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Visión de futuro
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El panorama urbanístico de Lima es preocupante. No solo se han agravado aspectos críticos como la inseguridad, la pobreza y la informalidad urbana, sino que la Municipalidad Metropolitana ha decidido invertir miles de millones de soles en un conjunto de obras viales que no han sido consideradas ni priorizadas en el Plan de Desarrollo Metropolitano. Estas, además, entran en conflicto con proyectos estratégicos de transporte público, y carecen de expedientes técnicos que aseguren su pertinencia, seguridad e integralidad.
Pero la historia no siempre ha sido así. Hemos tenido políticos que, gracias a su liderazgo y visión, promovieron ambiciosos proyectos que impulsaron la modernización y desarrollo de la ciudad capital. Entre ellos destaca el arquitecto Fernando Belaunde Terry, diputado y dos veces presidente de la República, nacido hace 113 años, un día como ayer.
La Lima de 1945 era apenas una fracción de la actual. El Centro Histórico seguía siendo el corazón de la ciudad, y gracias a las obras impulsadas durante el gobierno de Leguía se había iniciado la urbanización de las haciendas colindantes. En ese contexto, el joven diputado Belaunde promovió las leyes que fueron la base de sus principales políticas.
La ley de Propiedad Horizontal (1946) permitió la subdivisión de edificios en departamentos, y junto a la ley de creación de la Corporación de la Vivienda fueron los pilares de la política habitacional que Belaunde impulsó en sus dos gobiernos. Al frente de la Corporación designó a Santiago Agurto, quien dirigió a un conjunto de profesionales brillantes que dejaron como legado los proyectos de vivienda social más importantes del país. Estos son las decenas de unidades vecinales y conjuntos residenciales distribuidos en las principales ciudades del país, así como ambiciosos proyectos experimentales como PREVI. Todos estos todavía destacan por la calidad de las edificaciones y la generosidad de los espacios públicos.
Sin embargo, Belaunde entendió que la vivienda por sí sola no garantizaba una vida digna. Por ello creó la Oficina Nacional de Planeamiento y Urbanismo y el Instituto de Planeamiento de Lima, desde donde se impulsaron los planes urbanos de la capital. El Plan Piloto de 1949 organizó el crecimiento inmediato y definió la gran zona industrial de Lima y Callao. El Plan de Desarrollo Metropolitano de 1967 proyectó el crecimiento hacia el norte, este y sur, para lo cual planteó un sistema vial integrado y reservó suelo para los futuros parques zonales.
Gracias a esos planes, y al liderazgo del alcalde Luis Bedoya Reyes, se ejecutaron durante su primer gobierno obras viales como la Vía de Evitamiento, y las vías expresas Paseo de la República y Costa Verde. El transporte público también era una prioridad para ambos líderes, por ello se creó la Administradora Paramunicipal de Transporte de Lima, y se proyectó en la Vía Expresa el primer corredor exclusivo de buses de Sudamérica. Asimismo, se inauguró el aeropuerto internacional Jorge Chávez, consolidando a Lima como una de las ciudades más modernas del continente hacia fines de los sesenta.
La visión de Belaunde trascendía la vivienda, la planificación y las vías. El conjunto de sus acciones nos permite pensar que lo que estaba detrás era el proyecto de una sociedad moderna, que debía desarrollarse en ciudades planificadas, seguras, saludables, bien conectadas y adecuadas para el desarrollo de una vida digna. Solo así se explica la coherencia y alcance de sus acciones.
Hoy, ante un panorama tan distinto, corresponde preguntarnos quiénes de los que buscan nuestro voto en las próximas elecciones tienen la visión, la capacidad técnica y la vocación de servicio que caracterizaron a los grandes líderes que forjaron nuestra patria. Elegir con responsabilidad significa apostar por los que entienden que el desarrollo sostenible no se basa en improvisaciones, populismos e intereses particulares; se cimienta en proyectos integrales, planificados y con visión de largo plazo, que garanticen el bienestar y el mejor futuro de las próximas generaciones. Ese es el nivel de liderazgo que debemos exigir.
En memoria de Enrique Ciriani Suito, gran arquitecto y maestro de generaciones. Su legado, tanto en el Perú como en Europa, nos inspira y exige la excelencia en el servicio a la sociedad.

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