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El costo oculto de la liquidez excesiva en un portafolio de inversión
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En el mundo de las inversiones, “tener liquidez” se percibe como una virtud. Sin embargo, tras varios años trabajando en asesoría patrimonial y banca privada, he comprobado que, para un inversionista de largo plazo, el exceso de liquidez puede ser un pasivo encubierto. Sin restar valor al fondo de emergencia, es clave cuestionar si conviene mantener una porción relevante del patrimonio en efectivo; ya sea por esperar el “momento perfecto” o por creer que es la opción más segura.
La realidad es que el dinero inmóvil tiene un costo de oportunidad y un riesgo que suele pasar desapercibido.
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El costo de oportunidad: el rendimiento al que renuncias sin darte cuenta. Cuando un inversionista mantiene, por ejemplo, el 50% de su portafolio en una cuenta que rinde apenas 1% anual, limita el crecimiento de su patrimonio en el tiempo. Esa diferencia entre lo que gana y lo que podría ganar es la prima que paga por obtener una sensación de seguridad.
El riesgo silencioso: la inflación. Muchos prefieren la liquidez porque el saldo en la cuenta bancaria “no baja”. Pero si la inflación es de 3% y el efectivo rinde 1%, el poder adquisitivo real cae 2% cada año. Es decir, se pierde dinero lentamente. El efectivo es, paradójicamente, el único activo cuyo valor está prácticamente garantizado a perderse con el tiempo, a menos de que se invierta.
Un portafolio verdaderamente estratégico debe trabajar con liquidez intencional:
1. Fondo de emergencia: Entre tres y seis meses de gastos en efectivo o instrumentos de muy corto plazo.
2. Objetivos de corto plazo (1–3 años): Instrumentos de bajo riesgo y alta liquidez, pero con rendimiento superior a la inflación (depósitos a plazo, fondos de ‘money market’).
3. Capital para oportunidades y crecimiento: El resto del patrimonio debe invertirse con horizonte de mediano y largo plazo, diversificando entre activos con capacidad de crecer por encima de la inflación (acciones, bonos globales, activos reales, entre otros).
Aquí es donde el asesor de inversiones cumple un rol esencial. Ayudamos al cliente a distinguir entre liquidez necesaria y excesiva. No se trata solo de seleccionar instrumentos, sino de diseñar una estructura patrimonial donde cada sol (o dólar) tenga un propósito claro: liquidez para la seguridad e inversión para el crecimiento.
No se trata de eliminar el efectivo, sino de limitarlo y adoptar una nueva mentalidad para usarlo estratégicamente como parte de un portafolio equilibrado.

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