Comida peruana… a la belga

Por motivos de estudios postuniversitarios llegué a Bélgica allá por el 2002. Para ser más precisos, llegué a la ciudad de Gante en los últimos días de agosto de ese año, en pleno verano europeo. Los primeros días fueron un concierto de viacrucis existenciales sobre el motivo que realmente me había llevado a dejar la comodidad de la familia, amigos, enamorada, casa, comida, pichangas, combis, Año Nuevo en el sur y demás, para estudiar en un país donde no conocía a nadie, donde el sol solo se asoma un par de meses al año, donde la cultura es muy diferente a la nuestra y donde el idioma ni siquiera es cercano o parecido a nuestro oriundo español…En fin, esa es otra larga historia.
Vamos al relato en sí: Resulta que la escuela de negocios donde estudiaba organiza cada cierto tiempo actividades para los estudiantes en general. Una de estas actividades es el International day, evento en el que los estudiantes internacionales tienen que preparar un plato típico de su país. Dado que mis cualidades culinarias eran las del típico hijito de mamá que tuvo a una empleada cocinándole toda su vida, opté por la solución que, según yo, se acomoda a cualquier peruano que haya asistido alguna vez en su vida a una fiesta casera: preparar pisco sour.Fue así que decidí hacer que mis compañeros de aula degustaran el popular trago peruano. El problema fue que, cuando fui al mercado, ¡¡solo pude encontrar pisco chileno!! A falta de otras opciones, no tuve más alternativa que preparar cinco litros de pisco sour con el ‘pisco’ oriundo de nuestro país vecino. Para qué, no me puedo quejar, el pisco no salió tan malo y, si mal no recuerdo, los cinco litros se fueron en algo menos de 15 minutos (ya se imaginarán el resultado que eso trajo entre mis amigos europeos unos minutos después ¡jeje!).
Tiempo después me ocurrió una anécdota parecida. Un año después de haber acabado la primera maestría, decidí cursar una segunda con especialidad en economía en la Universidad Católica de Lovaina. Mientras cursaba el segundo máster se me dio por organizar otro International day con mis compañeros de clase, solo que esta vez decidí variar un poco la oferta y opté por preparar una muy rica mazamorra (la que viene en bolsa nomás, ¡pero al menos sirvió!).
El día del evento llegué a la casa de un amigo (donde se llevaba a cabo la reunión) con mi mazamorra lista. Lo que hice fue dejar la olla llena en la mesa donde se ponía toda la comida y me limité a observar la reacción de los otros al momento de probar el postre morado. Lo que pasó a continuación casi me causa un infarto, y estoy seguro que si algunos de nuestros antepasados incas llegaba a presenciar tal acto, fácil sacaba un cuchillo de algún lado y le cortaba la cabeza a medio mundo. Los ahí presentes (todos estudiantes extranjeros) cogían primero un panqueque y en vez de rellenarlo con mermelada, plátano o mantequilla, ¡¡¡lo comenzaron a rellenar con la mazamorra!!! (yes, I know, oh dios!!) ¡Mismo mexican brother comiéndose un burrito relleno! Lo más gracioso es que a todo el mundo le ‘encantó’ la combinación.
Es en oportunidades como esta donde uno realmente saca pecho por la patria y por los atributos que hacen de nuestro país un lugar inigualable. En este caso, un postre peruano… a la belga.
Long live Perú!
Luis Urquiza, Bélgica
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