Resumen

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La pastelería que no se dio por vencida.  Para mantener a flote un negocio de cual dependen 700 trabajadores, Rubén Sánchez, CEO de la pastelería San Antonio, transformó los locales en minimarkets para seguir de pie en medio de la crisis. “En un contexto de tanto cambio, ¿qué tienes para perder? Nos transformábamos o moríamos”, dice. Gracias a la estrategia, cinco tiendas están funcionando, los trabajadores no han dejado de recibir sueldo y los clientes todavía pueden disfrutar de su postre favorito. (Foto: Joel Alonzo)
La pastelería que no se dio por vencida. Para mantener a flote un negocio de cual dependen 700 trabajadores, Rubén Sánchez, CEO de la pastelería San Antonio, transformó los locales en minimarkets para seguir de pie en medio de la crisis. “En un contexto de tanto cambio, ¿qué tienes para perder? Nos transformábamos o moríamos”, dice. Gracias a la estrategia, cinco tiendas están funcionando, los trabajadores no han dejado de recibir sueldo y los clientes todavía pueden disfrutar de su postre favorito. (Foto: Joel Alonzo)
Por Richard Webb

El año 1985 publiqué una colección de reflexiones titulada “Por qué Soy Optimista.” El país cumplía diez años de turbulencia – dictadura, inflación por las nubes, huelgas, terrorismo salvaje – todo eso agravado por una crisis internacional de la deuda y un terrible Fenómeno del Niño, una combinación de fatalidades que parecía excluir cualquier optimismo racional.