En el siglo XXI , el universo zombi ha ganado mayor protagonismo mediático gracias a series como 
"The walking dead".
En el siglo XXI , el universo zombi ha ganado mayor protagonismo mediático gracias a series como "The walking dead".
Ricardo Hinojosa Lizárraga

Una tarde de enero de 1980, los pobladores de la pequeña localidad rural de L'Estère, en el departamento de Artibonito, en Haití, vieron su rutina gravemente alterada cuando un hombre de pasos torpes, mirada perdida y ropa raída y sucia apareció en sus calles. Hedía. Aunque la mayoría lo miraba con miedo, algunos creyeron reconocerlo tras sus gestos confusos. Era Clairvius Narcisse, un hombre del pueblo, aunque un detalle evitó que sus vecinos se acercaran a saludarlo: Narcisse había muerto en 1962.

Tras reencontrarse con sus familiares y volver en sí, contó una historia que estremeció a quienes lo oyeron, sacudió a un sector de la comunidad científica y obtuvo reportajes y titulares en revistas sensacionalistas. Tras serios líos por unas tierras, había enfermado y muerto. Luego de enterrarlo, su propio hermano lo desenterró y convirtió en zombi. Coincidiendo con antiguas versiones comunes en el imaginario popular haitiano, pasó un tiempo trabajando como esclavo en una plantación, hasta que el capataz murió, gracias a lo cual fue recuperando la memoria y la autonomía, pudo escapar y volver a casa. Dijo que había sido envenenado con una especie de datura, una hierba que puede ocasionar alucinaciones y convulsiones.

A pesar de que para muchos no era más que un charlatán, vecinos y familiares lo reconocieron como el hombre que había muerto 18 años antes. Max Beauvoir, ‘sacerdote supremo’ del vudú haitiano en aquellos años, también confirmó la ‘zombificación’ de Narcisse. Wade Davis, antropólogo de Harvard, viajó a Haití para conocerlo y entrevistarlo. Expuso su caso en el libro La serpiente y el arco iris, que no tardó en tener una versión cinematográfica dirigida por Wes Craven —el creador de esa famosa saga en la que un asesino de niños vuelve de la muerte a través de las pesadillas—.

La polémica estaba abierta, pues los secretos del vudú son difíciles de desentrañar, incluso, para los mismos haitianos, muchos de los cuales incluyen sus preceptos y creencias en su vida cotidiana. La fascinación por este culto pagano llegó a Hollywood, donde inspiró películas como White zombie o I walked with a zombie, que incidían en clichés propios de la fantasía cinematográfica de los años treinta y cuarenta.

Sin embargo, en octubre de 1968, un novel cineasta de 27 años cambiaría para siempre la manera en la que el mundo vería a los zombis: no serían más afrodescendientes caribeños sin voluntad propia, manejados a su antojo por oscuros brujos que los esclavizaban, sino que se convertirían en una amenaza real, contemporánea, más propia de la Guerra Fría, a la vez que un reflejo de la psicosis que ya vivía una sociedad norteamericana inmersa en importantes cambios sociales que marcarían su historia.

La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero, trajo a este mundo a los putrefactos, los puso en una pantalla gigante, los metió en las casas, los envió al campo, a las calles; los puso a perseguirnos, a mordernos, a convertirnos en ellos. Como un moderno Prometeo, Romero le robó a la fantasía el fuego de la vida para dárselo a ellos.

Fotograma de "La noche de los muertos vivientes" ( 1968 ). Esta película, dirigida por Romero, ha ejercido una notable influencia en el género.
Fotograma de "La noche de los muertos vivientes" ( 1968 ). Esta película, dirigida por Romero, ha ejercido una notable influencia en el género.

                           —Hasta que la muerte no se pare —
“Yo había leído una novela llamada Soy leyenda, de Richard Matheson, y me pareció que, en el fondo, hablaba de una revolución. Pero también estábamos muy conscientes de la época y el enojo de los sesenta”, declaró Romero en el documental Birth of the living dead. La novela de Matheson había influido antes en el filme El último hombre sobre la Tierra —protagonizado por Vincent Price en 1964—, pero allí el protagonista se enfrentaba con unos débiles vampiros que solo aparecían de noche. El terror en La noche de los muertos vivientes —que, además, tiene un héroe afroamericano— se inicia cuando aún hay luz de día. Conforme transcurren los minutos, los espectadores pueden darse cuenta de que trata de personas que han muerto y vuelven a la vida voraces.

En 1968 eran tan comunes los conflictos bélicos, como las protestas ciudadanas y las pruebas nucleares, por lo que Norteamérica estaba llena de jóvenes que eran todo lo contrario a exóticos seres catatónicos a los que les han quitado el alma. La nueva amenaza era un ser animado, biológicamente definible, que ocupa un cadáver humano. “Creo que había un poco de ira, un poco de decepción, así que inventé estos personajes —ha dicho Romero—. En mi mente solo eran unos ghouls, unos espectros. Los muertos regresan a la vida, esa es la revolución. Esa es la gran cosa que nadie ve llegar. Y solo queríamos hacer el filme de terror con más agallas que pudiéramos hacer”.

Sumando 600 dólares entre varios colaboradores, alquilaron una granja abandonada en Pensilvania, encendieron la cámara de 35mm e iniciaron no solo una película, sino un fenómeno significativo para la cultura pop de los últimos 50 años. Solo en este siglo, ha producido novelas (Orgullo y prejuicio y zombis), millonarias sagas (Resident evil), superproducciones (Guerra mundial Z), videojuegos (Dead rising) o cómics convertidos en exitosas series (The walking dead). Eso, sin mencionar las zombie walks y convenciones alrededor del mundo, todo lo cual forma un mercado próspero, lleno de vida y con, aparentemente, más futuro que nuestra propia civilización.

Y pensar que los zombis haitianos eran la personificación de 500 años de violencia, esclavitud y muerte. Y pensar que muchos líderes religiosos y políticos zombifican a sus fieles con mentiras. Tal vez, ese sea el mayor horror de los zombis: un apocalipsis que ya estamos viviendo.

El proyecto ReAnima experimenta con pacientes declarados clínicamente muertos, pero que siguen conectados a aparatos de soporte vital.
El proyecto ReAnima experimenta con pacientes declarados clínicamente muertos, pero que siguen conectados a aparatos de soporte vital.

VIVO O MUERTO

Hablando en términos científicos, ¿se puede concebir como posible un ‘apocalipsis zombi’? Si nos guiamos por los referentes cinematográficos más recientes, podemos decir que el virus se contagia e infecta a las víctimas a gran velocidad, ‘transformando’ a millones de personas en solo unos días en entes ávidos de carne. ¿Cuánto de verdad hay? Recordemos que la humanidad ya ha sufrido grandes epidemias. La peste negra del siglo XIV mató, al menos, a un 40 % de la población de Europa. La pandemia de gripe española ocurrida tras la Primera Guerra Mundial mató a unos 40 millones de personas e infectó a casi la mitad de la población mundial. En este siglo tuvimos la gripe asiática, la N1H1 o la gripe aviar, que nos han transmitido miedo, al igual que el ébola. Según el documental La verdad detrás de los zombis, las investigaciones han concluido que si se presentara un virus de contagio aéreo que se lograra combinar genéticamente con la rabia, manteniendo a los individuos en un estado inhumano y caníbal, las consecuencias serían gravísimas. Eso sí: la ciencia también dice que es imposible convertirse en zombi pocos minutos después de ser mordido. Ningún virus conocido tiene la capacidad de invadir el cuerpo humano en tan poco tiempo. Sin embargo, Matt Mogk, fundador de la Sociedad de Investigación Zombi —un organismo que pretende ser serio, no un grupo de fans en el Comic Con—, asegura que la discusión no es sobre si sucederá un apocalipsis zombi, sino sobre cuándo será. Mogk es autor de varios libros donde ofrece distintos consejos para sobrevivir.

Aunque da para otro tema, es importante mencionar el síndrome de Cotard, una extraña enfermedad mental caracterizada por un delirio en el que las víctimas creen estar muertas, o en proceso de putrefacción, y se perciben a sí mismas como almas en pena.