Escucha la noticia

00:0000:00
El país de los presidentes efímeros
Resumen de la noticia por IA
El país de los presidentes efímeros

El país de los presidentes efímeros

Resumen generado por Inteligencia Artificial
La IA puede cometer errores u omisiones. Recomendamos leer la información completa. ¿Encontraste un error? Repórtalo aquí
×
estrella

Accede a esta función exclusiva

En el Perú, un día puedes ir al cine, ver una película por un par de horas y, al salir de la sala, descubrir que tenemos un nuevo presidente. Somos el país de los gobiernos efímeros, donde el carrusel de los políticos gira en torno a un sillón que puede cambiar de ocupante al menor descuido.

El cálculo político hace tiempo que dejó de ser un arte sutil tras bambalinas. Hoy es una práctica descarada que se ejerce sin disimulo. En cuestión de horas, Dina Boluarte dejó de ser útil a los intereses de las bancadas que manejan el Congreso. Pasó de ser una aliada funcional a ser un lastre.

A las 11 de la mañana del jueves 9, Fuerza Popular aún descartaba apoyar la moción de vacancia presidencial, optando solo por una interpelación al ministro del Interior. Al poco tiempo, en un viraje inesperado, pasaron de la tibieza a la determinación al percatarse de que otros grupos parlamentarios, potenciales rivales electorales, les habían ganado la delantera. A Dina Boluarte no la derribó su ineptitud ni su frivolidad, sino los apetitos electorales de los grupos que, hasta ese entonces, eran su principal soporte.

José Jerí se suma a la lista de personajes que ascendieron al sillón presidencial, no por el mandato popular, sino por las maniobras y negociaciones en los pasillos parlamentarios. Un gobernante impuesto por las circunstancias y la coyuntura. Ganó cierta notoriedad en la opinión pública no por su labor parlamentaria, sino por su archivada denuncia por violación y por un sospechoso incremento patrimonial. Hoy todos hablan de él, pero no por sus primeras medidas al frente del Ejecutivo, sino por sus polémicas publicaciones en las redes sociales. Las reacciones oscilan entre la burla y la preocupación.

La institución presidencial ha sido erosionada por figuras que no estaban a la altura del cargo. El resultado es una peligrosa apatía ciudadana que puede mutar en algo peor. Una forma de ganar el respeto que no se tiene es convocando a personalidades que sí lo poseen. Gente proba y profesional que garantice unas elecciones limpias y confiables. Y con ello, unos cuantos meses de esa esquiva estabilidad que tanto necesitamos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Héctor Villalobos es editor de Política y Opinión

Contenido Sugerido

Contenido GEC