"Sherlock Holmes" y los Globos de Oro
“Sherlock Holmes” es una película que niega. Niega la aventura, niega la acción, niega la tensión. Niega al cine. Se me podrá decir que este Sherlock es más un personaje del director Guy Ritchie que el de Arthur Conan Doyle. Quizá por ahí comiencen los problemas.

Y es que Ritchie es un director que cree que el cine funciona por acumulación. Que entre más escenas metas y más rápidos sean los cortes, el público estará más interesado y entretenido. Esta idea puede funcionar muy bien: “Moulin Rouge” es una película que avanza endemoniadamente rápido, y a partir de esa velocidad va creando un ritmo y una intensidad que van instalando ese clima tan fuertemente romántico que tiene la película. Además, la cinta sabía en qué momentos pararse y dejar que una fuerte sensualidad la invada.
El problema con Ritchie es que es un director que acumula por acumular. No busca generar un ritmo a partir de su estilo, ni consigue otorgar intensidad a las situaciones que protagoniza el conocido detective privado. Y mucho menos sabe cuándo pararse: todas las secuencias, de esta manera, aparecen filmadas de la misma forma, con el mismo ritmo, una tras otra. No hay un solo momento en el que se detenga para desarrollar una situación, o para generar algo de tensión. Todo en nombre de una mal entendida idea de lo que es entretenimiento: entre más, mejor, sin importar el cómo.
“Sherlock Holmes”, en ese sentido, abruma y aburre: al ser todo exactamente igual, al tener cada situación la misma característica de anécdota ilustrada sin el menor desarrollo, el interés se va diluyendo. Ni la presencia de Robert Downey Jr. (si quieren verlo en buena forma, vean “El solista”) ni de Jude Law ayudan a darle un poquito de vida a este Holmes. Es por eso que esta cinta niega. ¿Qué solución queda? Negarnos nosotros también a este “Sherlock Holmes”
Sobre los Globos de Oro: Sin haber visto “Amor sin escalas”, me gustó que haya ganado “Avatar”, película que gana en la memoria. Su apuesta por la aventura, por la espectacularidad, por esos mundos nuevos que la cinta tan entusiastamente nos muestra, la hicieron justa ganadora. Quizá no sea la mejor del grupo de los nominados (“Bastardos sin gloria” me parece mejor, pero no iba a ganar de ninguna forma), pero se premió una película que arriesga. De paso, pedimos encarecidamente los estrenos de “Precious” y de “The Hurt Locker”, las otras nominadas.
Sobre los actores, me sorprendió gratamente lo de Jeff Bridges a mejor actor darmático. Él es un actorazo que se merecía a gritos un premio hace tiempo. Sandra Bullock siempre me ha caído bien, por lo que me gustaría ver “The Blind Side” para opinar mejor de su premio a mejor actriz dramática (a pesar del éxito que ha tenido esta película en Estados Unidos, trata sobre fútbol americano, y pelas sobre ese deporte no suelen llegar a nuestras pantallas). Me parece exagerado el premio de Robert Downey Jr. por una película tan menor como “Sherlock Holmes”. Y Meryl Streep está tan bien en “Julie y Julia” que me parece no hay nada que discutir.
Lo que sí quiero festejar es el premio a la mejor comedia del año. Se reconoce con el premio a “¿Qué pasó ayer?” el mejor tipo de comedia que hace gringolandia hoy en día: disparatada, que recicla buena parte de su cultura popular (la idea de los tipos sueltos en Las Vegas) y que, a partir de ahí, construye un humor que se basa en la sorpresa, en siempre esperar el hecho extraño o menos pensado como si fuera la cosa más normal del mundo. Un tigre en un baño, un mafioso chino en la maletera de un carro o Mike Tyson se vuelven lo cotidiano en esa película. “¿Qué pasó ayer?” subvierte las reglas. Y la mejor comedia siempre será subversiva. Brindo por ello.
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