Descubrir una infidelidad puede hacer que todo parezca urgente. Quieres saber qué pasó, desde cuándo, con quién, por qué ocurrió y, sobre todo, qué hacer ahora. Sin embargo, las primeras 24 horas no son el momento de resolver el futuro de la relación. Y es que antes de perdonar, terminar o confrontar, hay ciertas acciones que pueden ayudarte a atravesar el shock inicial y recuperar algo de claridad.
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Llorar desconsoladamente, sentir una rabia imposible de controlar, quedarse en silencio o incluso experimentar una calma extraña son respuestas que pueden aparecer después de descubrir una infidelidad. Mientras algunas personas necesitan hablar y preguntar en el acto, otras se paralizan o tardan días en asimilar lo ocurrido.
Y es que estas diferencias responden a factores como la personalidad, la historia de apego y los recursos de afrontamiento de cada persona.
“No existe una reacción “normal”. Alguien puede mantenerse sorprendentemente tranquilo durante las primeras horas y romper a llorar recién al día siguiente, cuando el impacto empieza a hacerse consciente”, explicó el psicólogo Iván La Rosa, de la Universidad Científica del Sur a Somos.
Pero lo que sí puede ocurrir, independientemente de cómo se manifieste por fuera, es que el organismo entre en un estado de alerta. Tanith Cubas, directora de la carrera de psicología de la Universidad Autónoma del Perú, señaló que el descubrimiento de una infidelidad puede vivirse como un evento altamente estresante e incluso traumático, ya que el cerebro interpreta la situación como una amenaza a un vínculo afectivo fundamental y activa los sistemas de supervivencia.
Fisiológicamente, eso significa que en ese instante aumentan hormonas como el cortisol y la adrenalina, se acelera la frecuencia cardiaca y la capacidad para pensar con claridad disminuye temporalmente. De ahí que algunas personas sientan que el tiempo se detuvo, tengan dificultades para concentrarse e incluso no terminen de entender lo que acaba de suceder.
La necesidad de actuar suele ser inmediata: terminar la relación, exigir explicaciones, echar a la pareja de la casa o decidir perdonar. Pese a este impulso, las primeras 24 horas no ofrecen las mejores condiciones para definir el futuro.
“Cuando la activación emocional es muy elevada, disminuye temporalmente la capacidad para organizar la información, considerar alternativas y anticipar las consecuencias de lo que hacemos. Por eso, posponer una decisión no significa minimizar la infidelidad, sino darse mejores condiciones para decidir sin que el impacto del momento marque completamente el rumbo” ¸ sostuvo Stefanny de la Cruz Soto, psicóloga clínica de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).
Entonces, ¿qué hacer durante esas primeras 24 horas?
Aunque no existe un orden rígido, sí hay algunas prioridades que conviene considerar:
Si bien resulta comprensible la necesidad de obtener respuestas tras una infidelidad, no siempre es oportuno exigirlas de inmediato. De la Cruz advirtió que confrontar no es lo mismo que conversar. Cuando la emoción está demasiado elevada, pueden aparecer preguntas superpuestas, respuestas defensivas, acusaciones, contradicciones o frases hirientes que terminen aumentando el conflicto.
Por eso, antes de hablar, podría ayudar preguntarse:
Si la respuesta a alguna es “no”, esperar puede ser una forma de autocuidado. Estar preparado para conversar no significa dejar de sentir rabia o decepción; significa poder hacer las preguntas correctas, tolerar las pausas y entender que escuchar las respuestas de la otra persona no implica dar por válida su versión ni llegar a un acuerdo en ese momento.
Y esta misma regla aplica a la decisión de fondo: perdonar o terminar. La doctora Chivonna Childs, psicóloga de Cleveland Clinic, enfatizó que el impacto inicial genera una desorientación que nubla el juicio. Por ello, la prioridad absoluta es recuperar el equilibrio, ya que más adelante habrá espacio para evaluar qué ocurrió, si existe una intención real de reparar la confianza y si la relación puede volver a ser un espacio seguro.
Tras el shock inicial, la urgencia de calma puede transformarse en una búsqueda desesperada de datos. Sin embargo, no todo lo que reduce la incertidumbre ayuda a procesar el dolor.
Por eso, elegir a quién contarle lo sucedido es clave. La psicóloga Aída Arakaki, de Clínica Internacional, recomendó acudir a personas que sepan escuchar sin juzgar ni presionar para tomar una decisión. Porque un buen apoyo no necesariamente es quien ofrece la respuesta más rápida o dice qué haría en tu lugar, sino quien acompaña y permite pensar con mayor claridad.
Asimismo, conviene evitar publicar el conflicto en redes sociales. Aunque puede dar un desahogo momentáneo, expone la intimidad en el punto más alto de vulnerabilidad y suele generar arrepentimiento posterior.
Algo parecido ocurre con el teléfono. Después de descubrir una infidelidad, revisar una y otra vez mensajes, fotografías, redes sociales o conversaciones antiguas puede parecer una manera de encontrar la explicación que falta. Sin embargo, como advirtió Iván La Rosa, aparece un círculo difícil de romper.
“Se vuelve a revisar buscando una respuesta que calme la ansiedad, pero cada nueva búsqueda puede generar más preguntas. Pasar horas leyendo las mismas conversaciones, por ejemplo, difícilmente cambia lo ocurrido y sí puede mantener activa la angustia”.
El impulso de contactar a la tercera persona también puede tener una lógica similar. Y es que detrás de esa necesidad suele estar el deseo de encontrar respuestas, recuperar el control o descargar la frustración. No obstante, esa conversación rara vez ofrece el cierre esperado y puede terminar aumentando el conflicto, la confusión o el sufrimiento.
Tampoco es necesario conocer cada detalle de la infidelidad. “Es importante distinguir entre la información que ayuda a tomar decisiones y aquella que solo alimenta el dolor. Saber lo necesario para evaluar la relación puede ser importante; en cambio, detalles íntimos, comparaciones o reconstrucciones minuciosas pueden generar imágenes intrusivas y prolongar el malestar sin aportar una solución”, destacó Tanith Cubas.
Y esa necesidad de encontrar una explicación también puede volverse contra uno mismo. Después de este tipo de traición, es frecuente preguntarse “¿qué hice mal?”, “¿qué me faltó?” o pensar que, si se hubiera actuado de otra manera, lo ocurrido podría haberse evitado.
Sin embargo, como aclaró Arakaki, una cosa es reconocer que toda relación puede tener problemas y otra muy distinta es asumir la responsabilidad por una infidelidad. La decisión de ser infiel pertenece a quien la tomó, por lo que asumir la culpa por el acto de otro solo incrementa el sufrimiento.
Dicho ello, durante las primeras 24 horas, no todo impulso necesita convertirse en una acción. A veces conviene evitar ciertas situaciones, como:
Al final, estas conductas lo único que generan es aumentar el daño y dificultar la recuperación.
Las primeras 24 horas no tienen que terminar con un veredicto. Llegará un momento en que la claridad regrese y sea posible preguntarse qué hacer, no desde la urgencia, sino desde una posición más consciente.
No es necesario dejar de sentir dolor para empezar a decidir. Según los especialistas, la señal más bien está en recuperar la capacidad de pensar y actuar sin que la rabia, el miedo o la desesperación sean los únicos que marquen el rumbo.
Aunque esa transición suele ser gradual, existen indicadores claros de que estás recuperando el control:
Sin embargo, es importante recordar que permitirse sentir también forma parte del proceso. Si necesitas llorar o tomar distancia antes de hablar, hazlo.
“Lo que estás sintiendo hoy puede ser una de las experiencias emocionales más dolorosas de tu vida, pero eso no significa que vayas a sentirte así para siempre”, nos recuerda Tanith Cubas.
No tienes que decidir hoy el futuro de tu historia en pareja. Primero necesitas volver a estar en condiciones de decidir por ti.
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