Por Enrique Planas

No fue una entrevista, fue una persecución. La mañana del 27 de agosto de 2009, cuando la Universidad Nacional Mayor de San Marcos distinguió al escritor brasileño Rubem Fonseca (1925-2020) con la medalla de doctor honoris causa, o por la tarde, entre los platos de un sofisticado restaurante limeño, o por la noche, rodeado por un centenar de lectores que lo abruman con preguntas y libros para firmar. Con 84 años entonces, se movía con una vitalidad felina.