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Trabajo infantil: cuando la principal tarea es salir adelante

La niñez es una etapa intensa de descubrimiento. En ella los niños aprenden roles, despiertan sus habilidades, se fortalecen motora y físicamente, juegan y entrenan su creatividad. En el Perú, las condiciones de pobreza y el entorno inmediato en el que muchos niños viven, los obligan a apoyar económicamente a sus padres y familiares para subsistir y para salir adelante. Si el trabajo infantil priva a los niños y niñas de su infancia, su potencial y su dignidad, así como de su educación, entonces resulta nocivo para su desarrollo físico, social y mental. (Obra Alianzas por la Juventud)

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A continuación
presentamos un texto de Marisol Grau, periodista de El
Comercio que viajó a Huancavelica para hacer un informe  sobre un grupo de niños que se labra su futuro a punta de esfuerzo.

Luisa Cedano (12) quiere estudiar la secundaria en Huancayo.
La educación suele ser mejor en zonas urbanas que en las rurales. Para
conseguirlo debe juntar el dinero suficiente, por ello vende “panchitos”
(salchichas) a la parrilla los sábados en la plaza de Ccochaccasa,
centro poblado a dos horas de Huancavelica,
en donde vive con sus padres y hermanas. Ya ahorró S/.100 y otros S/.
50 gracias a una gallina que ella misma crió y vendió. Sabe que su
esfuerzo es la mejor herramienta para cosechar el futuro. 

Moisés Feria (11) pertenece al círculo de matemáticas de su escuela en Pampas e incluso ha participado en concursos locales y regionales. Los fines de semana cobra el acceso a un baño público. “Dios me ha premiado con un hijo inteligente”, suspira Lidia, su madre. 
Para llevar a cabo el programa Pro Niño también ha sido clave concientizar a los padres. La familia resulta una pieza fundamental para entender la magnitud de las consecuencias del trabajo infantil en el desarrollo de los niños. “Yo no trabajo, ayudo”, aclara Flor Colquehuanca (11). La niña vende pan junto a su madre por las tardes después de la escuela en la calle Manchego Muñoz, una de las más transitadas de Huancavelica. 
“A mí me gusta trabajar”, dice Wilson Cháves (11), “eso te aleja de las drogas u otros vicios como robar”. Wilson lustra zapatos los fines de semana en la plaza principal de las Pampas. Comprende que para cumplir su sueño de ser doctor deberá estudiar bastante. Los peruanos más pequeños también hacen grandes diferencias.
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Luisa Cedano (12). Vende panchitos a la parrilla los sábados por la tarde en la plaza de Ccochaccasa.

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Moisés Feria (11). Pertenece al círculo de matemáticas de su escuela en Pampas. Los fines de semana cobra el acceso a un baño público y ayuda a su madre a marcar bultos en una agencia de transporte.  
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Flor Colquehuanca (11). Ayuda a su mamá a vender pan por las tardes en la calle Manchego Muñoz, una de las más transitadas de Huancavelica.   
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Denilson Vargas (11). Vende chupetines en su tiempo libre.  
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Jesús Villalobos Sedano (11). Trabajó durante sus vacaciones reparando la vía hacia Ccochaccasa. Los sábados vende ropa en la feria del centro poblado. A veces también vende gelatina. 
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Edwin Ponce (11). Apoya a su mamá en la chacra. Ella no le insiste sabe que su pequeño prefiere los cuadernos al trabajo duro de la chacra. 
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Lizeth (10) y Marco Quispe (13) apoyan a sus padres con la cosecha del olluco. Por lo general acuden a la chacra todos los sábados, los demás días se dedican a la escuela. 
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Wilson Cháves (11). Lustra zapatos los fines de semana en la plaza de Pampas.  
Texto:  Marisol Grau
Fotografías: Leslie Searles