Por Juan Aurelio Arévalo Miró Quesada

Todos los que nos hemos formado en los pasillos de El Comercio hemos sentido la presión paralizante de la primera nota firmada. Todos, incluso los veteranos, hemos sido sometidos al batallón de preguntas de nuestros editores en ese momento. ¿Cruzaste esa información? ¿Confirmaste con esa fuente? ¿Revisaste el archivo? ¿Verificaste ese dato? Y es ahí cuando los 180 años de historia de El Comercio se sienten. Pesan. Por eso cuando esa nota finalmente aprueba todos los filtros y se publica, nos quedamos con una mística especial. La de haber honrado un legado.