“Elevar los niveles de vida requiere reformas ambiciosas”. Así comienza el resumen ejecutivo de “Estudios económicos de la OCDE: Perú 2025”, último informe que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico le entregó al Perú como resultado de la evaluación realizada por sus expertos. El objetivo es promover las reformas necesarias para alcanzar los estándares de legislación, políticas y prácticas de este club de 38 países que mueve el 80% del comercio internacional.
El informe es una radiografía de cuerpo entero que, si bien reconoce nuestros aún sólidos fundamentos macroeconómicos, nos diagnostica varias enfermedades crónicas: baja productividad, informalidad, desigualdad, depredación ambiental y corrupción; y otras enfermedades incipientes, como la imprudencia fiscal. Además, es grato descubrir que menciona a las mujeres en 23 de sus 161 sesudas páginas. ¿A qué se debe tanto protagonismo femenino?
Después del fiasco de la primera presidente mujer de la historia republicana, que no solo resultó incompetente en el puesto, sino que contribuyó activamente a destruir los derechos de sus congéneres, se presenta un contexto perfecto para resumir las recomendaciones de la OCDE en materia de género.
Comencemos por los síntomas que la OCDE ha detectado en las mujeres del Perú: mayor informalidad laboral y menor participación en el mercado que los hombres, baja presencia en los sectores que mejor pagan, menor acceso al crédito formal, muchas horas dedicadas a trabajo no remunerado, muchas Ninis debido al embarazo adolescente y alta tasa de violencia de género y hostigamiento sexual laboral. Un ejemplo: nuestros ingresos son un 19% menores que los de los varones. En la OCDE, esa brecha es de un 11% en promedio.
Para cumplir las metas, necesitamos la participación activa de las mujeres. Uno de los capítulos centrales de la OCDE es la transición hacia una economía verde, para lo que nos recomiendan la inserción de más chicas jóvenes en estudios científicos y técnicos. Otra clave es un aumento de la calidad de la educación y la productividad que rompa el círculo vicioso de la pobreza, para lo que recomiendan más inversión pública en centros de cuidado para la primera infancia.
Salimos de una presidenta que nunca representó a las mujeres, continuamos con un Congreso que nos ha quitado derechos, y entramos a una nueva presidencia en manos de un hombre que, según sus publicaciones en redes sociales, no nos respeta. Pese a ellos, no podemos retroceder en nuestro camino hacia el desarrollo y la participación en los espacios internacionales que nos traerán progreso y calidad de vida a todos y todas.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.