Resumen

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La artista peruana Augusta Sarria en su taller, rodeada de su obra pictórica.
La artista peruana Augusta Sarria en su taller, rodeada de su obra pictórica.
/ Hugo Pérez/ El Comercio
Por Alfonso Rivadeneyra García

Lo primero que uno ve desde el estudio de Augusta Sarria en Miraflores (Lima, 1953), si uno se asoma por las ventanas, es una casa. El observador que anda por la calle no nota nada fuera de lo usual; es desde una altura elevada donde se aprecia una puerta casi flotante en el segundo piso, que no tiene nada en el suelo; una tabla que hace las veces de puente de una cornisa a otra, endeble; los fierros pelados de lo que debería ser una columna que no sostiene nada; en el tercer piso un tendedero tímido, apenas con unos trapos que protegen muros tarrajeados; en el cuarto piso, un inexplicable cementerio de andamios.