Durante las últimas semanas, los jóvenes han tenido un papel relevante en diversas manifestaciones, lo que sugiere que también podrían tener una incidencia importante en las próximas elecciones. No se trata de un fenómeno aislado. A escala global, la llamada generación Z ha salido a las calles en distintos países para expresar su descontento con las autoridades y exigir cambios. En Nepal, las protestas masivas encabezadas por jóvenes forzaron la dimisión del primer ministro Khadga Prasad Oli; en Indonesia, las movilizaciones contra la corrupción y el desempleo juvenil marcaron la agenda política; en México, las manifestaciones contra la violencia y la impunidad tuvieron un fuerte protagonismo juvenil. En otras regiones, como Europa y Medio Oriente, los movimientos climáticos y sociales liderados por esta generación demuestran que los menores de 30 años no son indiferentes a la política, solo reaccionan ante ella de un modo distinto.
Estas experiencias pueden servir de inspiración para los jóvenes del Perú, que comienzan a asumir un rol más activo en la vida pública y en las urnas. Según la encuesta de Datum-El Comercio aplicada a nuevos votantes, el 38% manifiesta interés en la política, aunque solo el 6% reconoce haber participado en una manifestación convocada en redes sociales. Puede parecer una cifra modesta, pero representa a más de 50.000 jóvenes que ya han tomado acción, un número significativo en un país donde el desencanto y la desconfianza hacia la política siguen siendo altos.
De acuerdo con el padrón electoral publicado por el Reniec, uno de cada cuatro votantes pertenece al grupo de 18 a 29 años. Este bloque demográfico tiene el potencial de inclinar la balanza electoral, siempre que logre organizarse y articular sus demandas colectivas. Su influencia dependerá también de si aparece un candidato capaz de conectar con sus valores y preocupaciones. Los temas que más movilizan a los jóvenes, como la corrupción, la educación o la igualdad de oportunidades, exigen una narrativa política distinta.
Sin embargo, el ímpetu juvenil no basta por sí solo. Ese entusiasmo se enfrenta a un proceso electoral especialmente complejo, al que se suma la inexperiencia en las urnas, pues alrededor de un tercio de estos jóvenes votará por primera vez en el 2026. Además, la gran cantidad de partidos inscritos, la elección del Senado y la simultaneidad de cinco elecciones hacen que el acto de votar sea más complicado que nunca. Esta complejidad podría derivar en altos porcentajes de voto blanco o nulo si no se desarrollan campañas efectivas de educación cívica. Entender cómo votar es tan importante como decidir por quién hacerlo.
A esto se suma la forma en que los jóvenes se informan. La encuesta de Datum-El Comercio muestra que, aunque todavía consumen medios tradicionales, las redes sociales son su principal fuente de información y debate, aunque no necesariamente en la que más confían. Instagram, TikTok y X (antes Twitter) no solo son espacios de entretenimiento, sino plataformas de formación de opinión. Muchos recurren luego a los medios tradicionales para verificar la veracidad de lo que leen o ven en redes.
El reto para los partidos será conectar con el lenguaje de esta generación de manera natural, sin imposturas. Los jóvenes valoran la autenticidad y rechazan los discursos vacíos o los intentos forzados disfrazados de cercanía. En la medida en que los candidatos comprendan esto y aborden los temas que forman parte de su realidad cotidiana, el voto joven puede convertirse en un actor decisivo.
En el 2026, casi siete millones de peruanos jóvenes acudirán a las urnas. Su peso electoral no solo radica en el número, sino en la energía, la creatividad y la capacidad de cuestionar el statu quo. Su participación puede marcar la diferencia, pero si la desinformación, la complejidad del sistema o el desencanto los desalientan, veremos qué es lo que prima; eso, inevitablemente, se manifestará en las urnas.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.