


Quieres agrandar la familia y estás pensando en adoptar una mascota. Quizá nunca has convivido con un perro o un gato, o tal vez solo has tenido experiencia con una de estas especies. Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿cuál se adaptará mejor a mi vida?
Quieres agrandar la familia y estás pensando en adoptar una mascota. Quizá nunca has convivido con un perro o un gato, o tal vez solo has tenido experiencia con una de estas especies. Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿cuál se adaptará mejor a mi vida?
MIRA: ¿Por qué el puntero láser podría frustrar a tu gato? Lo que debes saber antes de usarlo
Mientras buscas respuestas, aparecen todo tipo de opiniones. Hay quienes aseguran que eres “más de perros” o “más de gatos”, que los perros son siempre más cariñosos o que los gatos son demasiado independientes. Pero, ¿qué tan ciertas son esas ideas? ¿Realmente existe una mascota ideal para cada personalidad?
La realidad es que estos estereotipos pueden nublar muchas veces una decisión que marcará la vida tanto de la persona como del animal. Por eso, consultamos con especialistas en psicología y comportamiento animal para descubrir qué factores conviene evaluar antes de adoptar, ya que la respuesta no está únicamente en tu personalidad.
¿De verdad existen las “personas de perros y gatos”?
Hay quienes aseguran que las personas extrovertidas siempre prefieren a los perros, mientras que quienes disfrutan más de la tranquilidad o la independencia inevitablemente terminarán adoptando un gato. Incluso las redes sociales han convertido esta diferencia en una especie de “test de personalidad”. Pero, ¿qué tan cierta es realmente esta clasificación?
El psicólogo Álvaro Álvarez, de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) explicó que algunas investigaciones sí han encontrado diferencias promedio entre quienes se identifican más con una especie u otra. Por ejemplo, las personas que prefieren a los perros suelen puntuar más alto en rasgos como la extraversión, la amabilidad y la responsabilidad, mientras que quienes se inclinan por los gatos suelen mostrar mayor apertura a nuevas experiencias.
Sin embargo, estas asociaciones no funcionan como una regla absoluta. “No todos los amantes de los perros son extrovertidos ni todos los amantes de los gatos son personas solitarias o misteriosas. Al final, la preferencia por una mascota depende más de la historia personal, el espacio disponible, el tiempo, el presupuesto y la etapa de vida”, señaló a Somos.
Para Luis Buitrón, médico veterinario especializado en Comportamiento y Bienestar Animal y director general de CogniVet, tampoco existe un perfil único que determine qué persona se adaptará mejor a un perro o a un gato. De hecho, es común encontrar personas que crecieron rodeados de perros y luego construyen un vínculo muy cercano con un gato, así como familias acostumbradas a convivir con felinos que incorporan un perro sin mayores dificultades.
Y es que los animales tampoco encajan en una sola etiqueta. Ideas como que “los perros aman a las personas y los gatos aman las casas” son otro ejemplo de cómo solemos simplificar una realidad mucho más compleja.

Los perros, por su historia evolutiva como especie social, suelen expresar el apego de una manera más evidente: buscan interacción, siguen a sus tutores por la casa, disfrutan del juego y pueden mostrar gran entusiasmo cuando alguien regresa.
Los gatos también desarrollan vínculos afectivos con las personas, pero utilizan otro lenguaje. “Los gatos, al ser una especie territorial, necesitan sentirse seguros dentro de su entorno y suelen demostrar cariño respetando sus propios tiempos. Eso no significa que quieran menos a sus tutores, sino que expresan el afecto de manera diferente”, aclaró el etólogo.
Para Álvarez, parte de estas creencias surgen porque los seres humanos tendemos a atribuir características humanas a los animales, un fenómeno conocido como antropomorfismo. Así, asociamos al perro con la lealtad o la sociabilidad y al gato con el misterio o la independencia, cuando en realidad hablamos de especies con necesidades y formas distintas de relacionarse.
“Una mascota no existe para representar nuestros conflictos internos con pelaje. Existe como un ser vivo con temperamento, historia y necesidades propias”, destacó el psicólogo.
¿Perro o gato? Primero mira tu estilo de vida
Una vez derribados los estereotipos, aparece una pregunta realmente importante: ¿qué tipo de vida puedo ofrecerle a una mascota?
Porque adoptar no solo implica elegir a un animal que nos guste, sino asumir un compromiso a largo plazo. Como recalcó Kris Barreto, subgerente de Operaciones en Superpet, antes de tomar una decisión es necesario hacer un ejercicio de honestidad y evaluar aspectos como el tiempo disponible, la rutina diaria, el espacio del hogar y la capacidad económica para cubrir controles veterinarios y posibles emergencias.
“La elección no debería basarse únicamente en qué especie o raza me gusta más, sino en cuál puede recibir los cuidados físicos y emocionales que necesita durante toda su vida”.
En este sentido, el estilo de vida puede ser incluso más determinante que la personalidad. Una persona puede sentirse identificada con los perros y disfrutar de su energía y compañía, pero si pasa gran parte del día fuera de casa o no dispone del tiempo necesario para paseos e interacción, la convivencia podría convertirse en una fuente de frustración tanto para el tutor como para el animal.
De acuerdo con el psicólogo José Chávez, de Sanitas Consultorios Médicos, esto responde al llamado ajuste persona-ambiente: la compatibilidad entre lo que una persona desea y las condiciones reales que puede ofrecer. Por eso, una mascota no debería elegirse desde una versión idealizada de nuestra vida, sino desde la rutina que realmente tenemos.

Dos especies, dos tipos de compromiso
Al hablar de responsabilidades, también existen diferencias en la forma en que perros y gatos requieren atención.
El doctor Luis Buitrón precisó que, desde el punto de vista económico, ambas especies implican gastos similares: alimentación, vacunas, controles veterinarios, desparasitación, juguetes y cuidados preventivos. Aunque suele pensarse que mantener un can es más costoso, esto depende mucho de las necesidades individuales del animal, ya que un gato que requiere tratamientos especializados también puede representar una inversión importante.
Donde sí existen diferencias más marcadas es en el tiempo y la energía que demanda cada especie. El perro exige una rutina activa de 30 a 45 minutos como mínimo, experiencias fuera de casa y estimulación social. En cambio, un gato no requiere salir a caminar, pero eso no significa que sea una mascota que pueda vivir sin atención.
El felino necesita juegos, estímulos y un ambiente preparado para expresar conductas naturales, como explorar, trepar y cazar. Por esta razón, la idea de que un gato es una mascota “más fácil” puede llevar a expectativas equivocadas.
La mascota ideal también cambia con la etapa de vida
Otro error frecuente es pensar que la mascota que encaja con nosotros será siempre la misma, sin importar cómo cambie nuestra vida.
Como aseguró el psicólogo Álvaro Álvarez, nuestras preferencias pueden modificarse porque también cambian nuestras circunstancias. No es lo mismo adoptar siendo estudiante que hacerlo trabajando a tiempo completo, en pareja, con hijos pequeños o cuidando de un adulto mayor.
Además, la compatibilidad no depende únicamente del tutor. El entorno donde vivirá el animal y las personas —o incluso otras mascotas— con las que compartirá espacio también influyen.
El etólogo mencionó que la llegada de un cachorro muy activo, por ejemplo, puede resultar difícil para un adulto mayor que busca una convivencia tranquila. Del mismo modo, un niño pequeño que todavía no controla sus movimientos podría estresar tanto a un perro de edad avanzada como a un gato poco tolerante al contacto constante.
Aparte de evaluar estos aspectos importantísimos, los especialistas coincidieron en que querer a una mascota no siempre significa estar preparado para asumir esa responsabilidad.
“Existen momentos en lo que quizá convenga esperar. Por ejemplo, si estamos atravesando por un duelo reciente, una separación o una inestabilidad económica severa, al igual que por un periodo de sobrecarga cognitiva o burnout, en el que incluso las tareas cotidianas resultan difíciles de sostener. Aunque una mascota puede convertirse en una fuente enorme de compañía y bienestar, no debería cargar con la responsabilidad de solucionar por sí sola la soledad, la tristeza o una crisis personal”, insistió José Chávez.

No eliges solo una especie: eliges a un animal con su propia personalidad
Incluso después de analizar nuestro estilo de vida, nuestras rutinas y nuestras posibilidades, queda una idea fundamental: no todos los perros ni los gatos son iguales.
Elegir una mascota no es seleccionar una especie con características predeterminadas, sino convivir con un individuo que tendrá su propio temperamento, historia y necesidades.
Para Luis Buitrón, tanto la especie como la etapa de vida del animal —cachorro, adulto o senior— influyen en la dinámica cotidiana. Sin embargo, ningún perro o gato será una buena elección si la familia no cuenta con la paciencia y la disposición necesarias para comprender sus procesos.
Un cachorro, por ejemplo, puede requerir más tiempo, acompañamiento y tolerancia debido a su etapa de aprendizaje, mientras que un animal adulto puede tener una personalidad más definida, pero también experiencias previas que moldean su forma de relacionarse.
En esa misma línea, Cecilia Padilla, médica veterinaria y directora médica de PetyLab, subrayó que conocer el lenguaje natural de cada especie es indispensable. El perro suele encontrar bienestar a través de la interacción social y las experiencias compartidas fuera de casa, mientras que el gato necesita que su entorno respete sus tiempos y estimule su vista y oído dentro del hogar. Comprender estas diferencias evita falsas expectativas: el can no es solo un animal que “quiere salir” ni el felino una mascota que “no necesita atención”.
Esto explica por qué las dinámicas entre tutor y animal pueden ser tan variadas. Un tutor muy expresivo o brusco podría incomodar a un gato si espera que responda como un perro; sin embargo, esto no impide que una persona tranquila disfrute de un perro o alguien activo de un gato. La clave no está en cambiar la personalidad del dueño, sino en adaptar la rutina para satisfacer las necesidades de cada animal como ser individual.
Y es que la verdadera compatibilidad no aparece al encajar en un estereotipo, sino cuando la persona aprende a descifrar el lenguaje y la personalidad del animal que tiene frente a ella.
Preguntas que deberías hacerte antes de adoptar
La mejor elección no depende de encontrar una especie “perfecta”, sino de evaluar si existe compatibilidad entre el animal y la vida que podemos ofrecerle.
Por eso, antes de tomar una decisión, los expertos recomendaron hacerse estas preguntas:
- ¿Tengo tiempo real para dedicarle a una mascota?
- ¿Mi estilo de vida es compatible con sus necesidades?
- ¿Estoy dispuesto a modificar algunos aspectos de mi hogar y mi rutina?
- ¿Puedo asumir los gastos que implica durante toda su vida?
- ¿Tengo la paciencia necesaria para conocer y comprender su comportamiento?
- ¿Estoy eligiendo una mascota real o una idea que construí sobre ella?
- ¿Quiero una mascota porque puedo cuidarla o porque espero que resuelva un momento difícil de mi vida?
- ¿Puedo aceptar la personalidad del animal que llegue a mi vida?
Al final, evaluar una adopción no se trata de determinar si eres una persona de perros o de gatos. Es si estás dispuesto a conocer, cuidar, amar y adaptarte al animal que decidas incorporar a tu familia.
- Caldo de huesos, ¿realmente tiene los beneficios que promete?
- ¿Adiós al desodorante? Lo que dice la ciencia sobre la piedra de alumbre, la alternativa natural que cada vez tiene más adeptos
- El amor y el horóscopo: ¿con qué signos soy realmente compatible?
- Bruxismo, la afección cada vez más frecuente en el Perú causada por el estrés y las señales que no debes ignorar
- ¿Un “like”, un emoji o hablar con un ex? Cuándo una interacción en redes puede convertirse en una infidelidad
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.











