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Nobel de Economía y goles, por Rolando Arellano

“La economía se alejó también del fútbol y de ayudar a entender por qué un empate de Perú hace vender más autos”.

Rolando Arellano C. Presidente de Arellano Marketing y profesor de Centrum Católica

Fútbol y economía

(Foto: EFE)

"La ciencia económica aportará aun más al desarrollo de las sociedades, y así algún día nos explicará cuál es la relación, que sin duda existe, entre un gol de la ‘Foquita’ Farfán y la inversión minera. (Foto: EFE)

Si Adam Smith, uno de los padres de las ciencias económicas, hubiera vivido en el Perú de hoy, probablemente habría predicho que con el optimismo gracias al fútbol, los peruanos confiarían más en su futuro e invertirían en nuevos negocios y en compras de mayor plazo como viviendas o automóviles, generando un círculo virtuoso de crecimiento. El otorgamiento del Premio Nobel de Economía 2017 al economista Richard Thaler muestra que la apertura de los padres fundadores, que se nutría de la filosofía y de la comprensión del comportamiento humano real, está regresando a esa ciencia. Veamos.

En efecto, la historia muestra que, a pesar de la visión amplia de sus fundadores, en el siglo XX la rama más influyente de la economía buscó que su ciencia se pareciera más a la física que a la sociología. Afirmó entonces que el comportamiento humano era racional y que toda desviación a la lógica pura, como que miles de personas gasten en una entrada al estadio su sueldo del mes, era una excepción. 

En ese camino, muchos economistas se limitaron al uso de datos recogidos del mundo real por otras disciplinas y a la visión de la sociedad desde arriba, aplicándola solo a gobiernos o grandes empresas y a proyecciones difíciles de ser corroboradas. De hecho, creyendo que se volvía más científica si expresaba todo con fórmulas y símbolos raros, esa parte de la ciencia adquirió un aura de misterio y esoterismo indispensable para publicar en revistas especializadas, que impresionaba y a la vez desconcertaba a mucha gente. Y así se fue alejando de la vida diaria y de las ciencias administrativas como las finanzas y el mercadeo, donde tenía antes gran peso (aunque felizmente allí siguieron trabajando muchos economistas tremendamente capaces pero con menos exposición). Y al alejarse de la gente, la economía se alejó también del fútbol y de ayudar a entender por qué un empate de Perú hace vender más autos. 

Pero hoy comienza a incorporar abiertamente lo que sus fundadores, Freud y el sentido común decían desde siempre: que las personas (como el deporte rey) no son completamente lógicas. Y si a nosotros, y a muchos economistas con amplitud de espíritu, nos alegró el Nobel de Economía 2002 para el psicólogo Daniel Kahneman, estudioso de la irracionalidad económica, nos alegra aun más (aunque no tanto como la clasificación peruana al Mundial, no exageremos) que el 2017 lo reciba el economista Raymond Thaler por sus trabajos sobre los incentivos en la conducta humana. En ese camino la ciencia económica aportará aun más al desarrollo de las sociedades, y así algún día nos explicará cuál es la relación, que sin duda existe, entre un gol de la ‘Foquita’ Farfán y la inversión minera. Bien.

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