Por Carlos Batalla

La última vez que María Eva Duarte de Perón o, mejor dicho, Eva Perón salió a dar la cara públicamente, el calendario marcaba el miércoles 4 de junio de 1952, es decir, un mes y 22 días antes de que falleciera en su residencia de Palermo, en Buenos Aires, en medio del dolor y el duelo populares. Esa vez lucía muy agotada, desanimada y carcomida por una “larga enfermedad”: ‘Evita’, como le llamaba la gente, murió de un agresivo y avanzado cáncer de cuello uterino. Tenía solo 33 años. Su esposo, el presidente Perón, contaba con 56 años, 23 más que ella.

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