
La salud mental de los adolescentes está en riesgo. Una encuesta realizada para esta investigacion arrojó que el 93% de los adolescentes consultados ha pasado por algún problema de salud mental y solo el 60% ha buscado ayuda. Esta serie de testimonios de estudiantes de Lima metropolitana nos muestran lo que está pasando a los adolescentes.
Al primero lo llamaremos José, porque hemos decidido cambiar los nombres de quienes nos han dado testimonio para que su vida privada no se vea alterada. Tiene 17 años y desde muy pequeño carga con un profundo malestar emocional. Nos cuenta que creció sin una figura materna, en un ambiente familiar conflictivo donde llorar se consideraba “debilidad”y donde le imponían el deber de “igual de inteligente” o “igual de responsable” que los demás.
“Como consecuencia, he desarrollado baja autoestima, miedo constante a ser juzgado, poca responsabilidad en mis tareas, episodios depresivos y, sobre todo, una necesidad intensa de buscar aprobación externa constante”, nos cuenta.
A él le han dicho que sus problemas son los normales de un chico de su edad. Según la Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju), uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años experimentó un problema de salud mental en algún momento entre 2022 y 2023. Para ellos, el Estado tiene un presupuesto exiguo: del total destinado a la salud pública en el Perú para el 2025 (S/30 millones), apenas el 2.35% va a salud mental. Parece mucho pero no lo es: equivale a unos 21 soles por persona al año. ¿Puede un país garantizar la salud mental de sus jóvenes con ese dinero?
A sus 17 años, “Ricardo” vive en un constante estado de alerta. Se preocupa por detalles mínimos: una puerta mal cerrada, un objeto fuera de lugar. Su cuerpo no descansa; está siempre en tensión.
Él ha querido tratarse: ha acudido a psicólogos del sistema público y relata una experiencia desalentadora: listas de espera interminables, atención poco personalizada y un ambiente donde es difícil sentirse escuchado.
“En el sector privado encontré un mejor acompañamiento, pero su costo convierte ese apoyo en un privilegio que muchos no pueden pagar”, comenta.
En el Perú, una sola sesión sicológica privada puede costar entre S/100 y S/150, según nos indicaron profesionales en el sector. Las siquiátricas (que muchas veces son indispensables) rondan los S/300 en un país donde el sueldo mínimo es de S/1.130 soles al mes, para miles de peruanos, la elección no es “ir o no ir al psicólogo”, sino elegir entre salud mental y necesidades básicas.
A los 15 años, “Ariana” tuvo que empezar de nuevo. Acababa de cambiar de colegio y tuvo que adaptarse a un cambio que no siempre es fácil. Su nueva escuela no contaba con psicólogo.
“Mis emociones fueron minimizadas hasta el punto en que dejé de expresarme”, apunta.
Lo que pasó con Ariana no es una excepción a la regla. Es, lamentablemente, la normalidad: en el Perú existen 176 sicólogos por cada 100.000 habitantes, según consignó El Comercio en abril de este año, una cifra que revela un vacío enorme en la atención básica.
Lo de “Luan”, en tanto, es un poco más complicado. Tras la muerte de su figura paterna vivió episodios depresivos. Pudo haber engrosado la cifra de menores atendidos por episodios depresivos en el Perú (que en un informe del Minsa emitido el 2023 llegó al millón). Sin embargo, su voluntad ha sido no buscar ayuda.
“Yo pensaba que eso era para los débiles, que era una cosa femenina”, expresa.
Estos testimonios no son excepciones. Son síntomas de un sistema que llega tarde, llega mal, o simplemente no llega.
Nota realizada por los corresponsales escolares de la Asociación Scout del Perú: Daniela Alejandra Manrique Torres, Arivel Laura Lengua Trujillo, Vania Romina Argote Domínguez, Jimmy Jafet Cordero Cordova y Joseph William Acuña Vela; con la asesoría de Juan Almeida Gonzalez y la mentora del periodista Ángel Hugo Pilares de El Comercio.










