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¿Qué pasa en el sector eléctrico?, por Iván Alonso

"En lugar de discutir sobre la declaración del precio del gas, deberíamos desregular el mercado spot. Que cada central diga simplemente a cuánto está dispuesta a vender su energía".

Iván Alonso Economista

Gas

"Forzar a las centrales térmicas a declarar precios del gas mayores que sus respectivos costos de oportunidad implica desplazarlas en el orden de despacho". (Foto: El Comercio)

Menos luz que calor está produciendo el debate sobre el precio del gas natural que las centrales térmicas deben declarar al Comité de Operación Económica del Sistema (COES). Un grupo de empresas, principalmente hidroeléctricas, quiere obligarlas a declarar el precio “real”. Las termoeléctricas mayormente preferirían que se les permita declarar el precio que estimen conveniente, inclusive cero. Este economista piensa que ni siquiera deberían tener que declararlo.

¿Cuál es la relevancia de los precios declarados? El precio del gas que declara una central sirve para que el COES calcule su costo de operación y le asigne un lugar en el orden de despacho. Éste determina cuántas horas al año opera cada una y, por lo tanto, cuántos ingresos recibe.

La ley de concesiones eléctricas de 1992 creó un mercado mayorista, el mercado “spot”, en el que las generadoras compran y venden energía entre sí. Usted contrata el suministro para su oficina con la compañía X; pero cuando prende su computadora en la mañana, la energía que utiliza puede estarla generando Y o Z. Quiere decir que X le compra la energía a una de ellas para vendérsela a usted. La idea –muy encomiable, por cierto– es que en cada momento operen solamente las centrales que puedan generar la energía necesaria al menor costo total que sea posible. En horas del día en que se consume muy poca energía, operan solamente aquellas que pueden generarla al mínimo costo, usualmente hidroeléctricas; cuando se necesita un poco más, entran a operar otras con costos ligeramente más altos; y así sucesivamente.

Entonces, cuanto más bajo sea el precio del gas declarado por una central, menor será el costo de operación calculado por el COES y mayor el tiempo que estará en operación. No interesa si el precio declarado es o no es real. Lo importante es que está obligada a operar cuando el COES se lo ordena. Ninguna central tiene, pues, un incentivo para declarar un precio que lleve al COES a subestimar o sobreestimar sus costos. Si declara uno muy bajo, tendrá que despachar en ciertos momentos en los que el mercado spot paga por debajo de su verdadero costo de operación. Si declara uno muy alto, se verá privada de despachar en otros momentos, en los que el mercado paga por encima.

Pero ¿cuál es el verdadero costo de operación? No es el que calcula el COES, sino el que la propia empresa estima, según lo que digan sus contratos. Si tiene que pagar por el gas, lo use o no lo use, como es normal en contratos tipo “take or pay”, el costo para la central es cero. No le cuesta más quemar una molécula que no quemarla. Salvo que pueda diferir la entrega, en cuyo caso el costo de quemarla hoy depende de lo que esperaría ganar quemándola en el futuro. Eso es lo que se llama costo de oportunidad.

Forzar a las centrales térmicas a declarar precios del gas mayores que sus respectivos costos de oportunidad implica desplazarlas en el orden de despacho, cediendo el lugar a otras centrales de mayor costo. Tarde o temprano, la diferencia se traslada al usuario.

En lugar de discutir sobre la declaración del precio del gas, deberíamos desregular el mercado spot. Que cada central diga simplemente a cuánto está dispuesta a vender su energía. Que cambie su decisión tantas veces como quiera. Cada una sabrá cuándo le conviene despachar y cuándo no. La competencia hará el resto.

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