Testimonio: Una receta basada en la constancia
Me llamo Oscar Luna. Escribí estas líneas convencido de que cada emprendedor tiene su propia historia, y solo cuando es contada puede inspirar a más personas a seguir sus sueños y asumir los retos con convicción y valentía.
Nací en Madre de Dios y soy el tercero de cuatro hermanos. A los 5 años me mudé con mi familia a Cusco, en donde probamos salir adelante vendiendo muchas cosas, pero ninguna funcionó.
Tenía 12 y todo seguía igual, así que decidimos mudarnos a la casa de una tía en Moquegua, que tenía una panadería. Aun sin una visión clara, iniciamos nuestro trabajo vendiendo panes. Con lo que ganamos, adquirimos un lote para nuestra casa a través de una Asociación. Luego, un tío nos sugirió que vendamos empanadas de pollo (salteñas) y de queso, pero en la ciudad no conocían el producto así que no fue fácil empezar.
Oscar Luna en el local donde elabora las empanadas.
Fue tan duro y difícil que nos desanimamos y decidimos vender papa rellena, pero las ganancias tampoco eran buenas. Dejamos la papa rellena y probamos con el chicharrón de cerdo. Volvimos a darnos cuenta de que no estábamos capacitados. Ahora sé cuán importante es conocer el proceso del negocio.
Como seguíamos vendiendo el pan por las mañanas, con esas ganancias habíamos construido la casa de material noble. Entonces fue que decidimos pelear por nuestro futuro, echando a un lado el temor. Construimos un horno y un cuarto para la preparación de los productos. Volvimos a las empanadas, las preparamos y salimos con mi padre a ofrecerlas en el mercado. Muchas veces no vendíamos, pero teníamos que seguir adelante, quizá en la persistencia estaba el secreto.
Horno de la familia de Oscar Luna, construido con el esfuerzo de algunos años.
Pasaron días y meses con el mismo procedimiento, aún no teníamos rumbo específico, solo sabíamos que queríamos triunfar. Es así como proponemos a nuestras dos vecinas que vendan las empanadas y a cambio nosotros les daríamos su comisión. No fue fácil porque ellas tenían hijos pequeños, pero les propusimos que mientras ellas vendían, nosotros cuidábamos a los niños. Luego de ello, tres vecinas más se unieron a la venta de nuestras empanadas.
Debo confesar que mi casa parecía un wawa wasi, pero el proyecto estaba funcionando. Ya teníamos al menos unos ocho vendedores. Esto motivo a toda mi familia a vender en lugares estratégicos como ferias, paraderos, centros comerciales y parques. Mientras, nuestras vendedoras comenzaban a conseguir nuevos clientes fijos como los puestos de jugos. Así el negoció fue creciendo, agrandamos el horno y aumentamos la producción porque nuestras empanadas estaban siendo muy aceptadas por clientes de diferentes condiciones. Hoy contamos con unos treinta clientes fijos; entre ellos colegios y universidades.
Oscar Luna iniciando el proceso de preparación de las empanadas “salteñas”.
Ocho años después, nuestros productos son aceptados por la población moqueguana, y podemos entrar al mercado sin miedo a que no nos compren. Ahora, soy estudiante de Ingeniería Comercial en la Universidad José Carlos Mariátegui y lo que aprendo me ayuda a mejorar mi negocio.
Además, mi participación en el proyecto de Jóvenes Emprendedores organizado por CAPLAB me ha dado una orientación clara de cómo llevarlo adelante con herramientas que me van a servir de por vida como mi Plan de Negocio. Es con su apoyo que he elaborado una visión, una misión perfecta y estrategias para lograrlo. Quiero que la empresa de mi familia logre ser una empresa panificadora-pastelera de renombre, no sólo en Moquegua sino en toda la región Sur; y que siga dando trabajo como lo hicimos desde el inicio. Este es el tiempo en el que me doy cuenta de que entrar en un mercado no es fácil pero permanecer en él también es complicado. Sin embargo, nada es imposible. Dios nos dio un gran don que es el poder. La Biblia dice “nos nos ha dado espíritu cobarde sino de amor, poder y dominio propio”.
Oscar en Caplab Moquegua.
Mi vida no se resume en estas líneas. Tengo también un pequeño emprendimiento social que me llena de satisfacción. Trabajo en el Ministerio de Adolescentes en la Iglesia. Comencé con cuatro adolescentes el año pasado y a la fecha ya tenemos más de 100 afiliados. Con ellos trabajamos lucha contra la violencia familiar, derechos humanos, y otras actividades. El grupo humano que antes no tenía asistencia, ahora es el más numeroso y hemos logrado que varios de estos adolescentes se alejen de las drogas, el alcohol y también somos un refugio ante las inquietudes propias de la edad.
Oscar Luna con los niños de su Iglesia realizando actividades en espacios abiertos.
Solo puedo decirles a todos aquellos que soñaron y a los que aun sueñan con ser grandes que nadie los detenga, que no les pongan límites, ni les digan qué hacer. Que tus sueños sean tus convicciones y que se conviertan en acciones.
Atrévete a ser diferente y deja salir el emprendedor que hay en ti.
ATT. OSCAR LUNA

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