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Sueños de verano, por Enrique Bernales

“Pedro Pablo Kuczynski soñó que podía ser presidente a pesar de carecer de partido político y de tener antecedentes que no le favorecían”.

Enrique Bernales Constitucionalista

Sueños

“Aislado y abrumado, Kuczynski no tuvo otra salida que renunciar a la presidencia. Su sueño había terminado aunque, en realidad, nunca llegó a realizarlo”. (Ilustración: Giovanni Tazza).

Ilustración: Giovanni Tazza.

En las siguientes líneas vamos a ocuparnos de los que sueñan despiertos. Es habitual que los que gustan soñar despiertos sean quienes tienen vocación para la política. Estas personas sueñan con el poder, la banda, las marchas. En general, sueñan con todo lo que hincha la soberbia del soñador, aunque los temas esenciales de la política, como el servicio a los demás, queden relegados.

En el verano reciente hemos tenido soñadores despiertos que crearon tales alborotos y confusiones desde sus cargos de poder que generaron una de las peores crisis políticas que este país haya conocido. El campeón de los soñadores fue Pedro Pablo Kuczynski. Soñó que podía ser presidente, a pesar de carecer de partido político y de tener antecedentes que no le favorecían (pues los cargos que tuvo en el pasado lo hicieron conocido no pocas veces como lobbista).

Pero Kuczynski aparentemente confiaba en estar predestinado para la presidencia. Para convertir su sueño en realidad, habría construido una personalidad supuestamente agradable, dispuesta al baile grotesco, a las frases enredadas o al chiste fácil. Quizá estaría seguro de que con ello podría ocultar que su interés no era el buen gobierno sino satisfacer sus vanidades de ensoñación.

Como Kuczynski no tenía los votos suficientes, apuntó al antifujimorismo de las organizaciones izquierdistas participantes en las elecciones para conseguirlos. “Antes Kuczynski que Keiko”, fue su premisa. Así pudo convertir su sueño en realidad: ser presidente del Perú.

Decimos ‘aparentemente’ porque las posibilidades de cumplir su sueño en realidad eran prácticamente nulas. En las elecciones del 2016, el fujimorismo obtuvo mayoría absoluta en el Congreso con 73 representantes y no estaba dispuesto a perdonarle que en la última semana dejase a Keiko Fujimori con los crespos hechos. Además, la izquierda se declaró opositora a su gobierno.

Carente de partido y de fuerza política en el Parlamento, Kuczynski, al que la vanidad le impedía darse cuenta de que era un presidente a medias, se negó a negociar y llegar a acuerdos multipartidarios viables. Así, su sueño de presidente se hacía añicos.

En realidad, Kuczynski nunca llegó a gobernar el país. Su popularidad cayó muy rápidamente sin que sus chistes y bailecitos pudieran salvarlo. Fue así como en diciembre del 2017 se llegó a una situación objetiva de ingobernabilidad que se hizo visible al descubrirse las asesorías y empresas que asociaban al ex presidente con Odebrecht en un período en el que ostentó diversos cargos públicos.

Llegó así el escenario de la primera vacancia en la que Kuczynski habría apelado al ofrecimiento del indulto a Alberto Fujimori. Con ello asociaría su destino a Kenji Fujimori, un joven inexperto que, poco dotado para la política, no advirtió que Kuczynski le estaría dando el abrazo del oso.

Los votos que Kenji consiguió lograron salvar a Kuczynski de la vacancia en diciembre, pero no de una caída que cada día resultaba más inevitable. Las evidencias de un Kuczynski incapaz de distinguir interés público de interés privado, o los documentos que aparecían para mostrar su estrecha relación con Odebrecht, fueron generando las condiciones para una segunda moción de vacancia en marzo.

Una vez más, Kuczynski habría utilizado a Kenji para seguir desmantelando a Fuerza Popular en el Congreso. Pero esta vez existieron videos que sugieren cambios de votos por obras. Entonces, fue innecesario que se vote la segunda moción de vacancia. Aislado y abrumado, Kuczynski no tuvo otra salida que renunciar a la presidencia. Su sueño había terminado aunque, en realidad, nunca llegó a realizarlo.

Otro soñador de verano fue Kenji Fujimori. Ganado por la obsesión de liberar a su padre, no dudó en involucrarse en los juegos peligrosos de Kuczynski sin advertir que, al ligar su futuro al de este, difícilmente podría sobrevivirle, cosa que al parecer ha sucedido.

También es un sueño lo que está sucediendo en Fuerza Popular. En ese partido Keiko Fujimori no ha ejercido sabiamente el liderazgo y tiene como talón de Aquiles la dificultad para seleccionar con buen criterio sus listas al Parlamento y convocar a gente con capacidad para ejercer la representación política, salvo por un pequeño puñado de personas.

¿Hay más? Claro que sí, ahí están aquellos representantes del ppkausismo que siguen llorando por la ausencia de Kuczynski y se resisten a darle su apoyo total al presidente Martín Vizcarra, legítimo mandatario de una perfecta sucesión constitucional. Y no faltan en este cortejo humalistas conversos, los oportunistas y alguno que otro periodista equivocado. A estos soñadores habría que recomendarles la lectura de “La vida es sueño” de Calderón de la Barca, que pone en palabras de Segismundo el triste final de los soñadores del poder. Y es que, finalmente, “los sueños, sueños son”.

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