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En compañía de la muerte
El pintor Eduardo Tokeshi conjuró el miedo a la muerte dibujándola como una dulce compañera. Su más reciente libro ilustrado “La muerte un día de verano” resulta un canto a la vida.
Nunca se había enfermado. No sabía lo que era tener fiebre. Sin embargo, hace diez años, el pintor Eduardo Tokeshi visitó una clínica para atenderse de lo que creía una especie de alergia. En la consulta, el doctor le advirtió que no le dejaría volver a casa. Estaba con la presión altísima, y fue la primera vez que debió internarse. Desde entonces, empezó a cuidar su salud. Poco tiempo después, Lima vivió uno de sus más inclementes veranos, con un desmedido Fenómeno del Niño. “Este calor es la muerte”, decían todos.
Nunca se había enfermado. No sabía lo que era tener fiebre. Sin embargo, hace diez años, el pintor Eduardo Tokeshi visitó una clínica para atenderse de lo que creía una especie de alergia. En la consulta, el doctor le advirtió que no le dejaría volver a casa. Estaba con la presión altísima, y fue la primera vez que debió internarse. Desde entonces, empezó a cuidar su salud. Poco tiempo después, Lima vivió uno de sus más inclementes veranos, con un desmedido Fenómeno del Niño. “Este calor es la muerte”, decían todos.
El artista juntó la frase con el miedo a su propia finitud, y casi sin darse cuenta, se encontró dibujando a la muerte en un día de verano. Su personaje no lleva guadaña. Podría decirse que no estaba en horario de trabajo. Vestía de negro (como el artista) y llevaba una máscara de calaca, casi de carnaval. Sus dibujos la mostraban ubicua, sorpresiva, omnipresente e inevitable. En cada apunte, Tokeshi la colocaba en cotidianas situaciones: reflexionando sobre “la muerte” de la pintura, sobre la coyuntura política o eliminando a los querubines de San Valentín. La muerte se prueba un atuendo para ir a votar. O observa el cielo desde el malecón de Barranco y piensa en la tentación del fracaso. Confunde la caja de Pandora con una caja de chocolates. Lee la poesía de Eielson. Se disfraza, se oculta, se multiplica, desplegando magia y ternura. Y para humanizarla, Tokeshi coloca a su lado un esponjoso conejo como compañía. Es el verano de 2016 y el artista sube a las redes un dibujo cada día. Ese verano, la muerte fue una dulce compañía. Terminada la estación, también acabaron los dibujos en Facebook. Todo quedó dentro de sus libretas de dibujo.
Ilustración: Eduardo Tokeshi
—El sentido de la máscara—
En 2023, para Tokeshi, la muerte se quitó su máscara amable. Más bien le mostró los colmillos. Volvió a la clínica, pero esta vez para enfrentar un tumor canceroso instalado en el duodeno. Durante su internamiento, volvió a sus cuadernos para dibujar personajes más oscuros, bocetos que auguraban una revancha cuando lograra desconectarse de aquellas máquinas que lo monitoreaban en la sala de cuidados intensivos. Reabrió también las viejas libretas y se reencontró con aquellos delicados dibujos de la muerte, que esta vez revelaron para él todo su sentido.
Recuperarse del cáncer, o “esquivar la bala”, como él lo llama, produjo una respuesta creativa. Tras reunir, reordenar y antologar las viñetas de su personaje, Tokeshi publica “La muerte un día de verano”, libro que se presentará en la Feria Internacional del Libro de Lima el próximo 24 de julio. En sus páginas, las visitas de la parca resultan tranquilizadoras, incluso capaces de sacarnos una sonrisa.
“Mucha gente me ha escrito para para saber de qué va esto. Yo digo que son dibujitos. Cómo interpretarlos, es cuestión de cada uno. Cada quien tiene su propia versión de la muerte que, en este caso, es más inofensiva de lo que realmente es”, afirma el artista visual y profesor de la PUCP.
El pintor y magister en escritura creativa, acompaña la viñeta con textos que, de alguna manera, da pie a una nueva lectura. La muerte como una forma de aviso, profundamente tierna. Incluso dan ganas de abrazarla. A esta muerte no hay que temerle. “La muerte finalmente podía ser un personaje festivo, celebratorio. Esta muerte me descubrió que solo el amor puede salvarnos de lo que nos está pasando”, me dice el artista a propósito de estos tiempos de guerra, soberbia y estupidez. ¿Qué hay detrás de la máscara de la muerte dibujada por el artista? Nada más que la vida misma, o mejor: las ganas de vivir”.