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Foto del autor: César Monterroso

César Monterroso

U.D.O. Steelhammer - AFM records - 2013

Ante las más reciente diatribas me he refugiado en el heavy clásico. Me ha dado mucho gusto escuchar un nuevo gran disco de alguien que está verdaderamente comprometido con la creación del sonido clásico del heavy metal. U.D.O una vez más nos devuelve lo más glorioso de este género.
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(La portada no es muy genial, pero tiene su gancho)Me gusta U.D.O. sobre todo porque aunque hacen heavy metal clásico no es como Accept. Accept me encanta y sus discos son geniales, incluso los dos últimos con Tornillo han quedado muy bien y suenan al estilo de siempre. Pero cuando Udo salió de la banda a fines de los 80 pudo optar por seguir con un estilo repetitivo y vivir sin arriesgar. Pero no lo hizo. No es que se volvió un artista avant garde (felizmente, hubiera sido abominable) sino que volviendo a las raíces del heavy clásico y subiéndole las revoluciones creo su propio sonido dentro de lo clásico.

Hace cosa de un año realicé una reseña de la carrera discográfica en solitario de esta ruta específica (se puede leer acá). Lo cierto es que rara vez U.D.O. me ha decepcionado. Es verdad que en varios momentos ha modernizado su sonido tendiendo puentes con estilos actuales. Pero se trata de uno de los raros casos en los que, en mi opinión, eso no ha perjudicado el sonido objetivamente hablando. Un disco como Mastercutor que tiene mucho de moderno salió genial y es uno de los mejores de lo que va del siglo XXI. Los esfuerzos subsiguientes siguieron siendo muy respetables pero no a esa altura (Rev-raptor, Dominator). Ahora parece que estamos subiendo la cuesta de nuevo porque este disco tiene la pinta de que se convertiré en un clásico por así decir otoñal de su carrera. Una especie de Angel of Retribution pero de U.D.O.

Los elementos más o menos modernos que aparecían en sus discos inmediatamente anteriores virtualmente han desaparecido (más allá de algún momento en algún tema). Todo tiene que ver con el sonido que ha venido desarrollando desde 1990 con Timebomb (el Painkiller de U.D.O.) y que alcanzó su cúspide en el triunvirato Solid – No Limits – Holy de la segunda mitad de esa década. Efectivamente esos cuatro discos son los principales referentes internos en la carrera de la banda (en realidad del mismo Udo, la alineación ha variado bastante).

Entonces ¿qué tenemos? Heavy metal teutón hipervitamínico y antiposero como en los viejos tiempos. Aunque los referentes sean enteramente clásicos pasa con este hombre lo que pasa con los mejores exponentes de entonces. Saben hacer lo mismo y no ser unos refritos. Lo mismo pasó con los discos de Herman Frank, otro Accept que ha editado dos discos fabulosos y absolutamente creíbles de puro y eterno heavy metal. O lo mismo con Ross the Boss que ha sacado discos que la posteridad valorará (al menos el primero es muy bueno). Así, U.D.O. vuelve a cocinar el mismo plato pero, otra vez, es delicioso y se puede pedir más y más hasta reventar de metal.

Instrumentalmente creo que destaca la energía, el poder descarnado que desborda el planteamiento de los temas, en los que se alternan partes pesadas con marchas aceleradas y medios tiempos con la intención de hacer variados los cortes. La guitarra está en manos del ruso Andrei Smirnov y eso ya lo dice todo. La herencia clásica a veces se preserva mejor lejos de su lugar de origen y en Rusia sí que hay bandas de heavy metal fuera de toda discusión (Aria, Kruiz, Hellraiser). Este hombre ha militado en Everlost (una banda medio Children of Bodom de Rusia, pero no tan rápida y más compacta) en la que las guitarras eran absolutamente poderosas y además tiene un proyecto en solitario más clásico aún. Acá Smirnov se ha concentrado en intervenir sin perturbar la estructura de los temas pero ha hecho algo que hoy en día se ha perdido: coprotagonizar. La guitarra toma las partes que la voz no toma y se convierte en una segunda voz con sus propias líneas, a veces punteos, otras riffs y otras, unos solos de gran pericia.

En la percusión está otro de los juveniles del grupo Francesco Jovino, desde Italia otra tierra donde le metal clásico se ha preservado en mayor estado de pureza (son países de fans del metal, es por eso). Su trabajo es preciso contundente pero es partidario del doble bombo, algo en realidad no tan clásico, el menos en la forma en la que lo ejecuta con blast beats cada cierto tramo y es eso lo que le da ese aire tan veloz a todo el trabajo. Además, este hombre ya tiene cierta cantidad de años con el grupo (desde Mission X). En el bajo está el segundo miembro más antiguo Fitty Wienhold quien ya lleva trabajando desde la segunda salida de Udo de Accept en ese genial Solid de 1997. En este caso se mantiene ejecutando sus acordes marcando los pesados (en un sentido heavy no doom, se entiende) ritmos que le dan la contundencia a todos estos temas (la contundencia de una banda de metal solo puede provenir del heavy de la pesadez que marca el bajo y de nada más, la guitarra le da velocidad o fuerza pero la heavyness es tarea del bajo).

La voz de nuestro querido troll metálico sí ha sufrido bastante con los años y se nota que aunque suena igual de agresiva y chillona ya no tiene el volumen que tuvo alguna vez, es evidente que la han alzado con los equipos para que no quede por debajo de la media instrumental y que por momentos ha sido tratada para darle ciertas sonoridades. Sin embargo lo que ha perdido naturalmente por un efecto inevitable del paso del tiempo lo ha mantenido en convicción y “huevos” para cantar metal. Qué pasión por lo que hace, que amor por su proyecto de vida. Es evidente que el director de orquesta es él y sabe acompasar todo el material para conseguir un disco tan bueno.

Yendo a los temas en sí, creo que Metal Machine será un nuevo clásico por el planteamiento clásico y eficaz, así como por la forma en la que la guitarra ejecuta la melodía desde la mitad del tema y se conjuga con los robustos coros. Otro que destaca casi inmediatamente a la primera oída es Devil’s Bite que está en diálogo con Love Bites de los Judas Priest (una de las principales influencias de U.D.O) con un teclado ochentero inicial (ochenterazo, parece parte de una banda sonora para Escape de Nueva York). Death Ride es uno de esos temas veloces que parece una carrera por la vida en una cinta de Carpenter. Demasiado. Como curiosidad aparece un tema en castellano, Basta Ya en el que Udo hace el esfuerzo de cantar en español, logra algo mejor que Doro o Blind Guardian cuando lo han intentado, pero todos sabemos que el castellano con sus características vocálicas es muy difícil para los de habla germana y la cosa creo que apenas califica como una curiosidad. El final cowboy es de lujo.

En resumen, un disco muy disfrutable que nos trae un U.D.O. con gran personalidad y con mucho que dar todavía esperamos que por lo menos por esta década más. Al menos tuvimos la suerte de verlo en una ocasión (si por lo menos hubiese otra más). Lo recomiendo a cualquiera que se considere un headbanger, si no les llega a gustar. Y si no; ya saben… Con Udo no se metan.

No sabía que le habían hecho video