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"Todos los sueños del mundo", la crítica de Eduardo Lores a la obra teatral

"La pieza es un reconocimiento al teatro peruano en la persona de Alberto Ísola. Es una puesta compleja, multirreferencial", dice Eduardo Lores

Todos los sueños del mundo

"Todos los sueños del mundo" se presenta en el Teatro Británico. (Foto: Difusión)

Não sou nada. Nunca serei nada. Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.

Álvaro de Campos

¿Qué pasa en el escenario detrás del telón mientras se produce y ensaya una obra rusa del siglo XIX, en la que en "La sala número seis" del hospital psiquiátrico, el viejo doctor se siente interpelado por la envidiable lucidez de su joven paciente? Para saberlo, Mariana de Althaus intercambia bambalinas por telón, es decir, sitúa al público detrás de este, permitiéndole un acceso indiscreto a lo que allí se cocina entre los actores (Alberto Ísola, Vanessa Vizcarra, Gabriel Iglesias y Matías Raygada), el director (Sergio Llusera) y la productora (Sofía Rocha). Ya no es el Teatro Británico, es el vientre de una ballena que porta a esa rara especie de náufragos que son los teatristas. Se trata de la última función del viejo local que será demolido y se despide emitiendo fantasmales cantos.

Todos están problematizados. Adriano Fontana (Ísola), el consagrado actor que hace de psiquiatra y podría garantizar el éxito de la puesta, tiene problemas de memoria, apariciones de sí mismo cuando era niño (Raygada), de su padre (Llusera) y de su madre (Rocha). Y por si fuera poco, es poseído, de manera inopinada, por alguno de los grandes personajes interpretados por él en su larga carrera. Es admirable verlo recitar parlamentos de Próspero, cuando hace poco lo encarnó en la versión de "La tempestad", que dirigió Roberto Ángeles. El conjunto de los traumas y fobias que presenta, tanto como los datos biográficos, apuntan al mismo Ísola.

El director (Llusera) está en crisis vocacional y existencial. El actor que hace de loco en la pieza de Chéjov (Iglesias) boicotea inconscientemente la puesta. Una buena ocasión para que un actor con un rol vicario en la caja boba muestre sus habilidades protagónicas en las tablas.

Loreta (Vizcarra), la asistenta de producción, es cortejada por el actor y rechazada por el director. Nora (Rocha), la productora, deambula entre bastidores preocupada por la viabilidad de la puesta. "Hay mil razones para no hacer una función y, sin embargo, ocurre. Cada función es un milagro de coordinación, obstinación y magia", dice la dramaturga. Al abrir el backstage, le permite al espectador compartir la sensación del artista ante el vacío cuando, al empezar la función, comienza su peligroso equilibrismo sobre la tensa cuerda.

La pieza es un reconocimiento al teatro peruano en la persona de Alberto Ísola. Es una puesta compleja, multirreferencial, metateatral, sinfónica y contrapuntística, que se da entre infinitos ensayos, repeticiones, regresiones, rememoraciones, apariciones, traslapes crónicos y descontextualizaciones, dentro de una estructura como de rompecabezas que permite lucir el virtuosismo de los cinco actores y el esfuerzo del niño.

Mariana de Althaus va perfilando una posición estética que defiende la autonomía del teatro, de su utilización a favor de causas éticas, políticas o de cualquier otra índole que no sea la propia defensa de este.

La ficha

“Todos los sueños del mundo”
Dramaturgia y dirección: Mariana de Althaus.
Actúan: Alberto Ísola, Sofía Rocha, Sergio Llusera, Vanessa Vizcarra, Gabriel Iglesias y Matías Raygada.
Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores).
Hasta el 3 de junio.
Calificación: ★★★★.

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