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La regresión chavista, por Virginia López Glass

“Tal vez Venezuela esté, por fin, al final de un ciclo político que empobreció lo que una vez fue la nación más rica de la región”.

Venezuela

“La oposición ahora cuenta con el apoyo de Estados Unidos y otros países de la región”. (Foto: El Comercio)

El 23 de enero, Juan Guaidó, ante miles de venezolanos desilusionados, juró como presidente interino de Venezuela.

Su promesa de liderar un gobierno de transición hasta que el país celebre elecciones libres ha revivido la esperanza. Tal vez Venezuela esté, por fin, al final de un ciclo político que empobreció lo que una vez fue la nación más rica de la región.

Minutos después de jurar, Guaidó, prácticamente desconocido hasta hace dos semanas, fue reconocido formalmente como el líder de Venezuela por Estados Unidos, Canadá, Paraguay, Brasil, Colombia y otros siete países.

En una avenida cercana, una marcha rival de simpatizantes del gobierno apenas llenó un bloque. La revolución chavista ha dado un giro completo, deshecha por las mismas cosas que la originaron: la injusticia social, la desigualdad y una élite política corrupta.

Los gobiernos de Hugo Chávez y Maduro perdieron la oportunidad de reconstruir esta nación rica en recursos. Derrocharon la riqueza petrolera dejando la economía en ruinas. Demostraron ser más violentos y brutales que las personas a las que alguna vez habían acusado de represión. Maduro y sus amigos se convirtieron en lo que habían prometido cambiar.

Sin embargo, es demasiado pronto para decir si Guaidó durará más de unos pocos días como líder interino. Una protesta de un mes en el 2014 terminó con más de 40 personas de ambos bandos muertas, y resultó en el encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López. En el 2017, después de que el Tribunal Supremo despojara arbitrariamente a la Asamblea Nacional (AN) de su derecho a legislar, las protestas callejeras sacudieron a la nación una vez más. Más de 120 personas murieron, miles resultaron heridos y varios cientos fueron encarcelados. Después de tres meses, la oposición fue disuelta y desmoralizada. El gobierno de Maduro, con el firme apoyo de los militares, había asegurado su control.

Esta vez podría resultar diferente. La oposición ahora cuenta con el apoyo de Estados Unidos y otros países de la región.

Después de ser elegido por Chávez para ser su sucesor, antes de su muerte, Maduro ganó por poco una elección rápida. Dos años después, la oposición ganó una mayoría en la AN. En lugar de prestar atención al creciente descontento social y trabajar con la nueva AN para aprobar políticas económicas correctivas, Maduro se movió para disolver el cuerpo legislativo, creando la Asamblea Nacional Constituyente en el 2017, una legislatura llena de gente leal a él.

Los venezolanos han estado desilusionados y enojados con el gobierno de Maduro durante casi todo el tiempo que estuvo en el poder y la situación se ha vuelto desesperada. Cualquier apoyo que Maduro haya disfrutado se está erosionando, ya que los venezolanos son cada vez más incapaces de alimentar a sus familias. La escasez de alimentos y medicamentos está muy extendida. Cientos han muerto de desnutrición y enfermedades que son fácilmente curables con el tratamiento adecuado. Los cortes de energía duran días, el agua escasea y la infraestructura en descomposición recuerda a una guerra.

En una protesta el 22 de enero, el signo más revelador de la tragedia que se apoderó del país fueron los cientos de bolívares esparcidos por el pavimento. Algunas personas se rieron, otras los pisotearon, pero nadie se molestó en recogerlos. El FMI estima que la hiperinflación alcanzará más del 10 millones por ciento este año.

Esta dolorosa realidad afecta a todos los venezolanos, pero particularmente a los pobres. Muchos han optado por abandonar el país. Según las Naciones Unidas, 3 millones de personas ya han abandonado el país, y la cifra podría llegar a los 5 millones este año.

El 10 de enero, Maduro juró su segundo mandato en el cargo. A lo largo de la ceremonia se refirió a sí mismo como el presidente constitucional, pero las elecciones que afirma haber ganado en mayo fueron consideradas una farsa –fue supervisada por un organismo leal a Maduro y varios líderes de la oposición fueron excluidos–. Esto también es diferente del pasado. Chávez era un gerente pésimo, pero tenía carisma y ganó las elecciones de manera más o menos democrática.

Es imposible saber cuánto tiempo durará Guaidó como presidente interino, pero incluso si el gobierno de Maduro se mantiene, es difícil imaginar que logrará recuperar la economía, la legitimidad y lo más crítico para la revolución chavista: el apoyo popular.

© The New York Times
–Glosado y editado–

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