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Nadine Heredia: más allá del delito, por Diana Seminario

Hay valores como la ética para los que no hay sentencia judicial, pero sí condena moral. No todo en la vida son delitos

Nadine Heredia: más allá del delito, por Diana Seminario

Nadine Heredia: más allá del delito, por Diana Seminario

El último viernes, los peruanos confirmamos lo que hace rato sabíamos: que las agendas en las que están consignados los movimientos económicos de la campaña presidencial del Partido Nacionalista son de Nadine Heredia, pese a las reiteradas negaciones de la propia primera dama.

Las ahora famosas agendas fueron dadas a conocer en primicia por “Panorama” y “Perú 21”. Tras la difusión de sus contenidos en agosto de este año, la señora Humala no solo negó que le pertenecieran, sino que también rechazó sus contenidos.

La primera vez que tuvimos conocimiento de estos cuadernos fue cuando Rosa María Palacios le preguntó en julio: “¿Se le ha perdido una libreta? ¿Cinco libretas? Se lo pregunto porque el chisme que recorre Lima es que se le han perdido unas libretas viejas (¿agendas?) de apuntes personales”. “Tengo todas mis libretas”, respondió Heredia

Y cuando ya era un hecho que las agendas verían la luz, Heredia las calificó de “truchas”, y le dijo a la periodista Rossana Cueva: “No le atribuyo ninguna seriedad a lo que ha presentado”. Cueva no se equivocó y Nadine tuvo que reconocer la evidencia. 

Heredia no solo le mintió al país a través de la prensa, también lo hizo en la fiscalía, cuando se presentó ante el fiscal Germán Juárez para responder por los aportes que el nacionalismo recibió en las campañas del 2006 y 2011, y para revisar el contenido de las agendas. “Como he dicho públicamente, las agendas y libretas, y su contenido, no son de mi propiedad”, dijo entonces.

Dos meses después, otra es la versión dirigida al mismo fiscal: “Después de efectuar una detenida revisión de la copia de los documentos originales que obran en su fiscalía, y luego de realizar una exhaustiva revisión en todos los ambientes de mi domicilio, pude comprobar que aquellos documentos son de mi propiedad”. La mentira ya no podía sostenerse.

Mucho se ha especulado sobre lo que hay detrás de este repentino ataque de sinceridad: que esto es solo una estrategia de defensa para luego pedir que se invaliden las agendas como prueba al haber sido obtenidas ilícitamente (robo), que prefirió pasar por la vergüenza de reconocer su mentira antes de que la prueba grafotécnica determinara que al ser su letra no solo las agendas son suyas, sino sobre todo –y lo más importante– que sus contenidos también.

Heredia de Humala se ha apresurado a decir que lo que guardan las agendas no supone delito alguno, pues las anotaciones se hicieron antes de que llegara junto con su esposo al gobierno. ¿Y el lavado de activos? ¿Podrá sustentar y explicar los montos y movimientos de dinero que consignan los cuadernos?

Está claro que el único objetivo de la lideresa del nacionalismo es no verse involucrada en ningún ilícito. En este caso –para ella–, la verdad es lo de menos.

Más allá de que se confirmen o no los delitos, Nadine Heredia ha perdido toda credibilidad. Sus maniobras solo buscan salvarla en lo legal, pero Heredia olvida que hay valores como la ética para los que no hay sentencia judicial, pero sí condena moral. No todo en la vida son delitos, señora.

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