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En la Sala de Las Divorciadas de la Beneficencia Pública, Ana María Westphalen junto a dos de las cuatro esculturas que el rinden homenaje a las culturas peruanas.

En la Sala de Las Divorciadas de la Beneficencia Pública, Ana María Westphalen junto a dos de las cuatro esculturas que el rinden homenaje a las culturas peruanas.

Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En la Sala de Las Divorciadas de la Beneficencia Pública, Ana María Westphalen junto a dos de las cuatro esculturas que el rinden homenaje a las culturas peruanas.
En la Sala de Las Divorciadas de la Beneficencia Pública, Ana María Westphalen junto a dos de las cuatro esculturas que el rinden homenaje a las culturas peruanas.
Por Diana Mery Quiroz Galvan

Desde hace más de 25 años, cuando por fin decidió dedicarse por entero al arte, las piezas escultóricas de Ana María Westphalen se han caracterizado por poner en relieve la cultura del Perú y su gente. Priorizando temas basados en la humanidad y la naturaleza ha explorado con destreza la espinosa y larga lista de los animales en peligros de extinción. Asimismo, otro de sus motivos recurrentes es la forma femenina, que reaparece esta vez en “ADN”, como una manera de identificar a las féminas a través de la historia y geografía del Perú. Creadas en bronce, Westphalen precisa que su más reciente muestra exhibirá tres cabezas de mujeres que simbolizan a las regiones naturales del Perú. “La de la costa, por ejemplo, es muy moderna y tiene las dunas onduladas como cabellos. La de la sierra es un perfil donde se ven muchos surcos, los andenes, como una manera de mencionar la importancia en la producción de alimentos de esta zona. La selva, por su lado, es en realidad un árbol y la mujer está convertida en él”.