Historia de un inmigrante en Nueva York

Cuando salí de Lima estaba muy emocionado. Fueron a despedirme mi mamá y mis hermanos Erika y Mirko. Nos tomamos fotos en la sala de mi casa, en la puerta del aeropuerto, en la cola para hacer el check-in, en el restaurante del aeropuerto y, por supuesto, al entrar a la zona de embarque. Recuerdo haber visto a mi mamá y a mi hermana aguantándose las lágrimas. Yo aguanté mis lágrimas también.Había viajado antes a otros lugares pero por alguna razón este viaje era diferente. Esta vez no me iba de turista ni tenía fecha de retorno. Mi familia y yo lo sabíamos. En realidad, no tenía ningún plan seguro, solo tenía en mente que debía pagar un préstamo al banco. Tenía en el bolsillo menos de 200 dólares. Con esa plata me iba. Nadie más que yo sabía la situación en la que estaba. A todos les dije que quería tomarme un tiempo para pensar y de paso hacer un poco de dinero. Pero mi realidad era otra. Le debía al banco y estaba sin trabajo ya casi un mes. La liquidación de mi último trabajo y el préstamo los usé para pagar una operación de mi madre. Tenía que pagar las letras al banco y en un arranque de desesperación compré mi pasaje para Nueva York. Lo decidí en un minuto, en una conversación con mi amigo Tim. Decidimos viajar juntos. Él tenía que regresar y yo…bueno, tenía que ir.
Mientras iba en el taxi hacia el aeropuerto pensaba en el momento en que tuviera que decidir si regresaba a Lima o no. Una parte de mí me decía que sí y otra que no. Miraba a mi familia y contenía el llanto. Hacía bromas para yo mismo reírme y no llorar. Les daba encargos de último momento para no pensar en lo que me esperaba. Mi hermana metió 100 dólares a mi bolsillo cuando bajamos del taxi en el aeropuerto por si acaso se te antoje una hamburguesa con tu Coca Cola en los yunaites. Ella no sabe hasta ahora cuánto me ayudó esa plata.
En el aeropuerto me encontré con Tim, un amigo americano que conocí en la universidad. Me había ofrecido ayudarme a conseguir trabajo en Nueva York o en su pueblo, Charlottesville, Virginia. Nuestro vuelo tuvo 4 escalas. En cada escala me pedían el pasaporte para ver si mi visa era verdadera. También revisaban mi equipaje de mano, supongo que para ver si llevaba drogas. En cada escala pensaba que me iban a regresar por no tener dinero suficiente para hacer turismo. Hasta que por fin llegamos a Estados Unidos. Era de noche y el JFK estaba atiborrado de gente. Esperábamos nuestro equipaje. Lo primero que impresiona y atemoriza son los controles extremos del aeropuerto. Me hicieron sacar los zapatos, me tomaron foto, me hicieron pasar por varios detectores de metal, un policía negro y gordo se me acercó y me sacó de la fila y me hizo varias preguntas. Tenía un tono de voz muy amigable, incluso se presentó como Richard, but you can call me Richie. Me dijo muy amigablemente que sabía que en mi vuelo había personas que llevaban drogas. Me preguntó si yo sabía algo. Le dije que no, que nadie me había confesado que llevaba droga pero que si me enteraba de algo se lo iba a decir. Él reía un poco. Se acercó un policía puertorriqueño, tal vez el otro policía no entendió mi inglés. Ya en español me preguntaron si llevaba drogas y les dije nuevamente que no. Luego de revisar mis maletas me dejaron ir.
Tim me esperaba en la zona de migraciones. Mientras caminaba hacia las ventanillas veía como algunas personas contaban su dinero delante del tipo de migraciones. Trataba de mantenerme sereno. Tim pasó primero. Luego me tocó a mí. El tipo de migraciones me preguntó cuál era la razón de mi viaje. Le dije que quería hacer turismo en Nueva York y luego ir una semana a Charlottesville. Me miró fijamente a los ojos. Pensé que me haría mostrar la plata que llevaba, pero no lo hizo. Me devolvió mi pasaporte, welcome to USA sir. En ese momento interiormente di un suspiro tremendo. Solo quería salir del aeropuerto para poder estar seguro que ya estaba dentro de Estados Unidos.
La hermana de Tim nos recogió. Dormimos en el departamento de ella. Esa noche, ya en la cama, mi mente estaba en Lima. No sabía qué me esperaba, no sabía qué iba hacer ni hasta cuando, ni tampoco tenía planes de regreso. No tenía nada.
Piero Masías Valenzuela, Estados Unidos
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

:quality(75)/2.blogs.elcomercio.pe/service/img/saldetucasa/autor.jpg)