Muertos, heridos, alcaldes que se ponen el “chaleco de defensa civil” (sin saber qué significa) y aparecen en la escena automáticamente, empresas que emiten comunicados en redes sociales repletos de solidaridad y voceros entrenados para decir nada. Esta es nuevamente la foto de las últimas horas tras la desgracia en Trujillo, un ciclo perverso siempre reactivo que no aprende de la negligencia, menos del dolor y que reafirma su desprecio por la vida.
Lo anterior quedó ratificado por Misael Shimizu, gerente general de Real Plaza, entrevistado el último domingo en Punto Final. De hecho, escribo mientras lo escucho decir sin ningún reparo ni mea culpa que ellos cumplieron con los estándares, incluso por encima de lo que exige la norma. Se preguntará usted ¿qué especifica el reglamento nacional de edificaciones? Básicamente que se diseña una obra para todo tipo de riesgo. Pero el análisis va más allá de una norma a rajatabla. Y esto es sumamente importante para determinar responsabilidades.
Sí, en plural porque son varios los implicados. Por un lado el dueño del proyecto Real Plaza, que es el grupo Intercorp, la constructora que es la ejecutora de la obra, que según el periodista Paolo Benza que tuvo acceso a los planos sería BGS ingenieros, y el órgano de supervisión y conformidad de la misma, SCHT. Y claro, entregada la obra lo que correspondía era fiscalizar periódicamente. ¿Lo hicieron la municipalidad de Trujillo y Defensa Civil?
Porque van pasando las horas y seguimos conociendo detalles graves, Christopher Acosta ha publicado una denuncia de Intwrcorp a un grupo de fiscalizadores que advirtían fallas en el recinto.
Volviendo a los protagonistas, todos en diferentes etapas debieron cumplir a rigor con cada requerimiento, y a la luz de los hechos, no fue así. ¿Qué significa esto para buscar sanciones en ‘nuestro país’?
Pues mayor tiempo de investigación, estrategias que van y viene para evadir culpas, pericia aquí y allá, el ya conocido : peloteo eterno. Que solo desgasta más el dolor de los deudos.
Hay dos tipos de responsabilidades en materias distintas, la civil que tiene que ser automática con el tema de las reparaciones e indemnizaciones a las familias y la más importante y desgastante por lo retador que es el camino, que es la penal.
Esto no va a ocurrir si no nos involucramos, más allá de la solidaridad por supuesto, nos toca como medios no abandonar a las víctimas y seguir hurgando en cada escombro de esa obra porque no podemos permitirnos que esta desgracia sea nuevamente un “periódico de ayer”.
Porque además hay un ayer que nos lo recuerda, o es que ¿ya olvidamos los 277 muertos de Mesa Redonda, o vamos más atrás con utopía con 29 víctimas o la desgracia de hace 10 días en Chancay con 3 peruanos muertos más a la lista del “aquí no paso nada”?
Que el tiempo y los titulares no nos hagan olvidar la tortura a la que nuestro país y sus autoridades ineficientes someten a todas estas familias en el camino de buscar justicia. Basta del cliché de la justicia divina, porque no hay nada más terrenal que la cárcel para quien hizo daño.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.