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La imagen muestra a un grupo de payasos saludando y sonriendo con sus coloridos disfraces. El cartel fue impreso por la empresa Riverside Lithographic Company de Milwaukee, Wisconsin. (Foto: Getty Images)

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Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Hubo un tiempo en el que los escritores eran los contestatarios. Las frases de Oscar Wilde sobre la moda (“una forma de fealdad tan insoportable que tenemos que cambiarla cada seis meses”), los disfraces de Virginia Woolf en el famoso incidente del “Bunda, Bunda” o el desfile callejero de Louis Aragon, comunista y declarado gay al final de su vida, son las pruebas de lo que era considerado un escritor: un subversivo no solo por su obra sino por su conducta. Los poderosos en cambio eran gente seria y aburrida. El deterioro de esa imagen del artista es uno de los muchos temas del magnífico ensayo que acaba de publicar Carlos Granés, El Rugido de nuestro tiempo.