación? “Siempre. De chica era muy tímida y en las fiestas infantiles de mis primos, como mi tío era juez y tenía cajas llenas de expedientes, yo cogía uno, lo leía y se lo comentaba a él”. Una chibola que lee expedientes tiene que ser abogada, le digo. ¿Y lo ambiental? “Nací en Lima, pero tengo profundo arraigo con la comunidad de San Juan de Obrajillo de mi madre, en Canta. Los fines de semana íbamos a ver la casa de la abuela, sin luz, sin baño, esto a 100 km de Lima. Me bañaba y buscaba sapos debajo del puente. Ahora no se puede, es muy turístico, lleno de restaurantes”.

Volvemos al Perú minero, sostenible, agrícola o como lo queramos ver. Le comentó a Fabiola mi sorpresa por la rapidez con la que estamos volteando la historia del plástico: “Ya terminamos de consensuar la ley [tres años para desaparecer bolsas, cañitas y envases de tecnopor]. En realidad, es un proceso que viene de años, la industria ya se ha preparado para producir con otros materiales. Quiero resaltar la madurez de todos los actores”. Ojalá fuera así en tantos otros sectores donde no sabemos qué es mejor, producir, desechar, proteger o reciclar.

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