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Foto del autor: César Monterroso

César Monterroso

Entrevista a Pino Risica por el Cuero Negro 2026

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No cabe duda de que Pino Risica Carella es uno de los referentes del metal peruano en cuanto producción e historia. Desde Cuero Negro y Sonidos Latentes ha sido un constante animador a lo largo de casi 4 décadas. Su importancia no es solo historia sino que sigue produciendo eventos y conexiones importantes dentro del metal nacional y también ahora a nivel latinoamericano. Además, una larga amistad nos une y sobre todo el deseo de ver una escena metalera sólida y productiva.

Se nos viene una nueva edición del Cuero Negro Fest y por ello consideramos importante hacerle una entrevista al respecto.

Headbangers: A pesar de los años que nos conocemos, creo que es la primera vez que te entrevisto con fines de difusión.

Pino Risica – Cuero Negro: Sí, yo creo que sí.

Headbangers: Lo primero es recordar la magnitud que ha tenido tu trabajo, particularmente tu publicación Cuero Negro, desde la segunda mitad de los años ochenta. ¿Qué crees que aportó Cuero Negro en esa primera época?

Pino Risica – Cuero Negro: Creo que, en esa época, por lo sencillo que fue hacer los primeros números… la parte nacional eran entrevistas y cosas así, y la parte internacional eran básicamente traducciones de revistas extranjeras, resúmenes, y algunas colaboraciones de amigos que habían hecho entrevistas para sus fanzines que nunca salieron. Creo que el hecho de que cualquiera pudiera hacer un fanzine marcó una diferencia: los fanzines de esa época —me acuerdo mucho de algunos— los veo un poco elitistas. La mayoría de los grupos que aparecían ahí eran prácticamente imposibles de conocer, era muy difícil escuchar su música a menos que tuvieras mucho dinero o buenas amistades en el ambiente.

Cuero Negro fue la publicación popular, en el sentido de que podía llegar a cualquier persona, que cualquiera podía sentirse identificada y empezar a descubrir el metal peruano, que en esa época, a nivel de fanzines, era prácticamente inexistente. A lo mucho aparecían una o dos bandas peruanas en esos otros fanzines. Hablo del año 87, básicamente, hasta mediados del 88, que fue cuando aparecieron un montón de fanzines: Aniquilamiento Brutal, en Piura apareció uno muy interesante y otros. Cuero Negro despertó, o ayudó a despertar, lo que mucha gente tenía adentro: las ganas de expresarse.

Headbangers: ¿Por qué crees que ese primer impulso fanzinero en el metal peruano fue tan tardío? Chile ya tenía fanzines de metal desde el 84 —el de Antón Reisenegger, por ejemplo, y otros más— no solo en Santiago, sino en regiones. ¿Por qué el primer impulso fanzinero peruano fue, como tú lo calificas, elitista?

Pino Risica – Cuero Negro: Creo que había un problema económico: estábamos en una crisis terrible, incluso los que éramos considerados clase media éramos bastante pobres a nivel internacional. Comparados económicamente, éramos un país bastante pobre, y además, por las carencias de importaciones, era muy difícil conseguir música, instrumentos, lo que fuera.

Si no tienes insumos para hacer un fanzine —música, revistas, y las cartas eran caras y se demoraban una eternidad— crear una escena en Perú fue difícil justamente por eso. Creo que el punto principal fue el económico. Metaleros había, no en demasía, pero había una generación bastante interesante que tuve la suerte de conocer: metaleros pesados, setenteros, de fines de los setenta, que iban a sitios como La Caverna Rock, gente que escuchaba Grand Funk, Deep Purple, Zeppelin, AC/DC, Fastway, hasta Picture. Era una generación fuerte pero no muy activa musicalmente: iban a fiestas, a reuniones, tenían bandas como Toilet Paper, que tocaba covers de rock pesado de vez en cuando.

El impulso de las bandas peruanas lo tuvo en parte ese movimiento subterráneo que empezó a finales de los ochenta, cuando el punk tuvo mucho mayor acceso y apoyo. Además, por más que digan lo contrario, el movimiento punk peruano sí era de clase alta o media alta, mucho más que la mayoría de los metaleros.
La mayoría de los metaleros eran de clase media. Si ves los integrantes de las bandas de esa época de rock subterráneo o punk, la mayoría tenían apellidos fuertes, gente relacionada con la política o con empresas, hijos rebeldes, por decirlo así, que sí tenían acceso a música y muchos viajaban fuera del Perú.

Headbangers: Rebeldes con la billetera de papá.

Pino Risica – Cuero Negro: Es fácil ser rebelde con plata ajena, como los congresistas peruanos que son buenos para dar bonos y apoyar cosas que no salen de su propio bolsillo. El metal era más de clase media baja; la mayoría de la gente metalera que uno conocía en Perú era de Los Olivos, del Rímac, de Lince, de Barrios Altos, de San Juan de Miraflores, de Comas, gente que iba a la discoteca Túpac Amaru o a la Rockola Susi. Te das cuenta de que prácticamente fue de los conos hacia adentro, con excepciones siempre.

Headbangers: ¿Por qué existía esa caracterización en los medios de que el subterráneo era más popular, más de pobres, del centro de Lima, y el metal era más miraflorino, sanisidrino? Si uno ve las alineaciones de bandas como Masacre o Curriculum Mortis, por ejemplo, también encuentra apellidos fuertes.

Pino Risica – Cuero Negro: Eso es como un lunar dentro de toda la escena. En el caso de Currículum Mortis, ellos salieron de la escena hardcore, no de la metalera; sus primeros conciertos no fueron de metal, sino de esa escena. Cuando tocaron con Warpath fue con G3; también tocaron con Sepulcro, que eran del Callao en su mayoría.

Lo que ocurre es que los metaleros veíamos la política como algo ajeno, que incluso nos atacaba. Los punks eran “conscientes social y políticamente”, o al menos aparentaban serlo. Con los años, muchos de esos subterráneos terminaron haciendo grupos hipercomerciales, dejando de lado el discurso político que tenían al inicio. En el metal ha pasado al revés: ahora hay más discurso político que antes. Antes no mirábamos el asunto político, y eso creaba la percepción de que éramos superficiales o intrascendentes en las letras. Pero hay letras, como la de Silex, que hablan sobre el rock, el metalero y la unión. O el tema Praxis, de mediados de los ochenta, que habla de buscar equipos: ningún subterráneo buscaba equipos en esa época, todos ya los tenían. Los conciertos más grandes de esa época eran con punks y subtes juntos.
Luego, ya por el 86, apareció una escena subterránea, underground y pobre, liderada por Eutanasia y la gente del Hueco, y empezó la bronca entre “pitupunks” y “misiopunks”.

Headbangers: Hay gente que recuerda conciertos casi multitudinarios de metal en el Campo de Marte en esa época.
Posiblemente eso estuvo impulsado también por la influencia foránea del metal, que tenía presencia en las radios, en videoclips, en la televisión —estaba el Canal 27, por ejemplo—. Quizás eso contribuyó a que apareciera una gran cantidad de metaleros en esa época, no tanto por el trabajo de las bandas peruanas, que eran muy focalizadas, sino por la ola expansiva del metal foráneo.

Pino Risica – Cuero Negro: Sí, creo que el primer gran concierto fue Lima Metal 88, el primer gran concierto de metal. Se habla mucho del concierto de Chaclacayo, del concierto Metal 1 en el cine de Sáenz Peña. Pero, en general, la mayoría de metaleros se conocieron gracias a las reuniones para ver videos —algo impensable ahora—. Alguien conseguía un VHS o Betamax, un televisor grande, usaba el garaje de su casa o una sala, repartía volantitos, y así aparecían cincuenta, setenta, ochenta personas pagando el equivalente a cuatro o cinco soles de ahora para ver, por ejemplo, “Combat Noise” o “The Song Remains the Same” de Led Zeppelin.
Esos fueron los primeros videos que se vieron. Cuando la gente vio “Combat Noise”, con Slayer en vivo, muchos se volvieron locos; fue algo muy impactante. Eso creó esa unión, porque los metaleros estaban muy dispersos, y ahí empezó a formarse La Horda, que pudo tener muchos defectos, pero creo que sirvió muchísimo para unir a la gente.

Headbangers: Crear un sentimiento de comunidad.

Pino Risica – Cuero Negro: O al menos que la gente se conociera y empezara a ver algún tipo de comunidad, como dices tú.
Headbangers: Cuero Negro se convirtió después en un fanzine, luego en una revista, con una historia bastante reconocida. ¿En qué momento comienzas a pensar en Cuero Negro como festival musical, como marca?

Pino Risica – Cuero Negro: El primero en el que trabajamos fue cuando yo era manager de Estigma, en 1997, año en que cumplía diez años. Yo había estado viajando seguido a Chile, conocí a Undercroft, y decidimos organizarlo: conseguimos los pasajes, Gustavo, de Estigma, consiguió el auspicio de Ormeño para los pasajes por bus, y ellos se hospedaron en mi casa, en Magdalena. Milagrosamente conseguimos el Sargento Pimienta, en Barranco —un sitio de moda en ese momento, bastante exclusivo—, para el viernes y el sábado, los dos días que necesitábamos para el festival, arriesgando un poco.

Hicimos el concierto; en esa época no se llamaba Cuero Negro sino “Aniversario Cuero Negro”, pero la marca ya estaba ahí. El viernes tocó Estigma como banda principal, con dos bandas más, y el segundo día tocó Mortem, algo poco común, porque Mortem no tenía muy buena relación con la escena de Barranco, que era más de covers y más comercial. Salió muy bien, sin ningún problema, y esa fue la semilla.

Headbangers: ¿Cuándo fue el siguiente concierto que llevó el nombre Cuero Negro?

Pino Risica – Cuero Negro: Creo que en 2009, si no me equivoco. Hubo muchos conciertos en los que estuve metido, organizando cosas, antes de eso: la presentación de Estrella Negra, un concierto con Sentencia en el Nosferatu… Después hicimos varios con Estigma, con Confusión, con otras bandas de esa época. Luego volví a la música recién en 2008 o 2009; estuve prácticamente diez años fuera, salvo algunas cositas, como un programa con Mario Patiño, en Radio Comas, que se llamaba “Cuero Negro en el Aire”, en Radio Estéreo Libre. En esos diez años me casé, tuve dos hijos, me divorcié.

Headbangers: Nos preguntábamos dónde estaba Pino, había desaparecido, y como no había redes sociales, había que escuchar el programa de radio ese para saber que seguías ahí. Recuerdo, después de muchos años, verte cerca del Calabozo, en un restaurante conversando con gente, y pensé: “Pino está regresando”, después de una década sin verte. Habrá sido por 2008, 2009. ¿Cuándo comienza a aparecer la noción de Cuero Negro Fest, con ese nombre y ese concepto?

Pino Risica – Cuero Negro: Cuero Negro Fest comenzó, creo, en 2009 o 2010, cuando hicimos otro concierto con Ignacio López Gastón, en el Salón Imperial, si no me equivoco —ya se me mezclan las fechas de tantos conciertos—. Antes de Cuero Negro hice festivales como Lima Prog Fest, de rock progresivo, y festivales de Sonidos Latentes, en 2011 y 2012. De ahí retomé Cuero Negro. El primero lo hicimos en el Salón Imperial, con entrada gratis para menores de veintiún años hasta cierta hora; hubo bastante gente desde el comienzo, algo muy interesante.

Headbangers: ¿Cuáles crees que han sido los hitos más importantes de Cuero Negro Fest?

Pino Risica – Cuero Negro: Para mí, como satisfacción personal, lograr algo más grande que uno mismo, fue el festival anterior, el que hicimos en La Residencia, al que vinieron tres bandas de Colombia, una de Chile, una de Argentina, productores de varios países; se hizo un conversatorio, se hicieron cosas que nunca se habían hecho antes, como DJ de metal. Se generó una confraternidad y una hermandad que ha dado muchos frutos en coordinación y comunicación para trabajos en conjunto, gente que no se conocía, como Peka, del Museo del Metal Chileno, con Román, de Colombia, con gente de Ragged Music, de Argentina; comenzaron a contactarse entre ellos y se armó una comunidad que creo que está empezando a funcionar bien. Un resultado de esto fue la gira que hicimos hace poco, con Cuero Negro Fest en Chile, junto con el Museo del Metal Chileno, y Cuero Negro Fest en Uruguay. Eso indica que el nombre Cuero Negro ya trasciende el Perú, y para mí eso fue un hito importante.

Headbangers: Recuerdo uno que hiciste en el Teatro Municipal hace unos años.

Pino Risica – Cuero Negro: Eso también fue muy fuerte, porque lo hicimos un miércoles, casi terminando la pandemia, cuando las butacas tenían que estar separadas y había que usar barbijo. Trajimos de Chile a Slavery y de Perú estuvieron Pax y Hadez; creo que bandas como Hadez nunca habían tocado en un escenario así. Fue un festival muy bueno, y sorprendentemente fue bastante gente, siendo miércoles en la tarde, lo cual también es un poco raro.

Headbangers: Sí, de hecho es una fecha poco frecuente. Se viene una nueva edición de Cuero Negro Fest, que ya está muy cerca. ¿Qué tiene esta edición que la hace especial?

Pino Risica – Cuero Negro: Por primera vez estamos incluyendo a dos bandas de Brasil. Nocturnall es una banda muy reconocida, con el vocalista de la banda Karma y también de la última época de Shaman. Es una banda de power metal con toques progresivos muy interesantes, muy teatral, con maquillaje, cosas oscuras, una especie de Rhapsody con esteroides, por decirlo así. También viene Teofobia, de Chile, una banda que ya tiene casi treinta años, la primera banda de thrash metal cantando en castellano en Chile —una de las primeras, porque la mayoría de bandas chilenas cantaban en inglés y siguen cantando en inglés—.

Viene Engendro, de Mendoza Argentina, una banda bastante rara y especial: son solo dos integrantes, el guitarrista toca un instrumento nuevo, una especie de guitarra-bajo, y el baterista toca con dos tarolas; crean un sonido bastante agresivo y potente, he visto videos de sus conciertos y son muy interesantes.

De Colombia vuelve Cromlech, que ya tocó en el Cuero Negro Fest que hicimos en el Teatro Kántaro, en 2024; esta vez vienen mucho más reconocidos, ganaron el premio Subterránica a mejor banda de metal de Colombia este año, y tienen un nuevo disco muy interesante.
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Por Perú tocan cinco bandas también muy diversas: Putrid, con una especie de blackened death metal; Armagedón, un clásico que hace muchos años no toca en un Cuero Negro Fest; Knuckles Revenge, una banda de metal bastante interesante; Hell Cross, que también tocó en la edición anterior y con quienes justamente nos fuimos de gira; y Black Lion, una banda que está pegando muchísimo en toda Latinoamérica, con un tema que suena prácticamente en todas las radios de Argentina y Uruguay. El tres de julio estamos en Huánuco, en el Cuero Negro Fest, con Engendro, de Argentina, Cromlech, de Colombia, y Black Lion, de Lima, junto con bandas de allá. El festival es en El Antro, un local bastante conocido manejado por la gente de Aztuodio, y ese mismo día tenemos un conversatorio en la Universidad Nacional de Música de Huánuco, con lo cual intentamos también descentralizar un poco la escena.
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Headbangers: ¿Sientes que hay mucho centralismo en el aspecto musical y artístico de nuestro país?

Pino Risica – Cuero Negro: Creo que sí. La descentralización no es que las bandas de otras ciudades vengan a tocar a Lima. La cosa es que las escenas de cada ciudad se fortalezcan, y qué mejor forma que llevar un buen show a cada una de ellas. He visto giras muy interesantes, como la de Armagedón con Hamadría por varias ciudades del país, o Elvis en Juliaca y en Puno. Se están viendo conciertos muy interesantes; la escena de Huancayo también se está fortaleciendo, con varios organizadores interesantes. Se están empezando a crear escenas propias fuertes, que es lo que realmente da trascendencia a cada ciudad. Ahora, obviamente, Lima, al ser la capital y tener la mayor cantidad de gente —un tercio de la población del Perú está en Lima—, a veces pienso que Lima es un micro Perú: dentro de Lima puedes encontrar todo tipo de expresiones culturales. Eso también hace que Lima tenga más peso: no es lo mismo hacer un concierto en Lima, donde pueden ir 500, 2.000 o hasta 50.000 personas en conciertos muy importantes, que uno en Juliaca, donde van 200 o 300 personas. Eso influye mucho en la cantidad de shows que se hacen y en la cantidad de productores que se arriesgan.

Headbangers: Sin embargo, ahora nuestro país ya tiene varias ciudades cercanas al millón de habitantes.

Pino Risica – Cuero Negro: Claro, pero no sé qué ocurre en nuestro país; creo que hay un asunto cultural bastante complejo. Mientras más grande se hace la escena, más comienzan las fragmentaciones y las diferencias entre unos y otros. Si en una ciudad alguien organiza un concierto, puede que otro se moleste y organice el suyo el mismo día, o empiece a boicotear al otro. Entonces, en vez de que vayan 200 personas a cada concierto, van 100 o menos a cada uno. Son fragmentaciones por peleas casi adolescentes.

Headbangers: Infantiles.

Pino Risica – Cuero Negro: Totalmente infantiles. Eso crea muchas divisiones. Ya lo hemos visto en Lima mil veces también: hay tanta fragmentación que hay casi tantas nociones de lo que es el metal como metaleros.
Headbangers: Más allá de eso, me parece que la noción de un metalero descalifica la de otro. Podría haber diez mil nociones de metalero sin que eso implique descalificar al otro o a la mayoría, pero acá sí ocurre. Incluso los que dicen defender la diversidad y la aceptación, en sus ratos libres se ponen en ese mismo plan con lo que les gusta.

Pino Risica – Cuero Negro: Igualito. El problema es pensar que lo que a mí me gusta es lo bueno y lo que no me gusta no lo es; un concepto tan personal como errado. Cada uno tiene sus parámetros, hay ciertos criterios sonoros básicos para lo que se considera bueno o malo, entre comillas, pero a la hora de la hora, ¿quién decide que una banda de grindcore es mejor que una de heavy metal? ¿Quién decide que el death metal es más “verdadero” que el thrash? ¿Quién decide que la escena de Comas es mejor que la de San Juan de Miraflores? Son cosas tan complejas como las personas mismas, y creo que es un reflejo de lo que pasa en la política y en lo social en nuestro país: las mismas divisiones que ocurren a nivel macro existen a nivel micro.

Headbangers: Es un tema transversal a la sociedad, y no solo en el Perú, se da en muchos lugares. Además, siempre he pensado que el movimiento metalero en Perú, de todas maneras, es un movimiento con poca gente; nunca han sido millones, sino algunos miles en el mejor momento. Creo que esos problemas se reflejan más justamente porque no somos tantos, tienen más impacto. Si fuéramos más, se diluirían.

Pino Risica – Cuero Negro: Se habla de que en los conciertos de los ochenta había mucha más gente. Claro, porque había un concierto cada dos semanas o cada mes en Lima, o más. Ahora hay un promedio de tres o cuatro conciertos por semana, sin contar las bandas extranjeras que vienen. El dinero no es ilimitado: tienes que elegir a cuál ir y a cuál no. Y como hay tantos conciertos, hay tantas opciones que la gente se dispersa. Creo que hay más gente que en los ochenta, mucha más, pero como hay tantos conciertos, la gente se divide, y es normal.

Headbangers: También es cierto que la escena ha envejecido en gran medida: no puedes comparar un movimiento juvenil, cuando las entradas costaban dos o tres soles, con lo que cuesta hoy una entrada, incluso para un evento nacional, cuando ya eres más grande, tienes otras responsabilidades y otro nivel de energía.

No es la misma energía que uno tiene a los veinte que a los cincuenta. Tengo amigos metaleros viejos que ya no van a conciertos, salvo que sea Iron Maiden, simplemente porque no tienen ganas —no es que no les guste el metal, sino que ya no tienen la fuerza para hacer la cola desde antes de que empiece el concierto, entrar, aguantar los conciertos nacionales que muchas veces comienzan a las once de la noche y terminan a las tres y media o cuatro de la mañana—. Hay gente que ya no quiere pasar por eso, es demasiado.

Pino Risica – Cuero Negro: Pero hay gente nueva, bastante gente joven. Lo veo en la tienda (Cuero Negro Store), por ejemplo, cuando vinieron bandas como Nocturnal Depression: mucha gente muy joven, que no pasaba los veinte años. Hay mucho interés en el metal, pero también está el problema de que muchos metaleros de nuestra generación los excluyen, los consideran menores, menos que ellos, porque no vivieron la “década prodigiosa” de los ochenta. Pero es obvio que no la vivieran: nacieron en los noventa o en los dos mil. Empiezan a segregar a la gente de una forma tan absurda que podrían repetir lo que pasó con la música criolla: si no eres viejo, ya no la escuchas. A quienes intentaron renovarla o fusionarla los consideraron sacrílegos, y al final la música criolla terminó muriéndose. En el local que manejo hay peñas los domingos, y por lo general el más joven tiene sesenta años. No podemos permitir que eso pase con el metal. Por eso es necesario que la gente de nuestra generación sea menos excluyente, que se ponga en el lugar de los más jóvenes. En el 85, 86, 87 ya había metaleros más antiguos, ya había una cultura metalera fuerte a nivel mundial, y en el Perú también se estaba creando. No discriminaban: te decían “escucha esto, escucha esto otro”. Ibas a Colmena, a Galerías Persia o a Los Pinos, y la gente te ponía música, escuchabas cosas nuevas que para otros eran antiguas y conocidas, pero para nosotros eran un mundo nuevo. Así descubrí a Mercyful Fate, a Celtic Frost…

Headbangers: Black Sabbath ya era una banda consagrada cuando nosotros éramos muy jóvenes.

Pino Risica – Cuero Negro: Lo primero que escuché de Black Sabbath fue “Live Evil”, ya con Dio, y luego escuché a Ozzy.

Headbangers: Lo primero que yo escuché de Alice Cooper fue “Trash”, del 89.

Pino Risica – Cuero Negro: Nadie me dijo que era un “posero” por no haber escuchado antes a Black Sabbath con Ozzy. Lo primero que escuché de Maiden fue “Live After Death”, y luego escuché los discos anteriores. Esa lógica deberíamos aplicarla a lo que pasa ahora: hay gente que empieza escuchando el último disco de Metallica, de ahí escucha Slipknot, después llega a Mayhem por la película, luego a Burzum, y a partir de ahí empieza a buscar más cosas de ese estilo.

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