

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Es medianoche. Llevas horas esperando este momento. Te acuestas, apagas la luz y, casi por reflejo, desbloqueas el celular. “Solo voy a ver un video más”, te dices. Pero uno se convierte en otro, y luego en otro más. Cuando miras el reloj, ya ha pasado una hora. Una hora que estuviste scrolleando casi sin darte cuenta, aunque sabes que te costará levantarte, que dormirás poco y que por la mañana te arrepentirás.
Es medianoche. Llevas horas esperando este momento. Te acuestas, apagas la luz y, casi por reflejo, desbloqueas el celular. “Solo voy a ver un video más”, te dices. Pero uno se convierte en otro, y luego en otro más. Cuando miras el reloj, ya ha pasado una hora. Una hora que estuviste scrolleando casi sin darte cuenta, aunque sabes que te costará levantarte, que dormirás poco y que por la mañana te arrepentirás.
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Si la escena te resulta familiar y te preguntas qué te está pasando, la respuesta no siempre es falta de disciplina o pereza. En realidad, se trata de la procrastinación del sueño o revenge bedtime procrastination, un hábito sumamente extendido en la era digital que nos lleva a retrasar voluntariamente el descanso, a pesar de conocer las consecuencias en nuestro bienestar.
A diferencia de quienes trasnochan porque trabajan, estudian o enfrentan una emergencia, aquí no existe una obligación que impida ir a la cama. Lo que ocurre es algo más sutil: después de un día lleno de responsabilidades, muchas personas sienten que la noche es el único momento que realmente les pertenece. Por eso sacrifican horas de descanso para ver una serie, navegar por redes sociales, jugar videojuegos o simplemente disfrutar de un rato de ocio que no encontraron durante el día.
“Más que una venganza literal contra el sueño, este fenómeno es una forma de intentar recuperar y compensar emocionalmente el tiempo personal que el trabajo, las obligaciones o el ritmo acelerado de la rutina parecen haber arrebatado”, explicó la psicóloga Marcela Quispe, de la Universidad Autónoma del Perú a Somos.
Sin embargo, esa pequeña sensación de libertad suele cobrarse una factura importante al día siguiente: más cansancio, menos concentración y un ciclo que puede repetirse noche tras noche.
La verdadera razón por la que no apagas el celular
Si sabes que dormir poco te hará sentir cansado, irritable y con menos energía al día siguiente, ¿por qué tantas noches terminas diciendo “cinco minutos más”? Y es que la respuesta no está en la falta de voluntad, sino en la forma en que funciona tu cerebro cuando llega el final de un día agotador.
Según Patricia Jurado, psicóloga y docente de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, después de horas de trabajo, estudio o responsabilidades, el cerebro también se fatiga. Así como los músculos se cansan tras hacer ejercicio, las funciones mentales encargadas de planificar, tomar decisiones y controlar los impulsos también pierden eficacia con el paso de las horas.

“Al final de día existe una tensión entre dos sistemas del cerebro”, señaló la especialista. Por un lado, la corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la planificación, intenta recordarnos que debemos dormir. Por el otro, los circuitos relacionados con las emociones buscan una gratificación instantánea. Como resultado, se vuelve mucho más difícil tomar una decisión que beneficie al “yo de mañana”, como apagar el celular e ir a la cama.
Lo que realmente estás buscando no es dormir menos:
Si el cerebro está agotado, ¿qué intenta conseguir al quedarse despierto?
No es que las personas no valoren el descanso. Lo que ocurre es que, tras una larga jornada, el cerebro deja de priorizar el bienestar de la mañana siguiente y se enfoca en obtener un estímulo placentero que alivie el desgaste emocional acumulado.
Para el psicólogo José Luis Riojas, de Mapfre quedarse despierto suele ser un intento de recuperar la sensación de autonomía. Cuando el día estuvo dominada por reuniones de trabajo, tareas domésticas, estudios o el cuidado de otras personas, muchas necesidades personales —como el ocio, la privacidad o simplemente decidir libremente qué hacer— quedan relegadas.
Por eso, la noche adquiere un significado especial. “Muchas personas no sienten que estén eligiendo entre dormir o ver un video más”, resumió la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic. “Sienten que están eligiendo entre dormir o tener el único momento del día que realmente les pertenece”.
Esa sensación de recuperar un espacio propio puede ser tan poderosa que, durante unos minutos, pesa más que la necesidad biológica de dormir.
¿Por qué el celular resulta tan difícil de soltar?:
Con el cerebro ya fatigado, el teléfono parece ofrecer exactamente lo que muchas personas necesitan al final del día: unos minutos de entretenimiento, desconexión o simplemente la sensación de tener un momento para ellas mismas.
Cada video, publicación o episodio promete algo nuevo. Además, las plataformas están diseñadas para ofrecer contenido de manera continua, por lo que resulta fácil perder la noción del tiempo y repetirse una y otra vez.
En ese sentido, Frank Villarreal, neurólogo especializado en medicina del sueño de la Clínica Ricardo Palma, mencionó que estas actividades activan el sistema de recompensa del cerebro. Cada estímulo agradable favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con la motivación y el placer. Esa satisfacción inmediata impulsa a seguir buscando nuevos estímulos, ya sea deslizando el dedo en redes sociales, viendo otro capítulo o jugando una partida más.

Pero el problema no termina ahí. Mientras el celular mantiene la atención con estímulos constantes, también interfiere con el proceso biológico que prepara al organismo para dormir.
“La luz emitida por las pantallas inhibe el funcionamiento del eje retinal-hipotalámico, un sistema que ayuda a sincronizar el ciclo natural de vigilia y sueño. Como consecuencia, disminuye la producción de melatonina —la hormona que prepara al organismo para dormir— y también se bloquea la liberación de GABA, un neurotransmisor esencial para iniciar las primeras fases del sueño”, detalló el doctor Villarreal.
En otras palabras, mientras el cerebro intenta relajarse navegando por el celular, la propia pantalla le envía el mensaje contrario: todavía no es hora de dormir.
Sin embargo, sería un error pensar que el problema son únicamente las pantallas. Como destacó Liliana Tuñoque, psicoterapeuta de Clínica Internacional, las redes sociales, los videojuegos o las plataformas de streaming funcionan como una vía rápida para aliviar el estrés o las emociones acumuladas durante el día. Dicho esto, la tecnología no necesariamente es la causa principal del problema, sino la herramienta que muchas personas utilizan para regular como se sienten.
El precio que estás pagando por “cinco minutos más”
Quedarse despierto hasta tarde de forma ocasional no suele tener mayores consecuencias; sin embargo, el problema aparece cuando ese “ratito” se convierte en una rutina.
De acuerdo con la psicóloga Claudia Zapana, de la oficina de Bienestar Estudiantil y Empleabilidad del Instituto Certus, dormir poco durante semanas o meses termina afectando el funcionamiento del cerebro. La falta de descanso disminuye la memoria, la atención y la capacidad para tomar decisiones, además de dificultar la regulación emocional. Asimismo, aumenta la irritabilidad, el estrés y la vulnerabilidad a desarrollar problemas como ansiedad o depresión.
“Dormir no es un tiempo perdido; es un proceso fundamental para que el cerebro se recupere y funcione adecuadamente”.
Y si piensas que basta con dormir hasta tarde el fin de semana para compensarlo, la evidencia indica otra cosa. Patricia Jurado resaltó que ese descanso adicional puede aliviar parte del cansancio, pero no revierte por completo los efectos de haber dormido poco durante varios días. Incluso, cambiar constantemente los horarios entre semana y el fin de semana puede alterar aún más el reloj biológico y hacer más difícil volver a la rutina.

¿En qué momento deja de ser un simple mal hábito?
La verdadera señal de alerta aparece cuando deja de ser algo ocasionar y empieza a afectar la calidad de vida. Para la psicóloga Regina Sáez, de la Universidad Científica del Sur, si dormir pocas horas se vuelve un patrón repetido acompañado de agotamiento constante, dificultades para concentrarse o la sensación de no poder desconectarse mentalmente, estamos frente a un problema que requiere atención clínica.
“Cuando una persona tarda más de 30 minutos en quedarse dormida después de apagar las pantallas o siente que necesita tener el celular para poder conciliar el sueño, el hábito puede estar afectando la calidad del descanso e incluso favorecer el desarrollo de insomnio”, añadió el neurólogo.
¿Cómo puedes recuperar tus noches sin sentir que pierdes tu único momento libre?
Si has intentado acostarte temprano durante dos o tres noches y siempre terminas volviendo al mismo hábito, no significa que te falte fuerza de voluntad. Tal como explicó Patricia Jurado, el problema no se resuelve únicamente cambiando la hora de dormir, ya que si sigues sintiendo que durante el día nunca tienes un momento para ti, es probable que vuelvas a retrasar la hora de acostarte, porque el cerebro seguirá buscando esa sensación de autonomía al final de una jornada agotadora.
Por eso, el objetivo no debería ser eliminar el entretenimiento, sino evitar que compita con el sueño. Lo ideal es incorporar pequeños espacios personales a lo largo del día, aunque sean apenas 15 o 20 minutos para caminar, leer, escuchar música o simplemente descansar.
Los especialistas también recomendaron mantener horarios regulares, establecer una rutina que marque el fin del día y reducir progresivamente el uso de pantalla antes de dormir. Acciones tan simples como dejar el celular fuera del dormitorio o programar un recordatorio para comenzar la rutina nocturna pueden ayudar a romper el piloto automático.
“El verdadero cambio, ese que va a trascender en el tiempo, no consiste en luchar cada noche contra el celular, sino en reorganizar el día para que el descanso deje se competir con la necesidad de tener un momento propio”, subrayó Jurado.
La próxima vez que estés a punto de decirte “solo un video más”, quizá valga la pena detenerte un instante y preguntarte: “¿Qué necesito realmente en este momento?”. Tal vez lo que estás buscando no sea otro episodio ni seguir deslizando el dedo por la pantalla, sino algo mucho más importante: un descanso que te permita recuperar la energía, la claridad y el bienestar indispensables para disfrutar al máximo el día siguiente.
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