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Foto del autor: Redacción Web

De Kabul a Bruselas

Estoy aquí, nuevamente. Hace dos años (mas o menos), escribí mi historia desde la tierra de “turbantes y barbas”, ¡Afganistán!, país donde pasé cerca de tres años. Fuimos dos… ¡y regresamos tres! Así es, la tierra afgana nos dio nuestra hermosa Léa Marie Emilie (o como yo la llamo, mi princesa María Emilia), mi linda hija de un año y cuatro meses.

Muchas cosas sucedieron: primero, ante mi evidente embarazo tuve que dejar Kabul. La idea de dar a luz allá había pasado por nuestras cabezas pero la realidad afgana se nos abrió más dura aun. Si hasta ese momento habíamos conocido la falta de servicios como agua y electricidad, es hasta marzo del 2009 que vivimos la falta de recursos de las familias afganas. Una sola ginecóloga mujer en Afganistán (en un país tan conservador, es una necesidad que salta a los ojos) y ni una sola incubadora en todo el país… y yo me pregunto, ¿a donde va todo el dinero de la ayuda internacional?

Me quedé hasta casi mi séptimo mes de embarazo. En agosto del 2009 dejé a mi esposo, tomé mi hurona (si, la famosa Chimuca), mi barriga, mis maletas y con pena de dejar a mi Luc (mi esposo), amigos y al país que me albergo durante casi tres años enrumbé a Francia a dar a luz en la casa de mis suegros. ¿Por que no al Perú? Créanme que quise, pensaba en mi familia y amigas con quienes compartir este momento, pero el viaje resultaría demasiado largo para mi esposo, corriendo el riesgo de que él se perdiese de ese gran evento. ¡Luc llego justo a tiempo! Cinco días antes de que mi Léa naciera: el 22 de noviembre del 2009.

Por motivos laborales de mi esposo tuvimos que mudarnos a Bruselas, Bélgica, donde vivimos desde enero del 2010. ¿Qué decirles? Es lindo pero diferente…¡obvio diferente! ¿Si extraño Kabul? Sí, a veces, extraño lo que viví allí, extraño a nuestros amigos y hasta ahora sigo preocupándome cuando un nuevo atentado ocurre, sabiendo que se escucha solamente “de los más resaltantes” y que quizás “un pequeño atentado” puede tomar la vida de alguien que conocí, o simplemente la vida de alguien, punto.

El regreso a Europa no fue muy brillante para mí. En un intento de regresar a la vida profesional me lleno de respuestas de “su perfil nos interesa” (bachiller en negocios internacionales, máster en comunicación, especialista en sociología para el desarrollo), con muchos “peros” que continúan, en su mayoría preguntándome por una nacionalidad europea que no tengo y que por el momento no me interesa tener.
No me malinterpreten, cada quién tiene sus motivos para cambiar u obtener otra nacionalidad, yo sigo siendo “simplemente peruana” ante la posibilidad de obtener la nacionalidad francesa. Si bien la idea pasó por mi cabeza, la verdad es que no me siento lo “suficientemente francesa” como para tener ese pasaporte, creo que una nacionalidad va más allá de un simple documento, la obtención de una nacionalidad tiene que ver con el cariño y la relación que sientes con el país: a mí me gusta el queso, mi esposo y hasta ahí quedó mi cariño por Francia. Quizás en algún momento me sentiré o francesa o belga o marciana, por el momento me siento “simplemente peruana”, y espero que se me abran las puertas siendo lo que soy.

Mientras llegue ese momento, soy 24 horas durante 7 días a la semana la mamá más feliz y más engreidora del mundo. Ver crecer a la princesa Léa María Emilia no tiene precio.

Xaviera Medina de Albrand, Bélgica

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