
Cuando empecé a estudiar Radioterapia, escuché una frase que no he podido olvidar: “La radiación no es selectiva”. Esto significa que la radiación destruye células tumorales, pero también afecta órganos sanos; aunque salva vidas, deja un daño. Por este motivo, en radioterapia, cada decisión importa.
En Argentina, la creación en el 2023 del primer Centro de Protonterapia de Latinoamérica, que tratará a pacientes a fines del 2025, marcará un hito regional al ofrecer una radiación más precisa que concentra la dosis en el tumor y protege los tejidos sanos.
El Perú debería aspirar a lo mismo, especialmente cuando el cáncer es una de las principales causas de muerte, según el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud.
Como estudiante de Tecnología Médica en Radiología, he comprendido que nuestro rol va más allá de operar equipos. Participamos en la planificación, delimitación y protección de órganos de riesgo. Intervenimos en más de la mitad del proceso radioterapéutico. Por esa razón, debemos ser conscientes de nuestro papel y cumplirlo de la mejor manera. Somos el último filtro, pues, al fin y a cabo, somos los que finalmente irradiamos al paciente.
La radiación no es selectiva, pero nosotros sí podemos serlo. Si queremos ayudar a pacientes y soñar con técnicas como la protonterapia, debemos formarnos con conciencia y pasión; solo así los avances tecnológicos serán esperanza real para quienes más lo necesitan.

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