

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Como tutores de gatos, siempre estamos buscando nuevas formas de entretenerlos, estimularlos y, en definitiva, darles una buena vida. Y las redes sociales pueden convertirse en una fuente constante de ideas. Al menos eso me ha pasado últimamente gracias a mi algoritmo, el cual está lleno de gatos jugando con sus tutores y, en muchas escenas, hay un elemento que se repite: el puntero láser.
Como tutores de gatos, siempre estamos buscando nuevas formas de entretenerlos, estimularlos y, en definitiva, darles una buena vida. Y las redes sociales pueden convertirse en una fuente constante de ideas. Al menos eso me ha pasado últimamente gracias a mi algoritmo, el cual está lleno de gatos jugando con sus tutores y, en muchas escenas, hay un elemento que se repite: el puntero láser.
MIRA: ¿Pueden los perros grandes vivir bien en espacios pequeños? Lo que dicen los especialistas en bienestar animal
El gato corre detrás del punto rojo, salta sobre él, cambia de dirección, vuelve a perseguirlo. Y es que para quien lo mira, parece la definición de un gato feliz jugando. Incluso lo he visto a la venta en veterinarias, lo que hace que resulte todavía más fácil asumir que se trata de una herramienta segura y estimulante para nuestros felinos.
Pero hay algo que empecé a preguntarme cada vez que veía estos videos: ¿qué pasa cuando ese cazador nunca consigue atrapar a su presa?
¿Por qué los gatos se vuelven locos con un puntero láser?
Aunque muchos tutores puedan pensar que el color que emiten los punteros láser es el responsable de que los gatos estén “fascinados” con este juego, en realidad tiene mucho más que ver con la manera en que se mueve. Para un gato, ese pequeño punto de luz puede reproducir alguna de las características de aquello que su cerebro está preparado para perseguir.
“Los gatos se sienten atraídos por el puntero láser porque el punto de luz se mueve de forma rápida, errática e impredecible, de manera similar a una presa pequeña que intenta escapar, como aves y roedores”, explicó Kris Barreto, subgerente de Operaciones en Superpet a Somos. Su sistema visual está especialmente adaptado para detectar el movimiento, incluso cuando es muy sutil, por lo que un pequeño temblor de la mano puede captar su atención y activar conductas naturales.
Pero si el láser consigue activar con tanta facilidad ese instinto, ¿qué está intentando completar el gato cuando persigue ese punto de luz?
Para entenderlo, es importante saber que la conducta de caza del gato no empieza cuando corre detrás de una presa ni cuando la alcanza. Según Luis Buitrón, médico veterinario especializado en Comportamiento y Bienestar Animal y director general de CogniVet, todo comienza con la búsqueda, etapa en la que el gato utiliza la vista, el oído y el olfato para detectar una posible presa. Cuando la identifica, concentra su atención en ella y comienza el acecho. Después llega la persecución, una fase que exige tanto esfuerzo físico como concentración.
“Detectar, acechar, perseguir, capturar y finalmente alimentarse: esa es, a grandes rasgos, la secuencia que desarrolla un gato cuando caza”.

Por ello, la captura no es un detalle menor. Cuando el felino se abalanza sobre la presa, la atrapa y la mata, completa una secuencia que resulta autorreforzante y que está asociada a mecanismos neurobiológicos de recompensa. Por eso existe una motivación intrínseca para repetirla.
Y ahí aparece la particularidad del puntero láser. Y es que el estímulo consigue reproducir una parte muy activa de la caza —el movimiento, el acecho y la persecución—, pero hay algo que el gato nunca puede hacer: atraparlo. Es decir, el punto de luz siempre desaparece antes de convertirse en una presa real.
¿Qué pasa cuando un gato persigue una presa que nunca puede atrapar?
El problema aparece precisamente en el momento en que termina el juego. Él ha corrido, perseguido y tratado de atrapar el punto de luz, pero no existe una recompensa al final.
“Lo que ocurre principalmente es frustración porque el proceso de caza queda incompleto”, advirtió Cecilia Padilla, médica veterinaria y directora médica de la Veterinaria PetyLab. Y es que incluso desde el punto de vista sensorial, el animal no puede olfatear, escuchar, ni sentir la presencia de la presa, ya que es solo una luz.
Esto no significa que un gato vaya a frustrarse necesariamente cada vez que juega con el láser, pero cuando la experiencia se repite y el gato persigue una y otra vez algo que nunca puede capturar, puede comenzar a mostrar cambios en su comportamiento.
De acuerdo con la doctora Padilla, una de las posibilidades es que aparezcan conductas compulsivas relacionadas con luces, sombras o reflejos. Así, un gato que comenzó persiguiendo el punto del láser puede continuar buscando otros estímulos similares incluso cuando el juego ya terminó. Una sombra que se mueve en la pared, un reflejo en el suelo o un destello de luz pueden volver a activar el intento de persecución.
También puede aparecer una conducta predatoria redirigida. Buitrón aseguró que un gato que juega frecuentemente con un láser podría desviar sus intentos de captura hacia manos o pies de sus tutores, o incluso hacia otras mascotas del hogar.
Sin embargo, estas respuestas no aparecen necesariamente en todos los gatos. Como señaló la médica veterinaria, existen predisposiciones individuales y no todos los animales responden de la misma manera. El temperamento y las condiciones en la que vive el gato también pueden influir.

“Los gatos indoor (sin acceso al exterior) son los más predispuestos, ya que el juego representa la única actividad que reemplaza a la conducta predatoria. Además, los más jóvenes (de 1 a 2 años) suelen presentar una conducta de juego más intensa y frecuente, por lo que una alteración en la secuencia puede resultar en problemas”, añadió el etólogo.
Entonces, ¿cómo puede saber un tutor que el juego está dejando de ser simplemente eso, un juego?
María Lourdes Velarde, decana de la carrera de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Científica del Sur, nos propone fijarnos, sobre todo, en lo que ocurre cuando el láser desaparece. Si el gato se relaja y continúa normalmente con su rutina, no necesariamente hay motivo de preocupación. En cambio, si permanece excesivamente alerta, sigue buscando luces o reflejos, reacciona de manera exagerada ante cualquier destello o parece incapaz de desconectarse del estímulo, conviene prestar atención.
También pueden aparecer señales más evidentes de estrés, como excitabilidad elevada, movimientos frenéticos, pupilas dilatadas, agitación, aumento de los maullidos, bufidos o irritabilidad. Asimismo, pueden presentarse otras conductas, como el movimiento fuerte y repetitivo de la cola, el mordisqueo excesivo de objetos o superficies y el sobreacicalamiento, conocido como overgrooming.
“En algunos casos, los cambios pueden extenderse a otras áreas de la rutina: orinar fuera del arenero, mostrar una agresividad que antes no existía e incluso aislarse o perder interés por el juego”, sostuvo Cecilia Padilla.
Pero el comportamiento no es el único aspecto que merece atención. También existen riesgos físicos asociados al propio uso del puntero. Kris Barreto resaltó que el principal peligro está relacionado con los ojos: dirigir el haz de luz directamente hacia ellos, especialmente a corta distancia o durante una exposición prolongada, puede dañar la retina y afectar la visión.
Además, la persecución puede llevar al gato a correr hacia paredes, muebles, escaleras o superficies resbalosas, aumentando el riesgo de golpes, caídas u otras lesiones.
Mi gato ya busca luces y reflejos: ¿qué puedo hacer?
Si un gato ya muestra fijación por luces o reflejos, es posible trabajar sobre esa conducta. El primer paso, según el doctor Luis Buitrón, es dejar de utilizar el puntero láser para no seguir reforzándola ni aumentar la frustración. A cambio, sugirió establecer rutinas frecuentes de juego y ofrecer juguetes con distintas texturas, olores y movimientos que permitan al gato desarrollar de forma adecuada su conducta predatoria.

“Durante el juego debemos establecer una secuencia organizada. Primero, motivar la atención y la espera con movimientos lentos y progresivamente rápidos del juguete. Después, permitir que el gato sujete y “mate” a su presa (como un peluche) y, finalmente, dejársela para que la muerda o destruya si es posible. De esta manera, el felino completa la secuencia natural y experimenta sensaciones placenteras que contribuyen a su bienestar emocional”.
Mientras que para el etólogo es preferible evitar el uso del láser —al existir opciones más completas—, Velarde no plantea una prohibición absoluta. Eso sí, si un tutor opta por este juego, la especialista sugirió no apagar la luz abruptamente: lo ideal es guiar el destello hacia un juguete físico que el felino pueda capturar o cerrar la dinámica con un premio, que puede ser su snack favorito.
¿Cómo jugar con tu gato para que pueda perseguir, atrapar y quedar satisfecho?
La alternativa al puntero láser no tiene por qué ser un juguete sofisticado. De hecho, no existe un juguete perfecto para todos los gatos. En este sentido, el doctor Buitrón comparó la elección con visitar un buffet: hay opciones que sabemos que nos gustan, otras que debemos probar y algunas que simplemente no son para nosotros. Con los gatos ocurre algo parecido.
Por eso, recomendó probar diferentes alternativas hasta descubrir qué despierta el interés de cada felino:
- Cañas de pescar con peluches o plumas adheridas en la parte final.
- Peluches con diversas texturas (plumas, patas, pico) y sonidos de presas.
- Pelotas de papel o telas.
- Insectos (cucharas, grillos, moscas) o peluches de peces con baterías.
- Opciones caseras, como las hechas con cartón.
Pero encontrar el juguete adecuado no es suficiente. El tutor también debe formar parte del juego. El etólogo aconsejó ofrecer distintas opciones con frecuencia durante el día y participar activamente, ya que la interacción puede ser clave para motivar al gato. Si hay varios felinos en casa, además, puede ser útil jugar con cada uno por separado, porque algunos inhiben su conducta de juego cuando hay otros gatos presentes.
“Si tenemos un gato en casa, es nuestra obligación jugar con él, porque de esta manera estamos satisfaciendo su necesidad de cazar, la cual se ve interrumpida al vivir en un espacio cerrado. En este contexto, se recomienda ofrecerle al menos 30-45 minutos de juego diario (divididos en 10-15 minutos en la mañana, 15 minutos al llegar a casa y otros 15 minutos antes de dormir) y siempre terminar con un pequeño snack, reproduciendo así las distintas etapas de la conducta predatoria”.
Al final, jugar con un gato no consiste simplemente en conseguir que corra detrás de algo. Se trata de darle la oportunidad de perseguir, atrapar y completar una experiencia que para él tiene un significado natural.
- ¿Por qué te quedas despierto hasta tarde, aunque sabes que lo lamentarás mañana? La ciencia detrás de la “venganza del sueño”
- ¿Adiós al desodorante? Lo que dice la ciencia sobre la piedra de alumbre, la alternativa natural que cada vez tiene más adeptos
- Caldo de huesos, ¿realmente tiene los beneficios que promete?
- ¿El secreto de un amor duradero? Por qué cada vez más parejas eligen vivir en casas separadas
- ¿El caldo de algas es realmente tan saludable como dicen en redes? Sus beneficios, riesgos y lo que debes saber antes de consumirlo
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.












