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Foto del autor: Rodrigo Bedoya

Rodrigo Bedoya

"El origen": una cruda decepción

“El origen” es el paradigma de lo que es una película fallida. Una película muy fallida. Christopher Nolan, después de “Batman”, se la creyó. E hizo una película enorme y ambiciosa, que busca explorar el mundo de los sueños a partir de sus varios niveles.El principal problema de la película es que, al tratar de abarcar tanto, no encuentra otra manera de explicar las situaciones que a partir de diálogos. No solamente tenemos que aguantar, por ejemplo, los sufrimientos de Leonardo Di Caprio cuando ve a su esposa al momento de entrar al sueño, sino que también hay que aguantar la explicación del hecho que le hace el protagonista al personaje de Ellen Page. Cada acción tiene que ser explicada verbalmente para no perdernos, lo que hace que la película se vuelva demostrativa y bastante pesada.

La historia gira en torno a como Leonardo Di Caprio y su equipo deben entrar al sueño de un hombre que está a punto de heredar del control de una compañía, e implantarle una idea: que la destruya. Todo esto ocurre en un mundo en el cual uno puede entrar, a partir de sofisticados equipos, en el sueño de las personas. Aunque el trabajo que realizarán es mucho más complicado que los que generalmente suelen hacer.

La idea es ambiciosa, pero Nolan, en vez de concentrarse en la acción, como en “El caballero de la noche”, decide crear un mundo en el cual uno puede entrar en los sueños una y otra vez. Pero, en vez de dejar que el espectador se sorprenda con el mismo, cree conveniente explicar con pelos y señales su funcionamiento. El momento en el que entrar por primera vez al sueño del personaje de Ellen Page ejemplifica mucho esa idea: es muy interesante la forma en la que se va construyendo la ciudad, la imagen de las calles ladeándose es impresionante, pero Nolan no aprovecha lo impresionante de la situación y prefiere que los personajes de Di Caprio y Page sigan hablando y explicando el mundo para los espectadores.

La película parece por momentos un manual de instrucciones. Y eso hace que todo se quede en un esquema. Esquema que también lastra la acción: la película, una vez dentro del sueño del hombre, entra en una mecánica de la cual nunca sale. Si bien la persecución de carros es bastante impresionante (la mejor secuencia del filme, que recuerda al Nolan de la primera secuencia de “Batman: el caballero…”), después las secuencias se van acumulando sin ton ni son, con la música solemne que parece indicarnos en cada momento cuándo impresionarnos. La música arruina una secuencia que pudo haber sido más impresionante, como la pelea en el aire. Pero no podemos sorprendernos: la música ya lo hace por nosotros. La acción no crece: no hay suspenso, no hay adrenalina, no hay tensión: lo único que hay es la sensación de ampulosidad que nos va expresando la música. Y que llega a abrumar.

Los problemas de “El origen” son muy grandes. Lástima por Christopher Nolan. Y lástima por Leonardo Di Caprio, un buen actor que tanto en “La isla siniestra” como aquí se va encasillando en una serie de tics de ‘locura’ que ya están cansando. Una dura decepción.