El 16 de abril de 2007 fue un día doloroso para Estados Unidos. Cho Seung-Hui, un desequilibrado joven surcoreano convirtió su centro de estudios en un escenario de terror y muerte. Asesinó a 32 alumnos –entre ellos al peruano Daniel Pérez Cueva- y luego se suicidó, no sin antes dejar, a través de videos publicados en las redes sociales, un oscuro testimonio documental de su personalidad.
 
Hace una década, El Comercio brindó amplia cobertura en su diario impreso y en su espacio digital sobre este luctuoso suceso. Así fue cómo el Decano informó al respecto.
 
“La Universidad Técnica de Virginia, Estados Unidos, fue escenario de la peor masacre desatada en un centro universitario de ese país. Murieron 32 alumnos y 15 resultaron heridos. El atacante se suicidó. Hubo críticas a la policía porque el primer ataque se produjo a las 7:15 a.m., en el que murieron dos alumnos, y el segundo ataque sucedió dos horas después, algo que pudo evitarse con la evacuación a tiempo de los estudiantes”, señala El Comercio.
 
“El incidente tuvo lugar en dos áreas separadas del campus durante la mañana. Las autoridades informaron que hubo tiroteos en dos ocasiones distintas, en edificios ubicados en zonas opuestas”, indica el Decano.

“Primero el suicida disparó en West Ambler Johnston, una residencia estudiantil que aloja a 895 personas. Dos horas más tarde lo hizo en el salón Norris, dedicado a estudios de Ingeniería. Luego de acordonar el lugar e iniciar la evacuación de centenares de estudiantes atrincherados en baños y aulas, la policía ingresó al edificio universitario y localizó al agresor, pero no pudo evitar que se suicidara”, explica la nota.
 
“Los heridos fueron trasladados en ambulancias y patrulleros a diversos hospitales locales. A pesar de la gravedad del incidente, no se pudo recurrir al uso de helicópteros por los fuertes vientos que azotaban la zona. Charles Steger, presidente de la universidad, dijo que la comunidad universitaria estaba conmocionada y horrorizada por lo ocurrido y ofreció sus condolencias a los familiares de las víctimas”, señala la información.
 
“Las autoridades ordenaron la evacuación del recinto, que alberga a unos 26.000 estudiantes, y la cancelación de clases. Además han establecido sesiones de consejería psicológica para los supervivientes, afirmó Steger. Las primeras imágenes que exhibió un canal de televisión grabadas por un estudiante solo muestran vistas generales y sonido de los disparos, pero no dan pistas de los motivos de la matanza”, indica El Comercio.
 
Testimonios
 
Jason Anthony Smith, estudiante de 19 años que vive en la residencia donde comenzó la balacera, dijo que “hay una gran conmoción. No sabemos bien lo que está sucediendo”. Aimee Kanode, un estudiante de Martinsville, dijo que el suceso ocurrió en el cuarto piso de la residencia West Ambler Johnston, un piso encima del suyo. El encargado del edificio le tocó la puerta a eso de las 8 a.m. y pidió a los estudiantes que se quedaran en sus sitios. “Nos encerraron en el edificio. Cuando levantaron el encierro hubo más disparos”, dijo Kanode.
 
Una de las jóvenes que se encontraba en uno de los salones, Erin Sheehan, afirmó a la cadena televisiva CNN que el atacante medía alrededor de 1,80 m., parecía joven y estaba vestido de una manera extraña. “Pasó dos veces por el salón; finalmente vino más tarde y comenzó a disparar. Parecía muy decidido, atacaba a casi todo el mundo. Yo trataba de hacerme la muerta”, agregó. Según testigos, algunos estudiantes se habrían lanzado por las ventanas para evitar los disparos.


 
Otro peruano, Daniel Aguilera, estudiante de arquitectura, también fue testigo de los hechos. "Yo llegué el lunes a las diez de la mañana. Tenía clases y necesitaba hablar con un compañero. Al bajar de mi auto escuché los disparos en el Norris Hall e inmediatamente me escondí en el primer edificio que encontré. Sin comprender lo que sucedía subí hasta el cuarto piso del inmueble y me escondí con los trabajadores de limpieza. Los estudiantes eran en su mayoría hispanos y afroamericanos. Por una ventana podía ver cómo la policía intentaba ingresar al lugar donde el atacante estaba asesinando. Fue horrible escuchar los gritos de dolor de los estudiantes”.
Antecedentes del asesino
 
En su edición del 19 de abril El Comercio informa sobre el autor de la masacre. El joven asiático, nacido en 1984 en Corea del Sur, era descrito como introvertido y solitario por sus vecinos. Las fotos publicadas por los medios lo muestran como un personaje que le rinde culto a las armas. Se le aprecia blandiendo pistolas y revólveres, con un chaleco antibalas.
 
“Cho Seung-Hui estaba trastornado. Un tribunal de Virginia lo había declarado enfermo mental y un peligro inminente para otros en el 2005. El caso adquirió mayor dramatismo tras conocerse que el atacante envió el lunes –el día de la matanza– un paquete al noticiero de la televisora NBC, el cual contenía un violento mensaje de 1.800 palabras, 43 fotos de él con armas y 27 archivos de video en un DVD en el que pronunciaba una furiosa arenga llena de obscenidades”, dice la nota de El Comercio.

La información señala que durante el video, con una voz dura y enfática, Cho decía: “Ustedes tenían cien millones de millones de oportunidades y medios para evitar lo de hoy. Pero ustedes decidieron derramar mi sangre. Me arrinconaron y me dieron una sola opción. La decisión fue de ustedes. Ahora tienen las manos manchadas de sangre y nunca podrán lavárselas. Han destruido mi corazón, violado mi alma e incinerado mi conciencia. Pensaron que lo que estaban extinguiendo era la vida de un chico patético. Gracias a ustedes, muero como Jesucristo, para inspirar a generaciones de gente débil e indefensa”.

El paquete fue enviado entre el primer y el segundo tiroteo. “El texto es difícil de seguir, perturbador, cargado de furia y de palabras obscenas. En un momento hace una vaga referencia a la masacre y dice: Esto no tendría que haber sucedido”, declaró el presidente de NBC, Steve Capus, a quien fue dirigido el paquete.
 
En una oportunidad la actitud hosca y la mirada perdida de Cho preocuparon tanto a profesores y estudiantes que fue retirado de una clase de inglés, y en repetidas ocasiones se insistió en que debía recibir ayuda psicológica. Incluso, a finales de 2005, el estudiante de origen surcoreano fue llevado al Centro Médico St. Albans, una institución privada en Virginia que se especializa en problemas de conducta, después de que dos compañeras de estudio se quejaron de que les había mandado mensajes amenazadores.
 
También en 2005 el departamento policial recibió una llamada de un familiar de Cho que expresó su temor de que el joven intentara suicidarse.

“Asimismo se divulgaron declaraciones de personas allegadas al estudiante surcoreano. Según la versión de algunos de sus ex compañeros, Cho fue objeto de burla cuando era un alumno del colegio secundario, debido a su timidez y su acento oriental. Situación similar se habría producido en la universidad. La discriminación sufrida junto a su trastorno habría sido el detonante para que el joven Cho protagonizara la peor masacre de Estados Unidos”, indica finalmente El Comercio

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