Acción Esperanza: la apuesta de Jorge en Huaycán
A la Comunidad Urbana Autogestionaria de Huaycán, en el distrito de Ate Vitarte, también la llaman la Ciudad de la Esperanza. Hace dos años, un grupo de jóvenes decidió que la esperanza era insuficiente y fundó la organización de jóvenes voluntarios Acción Esperanza. Los convocó Jorge Vico, un joven de 24 años que pasó de los arenales de Huaycán a empresas transnacionales, para volver luego, como un búmeran, a trabajar por su distrito en el Centro Cultural de Ate. Paso a paso, esta es la crónica de sus propias acciones y esperanzas.
Claudia Alacote, la mamá de Jorge, llegó a Huaycán a los 18 años desde Ocros, Ayacucho, huyendo de una matanza terrorista que la dejó sin padres y a cargo de seis hermanas menores. Su padre, Luis Vico, llegó un poco antes, en 1984, y trabajó en la primera pampa del asentamiento humano, sin agua ni electricidad, bajo un sol que hoy todavía evoca sequías. Jorge nació en noviembre de 1987 y creció entre el trabajo comunal de una ciudad nueva, con una hermana menor y seis tías. Su mamá cuenta que el patio de la infancia era una piedra enorme detrás de la bodega en su casa de esteras.
Así era Huaycán entonces:
En el colegio, Jorge era callado y ganaba los primeros puestos. Por eso para ingresar a la UNI lo trasladaron en quinto de secundaria del colegio público a uno preuniversitario. Entonces compitió con cinco amigos en el Concurso Nacional de Matemáticas: uno ganó y él quedó décimo. Según dice, los entrenamientos llegaban a mil ejercicios diarios. Ese año ingresó a la U. del Callao y a San Marcos, lo que le valió fama en eventos y anuncios repartidos en todo Huaycán. Pero a la UNI no ingresó y se deprimió. Su mamá le dio dinero para comprarse ropa, pero él se inscribió al examen de La Cantuta en marzo del año siguiente, quedando en primer lugar, y empezando a estudiar para profesor de matemáticas. Seis meses después ingresó a Ingeniería Económica en la UNI, aunque por culpa de las huelgas inició clases un día antes de Navidad de 2004. La distancia entre una y otra universidad lo obligó a abandonar La Cantuta, donde dejó historias de amigos y amores que hoy no quiere ni contar.
Pero sus hazañas de joven chancón no lo hacen merecedor de esta crónica. Desde pequeño se preguntaba por qué su papá armaba esterillas para hogares precarios, por qué la lucha armada era un tema tabú en Huaycán, por qué su mamá limpiaba casas de niños con plata y por qué algunos vecinos vendían la idea que la gente rica era mala o racista. “Pero nosotros -asegura- queríamos salir adelante con comida y educación.”
El primer año en la UNI fue miembro del Centro de Estudiantes de su Facultad. El tercero formó parte del tercio estudiantil. El cuarto coordinó el Congreso Nacional de Estudiantes de Economía. El quinto, decidió que su vocación era la gestión pública. Se ilusionó cuando lo aceptaron como practicante en la oficina de Logística de una Municipalidad en Lima Norte. Pero ahí, comenta, conoció las desgracias del Estado, la informalidad y el manejo descarado del dinero de los peruanos. Cansado, postuló a Gerens, una empresa consultora que significó un desafío intelectual, social y emocional. La noche previa a la entrevista no durmió investigando y leyendo artículos sobre filosofía política de su futuro jefe. Y en la mañana conoció, a los 21 años, el distrito de San Isidro.
Poco después llegó a Proyecto Coherencia, una organización interuniversitaria de jóvenes que discuten temas de ciudadanía y política y, casi un año después, le confiaron la dirección de Capacitación e Integración. “Jorge fue quien más iniciativa mostró para generar mejoras en la organización. Compartió conocimientos en cuestiones de planificación y gestión… aprendí mucho de él”, dice Luigi Zanatti, quien lo acompañó en la dirección. Pasados varios meses, Carlos Zapata lo invitó a trabajar con él en PricewaterhouseCoopers (PwC), una importante transnacional en auditoría y consultoría. Para Carlos, él es un “camaleón-todo-terreno, con capacidad de adaptarse a ambientes formales, informales, estructurados o no, además de ser un elemento unificador y movilizador, sin esfuerzo ni poses. Su estilo de liderazgo era clave para que el sector corporativo se mueva al siguiente nivel”. Dos años después, luego de ser promovido a analista, renunció a PwC para hacer un proyecto en su distrito donde pueda aplicar lo aprendido y dejar de viajar tres horas cada mañana de Huaycán a San Isidro.
Jorge conoció a jóvenes de diferentes partes de Lima que le confirmaron que el dinero o la ubicación social no determinan ni actitudes ni compromisos. Su experiencia en Gerens, Coherencia y PwC conjugaron el germen para fundar Acción Esperanza (AE), hace dos años, cuando invitó a almorzar a seis amigos del barrio, el colegio y la academia preuniversitaria. El primer proyecto fue una escuela para padres y reforzamiento para los niños estudiantes, y después convocaron a un debate en Huaycán entre los candidatos a la Municipalidad de Ate. Al tiempo, una alianza entre IPAE, Instituto SASE y Coherencia, financiada por Obra, coordinó con AE la formación de 80 escolares emprendedores de las zonas vulnerables de Huaycán. Este proyecto sirvió además para incorporar a miembros más jóvenes a AE y algunos ya son alcaldes de sus colegios o lideran equipos de las nuevas actividades.
¿Qué hace Acción Esperanza?
A Flor Gimenez, su enamorada, la conoció gestionando AE. Para ella, el mayor valor de Jorge es haber logrado que sus amigos “dejen la vagancia de los domingos para comprometerse en trabajar por Huaycán”. Para Jorge, el mayor valor es que sus compañeros en AE mejoren primero sus vidas, después la de sus familias y luego la de su barrio. Y él dio el ejemplo: trabajando en PwC construyó al fin la sala de la casa de su mamá. El ‘Chino’ Alex fue el último de los amigos en llegar a AE luego del primer almuerzo, porque pensaban que no entraría en lo social y que solo le gustaba la juerga. Hoy también ayudó en la casa de su mamá y ha sido dos veces director de AE.
El año pasado, Jorge ganó el concurso “Agua, reflejo de tu ciudad” organizado por la Autoridad Nacional del Agua. Esa fotografía no es solo el reflejo de su ciudad, sino de sus vidas en Huaycán. Recuerda que sobre cada piedra posada en un patio trasero de arena y tierra, como aquel en donde Jorge jugaba de niño, hay vidas delineadas con silencio, sudor y sueños:
Izquierda: Jorge Vico afuera de su casa a finales de los ’80. Derecha: Foto ganadora del concurso “Agua, reflejo de tu ciudad”.
Jorge quiere ser alcalde de Ate Vitarte cuando pase los 30 años. Al dejar PwC, lo contrataron en el Centro Cultural de Ate, donde está llevando a escala las motivaciones de AE, y trabaja liderazgo, formación humana y desarrollo artístico con más de 250 jóvenes. También es profesor de Economía y Responsabilidad Social en el colegio donde estudió. ”La combinación que Jorge puede hacer con empresa, estado y sociedad es poderosa. Está dando y dará que hablar, pero lo mas importante es que sigue siendo él, recargado pero el”, dice Carlos Zapata. Su mayor soporte y motivación ha sido siempre su familia, sin juicios ni cuestionamientos, y ponen su combi y cargan sillas cada vez que AE lo requiere. Si se pregunta a Jorge cómo surgieron todas estas preocupaciones, responde sin dudarlo: “Desde el vientre de mi mamá”.
Texto: Elohim Monard

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