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Testimonio: Voluntariado, un viaje por el mundo pensando en el Perú

Piero Ponce Falcón se graduó en Economía en la Universidad de Lima en el 2006. Tiene más de cinco años de experiencia en proyectos que promueven emprendimientos productivos con enfoque intercultural y desarrollando aptitudes de liderazgo en jóvenes. Fue Coordinador del Proyecto Juventud Ayacuchana de CEDRO, que forma emprendedores en varios distritos de Ayacucho y que ha sido una de las experiencias exitosas sistematizadas y publicadas por Obra: Alianzas por la Juventud. Actualmente es consultor en temas de comercio justo (frutos orgánicos) y turismo rural, mientras estudia una Maestría en Gestión de Procesos para Negocios en Austria. Piero aceptó darnos su testimonio en el que narra su tránsito por Europa, África y el Perú, incluido el VRAEM.
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Las decisiones que tomé en los últimos diez años de mi vida me llevaron a conocer África y otras partes del mundo, a gente inspiradora y a creer en un mundo con oportunidades para todos. Ser voluntario en muchas organizaciones ha sido y sigue siendo una pieza clave para poder generar una huella positiva en los lugares que he visitado.
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Piero Ponce Falcón
¿Cómo nació mi pasión por el trabajo para el desarrollo? Cuando doy una mirada atrás, recuerdo las anécdotas que mi padre me contaba cuando él y su familia emigraron del Valle del Mantaro (Junín) a Lima para buscar un futuro mejor. Mientras, mi madre me compartía su experiencia como obstetriz en Recuay (sierra de Áncash), un distrito con muchas carencias en ese entonces. Ambas historias de vida marcaron en mí una huella profunda desde muy joven, sobre todo cuando asimilaba lo mucho que ellos trabajaron por asegurar que mis hermanos y yo pudiéramos acceder a una buena educación y salud. Esto me motivó a buscar el lado humano de las cosas. A pensar que las habilidades técnicas y sociales de uno pueden contribuir a hacer cambios a favor de personas que no han podido acceder a estas oportunidades.
Durante mis estudios de Economía en la Universidad de Lima, me involucré como voluntario en la organización internacional AIESEC. Desde un inicio me impresionó la energía de los estudiantes voluntarios, quienes venían ganando experiencia práctica organizando eventos y relacionándose con otras instituciones. Además demostraban mucha pasión por fomentar una “globalización intercultural” y aprovechar las oportunidades del Internet.
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Piero con sus compañeros de trabajo en el VRAEM
Aún recuerdo con bastante cariño nuestras reuniones de trabajo, cargadas de tareas, pero también de confraternidad y conversaciones profundas. Estas experiencias me convencieron de que el mejor trabajo es aquel que te apasiona y permite compartir tu visión personal. Por varios meses me involucré en las acciones locales y poco después, paralelo a unos estudios de intercambio en Alemania, asumí el reto de dirigir el comité de la ciudad de Bremen en calidad de Presidente Local. La decisión de salir por un largo tiempo “fuera de casa” me enseñó a ser más responsable y perseverar en adaptarme a otro idioma con el cual tenía que estudiar y trabajar. Lo más impactante fue sentir la satisfacción de poder compartir y valorar las buenas cosas que tiene el Perú: comida, historia, lugares por visitar, estilos de vida, entre otros. 
Recuerdo conversar una vez sobre la época de la violencia generada por el terrorismo. Esa noche pensé mucho en lo diverso y fragmentado que es nuestro país, por lo que me tracé la meta personal de mirar más allá de mi entorno local para descubrir otras realidades en el Perú. Todas estas conversaciones amicales, clases y experiencias abrieron para mí una etapa de autodescubrimiento y aprendizaje personal muy importante. Luego de un año y medio en Europa regresé al Perú a culminar mi carrera con la emoción de haber cambiado mis percepciones sobre mi país y de tener una mejor visión de las oportunidades que vendrían.
En el 2005 asumí el cargo de Director de Intercambios y Relaciones Externas de AIESEC en Camerún (África). Recuerdo las veces que caminaba con jóvenes estudiantes, quienes me hablaban de sus pueblos. Conocí gente joven con un alto espíritu emprendedor y con ganas de mejorar su nación para cambiar los prejuicios que se han generado sobre este maravilloso continente. 
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Piero Ponce en África con otros jóvenes líderes de AIESEC
Al año siguiente fui elegido Director de Relaciones Externas para AIESEC en todo África, con el nuevo reto de potenciar el crecimiento de una red de 16 países. Gané experiencia en la generación de alianzas continentales, asistí en el codiseño de un proyecto basado en turismo sostenible, preparé propuestas de proyectos, fui capacitador en diversos congresos internacionales y asistí a los países en sus estrategias de relaciones externas. Ese tiempo viví en la ciudad de El Cairo (Egipto), un lugar fascinante donde gané muchos recuerdos del mundo árabe, ya sea mientras compraba alimentos en las tiendas o cuando me sentaba a orillas del río Nilo a conversar con los amigos.
A fines del 2007 regresé al Perú y trabajé por más de 4 años en el proyecto Juventud Ayacuchana de CEDRO, enfocado en la incubación de microempresas y desarrollo de iniciativas de voluntariado local a través de redes juveniles en Ayacucho y la zona del VRAEM. Los cientos de jóvenes líderes con quienes trabajamos nos demostraron que existe un capital humano que quiere un cambio positivo para la región y por el contrario, rechaza acciones ilícitas como las promovidas por el narcotráfico. Fue muy grato poder aplicar la experiencia ganada años atrás en las capacitaciones, conferencias y en la asistencia técnica ofrecida en el proyecto. Además aprendí mucho de mis colegas del trabajo y de las comunidades rurales que visité.
 

El proyecto de emprendimientos juveniles que coordina Piero en el VRAEM
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Piero reunido con el equipo de trabajo de Juventud Ayacuchana en el VRAEM
Durante ese tiempo obtuve una beca para participar en el Programa de Liderazgo para la Competitividad Global en la Universidad de Georgetown (EE.UU.). En este espacio conocí a jóvenes profesionales destacados de Latinoamérica, España y Portugal, con quienes intercambié experiencias sobre nuestros proyectos. Desde esa fecha venimos fortaleciendo una red que apuesta por darle una nueva faceta a Latinoamérica, en favor del desarrollo con competitividad.
Trabajar en temas de desarrollo es muy apasionante, pero no es ajeno a retos y dificultades. Ser voluntario o impulsor del cambio requiere tener una mentalidad abierta, estar dispuesto a apoyar el desarrollo de otras personas y al mismo tiempo querer aprender de ellas. Es necesario perseverar por aquello que se quiere mejorar. Y en la mayoría de los casos, reconocer que los cambios en algunas áreas (como por ejemplo, la mejora del nivel educativo y el desarrollo económico local), se dan en el largo plazo, y por ende, tal vez quien lo impulsó no vea el producto final de lo construido. Es indispensable compartir nuestro conocimiento con los colegas, aliados y beneficiarios en diversas formas.
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Piero Ponce como facilitador en los talleres de CEDRO en el VRAEM
Este continuo camino de aprendizajes en diversos campos y a través de más de 18 países en los cinco continentes me ha demostrado que las metas pueden ser alcanzadas cuando se tiene un mix de pasión y planificación. El Perú está lleno de oportunidades que podemos descubrir y transformar desde nuestros trabajos y/o acciones de voluntariado. ¡Todo empieza con mejorar algo pequeño y dedicarle algunas pocas horas a la semana! Invito a leer mi blog Allinmi (que significa “Va bien“ en quechua) con el relato de estas y otras experiencias.
Testimonio: Piero Ponce Falcón.