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¿Quién quiere ser ministro?, la columna de Eduardo Dargent Bocanegra

El primer Gabinete de Martín Vizcarra fue difícil de armar en parte porque Pedro Pablo Kuczynski devaluó el fajín ministerial...

Gabinete Ministerial

En estos días comenzarán los rumores de cambios en el Gabinete hacia 28 de julio. (Foto: Presidencia)

El primer Gabinete de Martín Vizcarra fue difícil de armar en parte porque Pedro Pablo Kuczynski devaluó el fajín ministerial. Con PPK los invitados a ser ministros temían terminar investigados o sometidos a la trituradora del Congreso. Vizcarra heredó esos temores, incrementados por la incertidumbre de si sería un Petain naranja. El Gabinete Villanueva fue calificado, con crueldad, como uno de viceministros.

Esa devaluación del cargo de ministro causa, a su vez, una pérdida de control del Poder Ejecutivo sobre procesos y políticas. Si el ministro o ministra no tiene poder político o respeto técnico, más difícil que su sector se mueva y logre autonomía. Y la causa se convierte en consecuencia, pues a un ministerio debilitado es aun más difícil atraer personas de peso.

No es que el Estado funcionara bien antes de PPK. Nuestro Estado carga con debilidades históricas: ineficacia, corrupción, débil presencia territorial, entre otras. Pero, a pesar de sus diversos problemas, el Ejecutivo lograba balancear varias de estas ineficiencias. La calidad de algunos ministros y dependencias resultaba clave para que esa maquinaria débil, farragosa, marche.

Mucho de eso se perdió con PPK. ¿Cómo así el presidente tecnocrático, el gerente de lujo, terminó debilitando al Poder Ejecutivo? Por diversas razones difíciles de agotar en este espacio. Para comenzar, convocó a personas del mundo privado que llevaban buen tiempo fuera de un Estado que había cambiado en tamaño y funciones. Fortaleció así la imagen de un Estado capturado por el interés privado, su talón de Aquiles.

Además descontinuó procesos de reforma silenciosos de mejora estatal (servicio civil, educación, diversificación productiva). También debilitó al MEF frente a la Comisión de Presupuesto del Congreso. Y por ceder al veto del macartismo fujimorista, apartó del aparato estatal a técnicos que llevaban buen tiempo en la función pública. El gerente de lujo, ayudado por los saboteadores fujimoristas, nos dañaron la empresa.

Vizcarra no hizo lo suficiente para recuperar este poder relativo del Ejecutivo en la gestión pública. Pudo atacar el problema con el crecimiento de popularidad de julio del año pasado. Tenía capital para hacerlo. En vez de eso, prefirió la prudencia y mantener al mismo personal.

El actual Gabinete, convocado cuando la popularidad iba en caída, es mejor que el anterior, con algunos profesionales de prestigio que conocen al Estado. Han logrado, en algunos casos, mejorar su imagen pública y poner agendas. Sin embargo, carga todavía con un problema de peso político. El primer ministro ha tenido su mejor mes, pero sigue en debe con respecto a lo que vino a hacer: construir una agenda y comunicarla.

La necesidad de mejorar el desempeño del Ejecutivo se hará sentir ahora que la economía aprieta. Además, el Gabinete deberá continuar la lucha contra la corrupción y prevenir nuevos conflictos sociales. Y responder a un empresariado que, más allá de sus críticas legítimas, cada cierto tiempo quiere imponer sus intereses con maneras de gamonal.

En estos días comenzarán los rumores de cambios en el Gabinete hacia 28 de julio. Si bien me parece importante la continuidad, espero que la coyuntura sirva para relanzar al Ejecutivo con algunos cambios de alto nivel. Ojalá esta vez el pequeño capital político ganado por Vizcarra en su choque con el Congreso se invierta mejor

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