La presidenta Dina Boluarte pronunció ayer su último mensaje a la nación por 28 de julio, y quizás la mayor de sus virtudes fue que no tuvo la desmesurada extensión del que nos dispensó el año pasado. De todas maneras, la versión escrita del discurso tenía 97 páginas, en las que, sin embargo, no fue posible identificar ni un asomo de autocrítica. Tratándose de una especie de balance final de su paso por el poder, al tiempo de enumerar los logros de su administración, lo razonable habría sido reconocer la abundancia de carencias y errores que la han caracterizado.

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