Las piedras que no resisten a la gente del siglo XXI
El arte rupestre en el Perú y los riesgos que sufre por la acción humana. Una breve crónica de viaje y una pequeña muestra de lo que encontramos en nuestro país.
Regresábamos de Cajamarca hacia Chiclayo por la Interoceánica Norte, que cruza el abra Porculla, el punto más bajo para atravesar la cordillera de los Andes. Al llegar a Olmos, en Lambayeque, mi compañero de viaje, el fotógrafo Billy Hare, me dijo para entrar a fotografiar los petroglifos Los Boliches, ubicados poco antes de llegar al valle de las pirámides de Túcume. Había pasado cientos de veces por esta ruta pero desconocía que hubiese petroglifos, una expresión artística que siempre me ha fascinado.
Entramos por una corta trocha rodeada de espinos, cactus y algarrobos. A escasos 500 metros de la carretera principal nos encontramos con un amplio campo repleto de piedras de todos los tamaños donde aparecen dibujos de miles de años de antigüedad. Algunos representan personas, otros serpientes, cóndores, cruces, hay muchos símbolos e iconografías que han resistido el paso de los años, de las lluvias y de los vientos.
El Perú es un país muy rico en arte rupestre. Se han encontrado en todos los departamentos de nuestro país salvo en Tumbes y Ucayali, siendo los más ricos Puno, Arequipa, Huánuco y Cusco. El arte rupestre agrupa petroglifos, pinturas rupestres, trabajos en superficies transportables y geoglifos como los de la cultura Paraca y Nasca. Se encuentran en lugares inaccesibles o en sitios a la mano de todos. Sobre enormes montañas y planicies o en pequeñas rocas aisladas. Algunos son dibujos literales, otros símbolos e íconos de los que no se ha llegado a saber bien su significado. Podrían estar asociados a lugares de descanso, a puntos de enlace con diferentes rutas, a lugares mítico – religiosos… un arte que forma parte del patrimonio mundial de la humanidad y que refleja la vida y las visiones de los antiguos pueblos peruanos.
La edad de estos trabajos y su ubicación, normalmente en lugares abiertos a las inclemencias del medio, hacen que sean muy vulnerables. Durante siglos, este arte ha sobrevivido a los avatares del clima y al paso del tiempo, pero no a la acción humana. Billy hacía varios años que no regresaba a Los Boliches y se sorprendió del estado en que se encontraban muchos de los petroglifos: rasgados, con pinturas tipo ‘acá estuvo Jhonny’ o ‘en recuerdo de Marlene’, o con marcas claras de intentos de extracción con martillo y cincel. Coleccionistas, depredadores, vándalos o ignorantes. A mí me pasó lo mismo con las pinturas rupestres de Callacpuma en Cajamarca o los petroglifos de Chichictara en Palpa, camino a Nasca. Expresiones de arte que, a pesar de haber resistido a fenómenos de El Niño, a terremotos y a la acción del viento y la lluvia, nada pueden hacer contra el ser humano. ¿Qué pasa por la mente de alguien que, ante una pared llena de arte, no se le ocurre mejor cosas que sacar un plumón y garabatear su nombre?
Más información
Para saber algo más de este arte primitivo y bello es fundamental el libro publicado por Rainer Hosting y la CONCYTEC Arte rupestre del Perú. Inventario Nacional, 2003.
Petroglifos Los Boliches: se encuentran en la quebrada Los Boliches, a unos 15 kilómetros de Olmos. La entrada es libre y el acceso muy sencillo.
Petroglifos Chichictara: se encuentran a 10 kilómetros de Palpa por trocha afirmada, 60 kilómetros antes de llegar a Nasca. Es necesario caminar por el cerro para poder observar los trabajos. Gran parte de los petroglifos se encuentran dañados. El acceso es libre.

Pinturas rupestres de Chahuaytire: se encuentran a unos 45 minutos en la parte alta de Pisaq, en la carretera que va a Paucartambo. De la comunidad de tejedores hay que desplazarse unos 10 minutos en vehículo y hacer una pequeña caminata hasta la pared donde se encuentran las pinturas. El acceso es libre.

Pinturas rupestres de Callacpuma: se encuentran a una hora de Cajamarca, en la ruta hacia el pueblo de constructores de guitarras de Namora. Es necesario subir un cerro para poder contemplar las pinturas, muchas de ellas dañadas. El acceso es libre.
Petroglifos de Majuelo: se encuentran en las profundidades del desierto de Usaca, en Nasca, a unas 4 horas de la ciudad. Se requiere camioneta 4×4. El acceso es libre.

Geoglifos de Llipata: se encuentran a la altura del kilómetro 408,5 de la Panamericana Sur. Cuentan con una torre para su observación. Entrada 1 sol.

Petroglifos de Mollepunku: se encuentran en la parte alta de Chivay, Colca, junto a las enormes paredes de piedra de Callalli. Están dentro de una cueva y el acceso es libre.


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