Cualquier acto es heroico en Lima. Subirse a un microbús, cruzar una calle, dar una vuelta. Moverse es un acto de heroísmo. La cola es el ritual de la paciencia en el que ese heroísmo se pone a prueba. Colas en las estaciones, colas en el Banco de la Nación, colas en alguna oficina. Gente de pie, esperando. Muchos de ellos han atravesado el caos. Vivir en Comas y tener que ir a Lince. Vivir en Villa El Salvador y tener que ir a Carabayllo. Vivir en San Juan de Lurigancho, una ciudadela de un millón doscientos mil habitantes, el 11% de la población total de la ciudad. Ver el mar desde Magdalena y sentir el hielo en Ticlio Chico, en Villa María del Triunfo, una zona abandonada a su suerte. Sentir el miedo sin tiempo de los asaltantes. Formar una empresa y recibir el primer aviso de un extorsionador. Entrar en el tráfico como en una tormenta.
Cualquier acto es heroico en Lima. Subirse a un microbús, cruzar una calle, dar una vuelta. Moverse es un acto de heroísmo. La cola es el ritual de la paciencia en el que ese heroísmo se pone a prueba. Colas en las estaciones, colas en el Banco de la Nación, colas en alguna oficina. Gente de pie, esperando. Muchos de ellos han atravesado el caos. Vivir en Comas y tener que ir a Lince. Vivir en Villa El Salvador y tener que ir a Carabayllo. Vivir en San Juan de Lurigancho, una ciudadela de un millón doscientos mil habitantes, el 11% de la población total de la ciudad. Ver el mar desde Magdalena y sentir el hielo en Ticlio Chico, en Villa María del Triunfo, una zona abandonada a su suerte. Sentir el miedo sin tiempo de los asaltantes. Formar una empresa y recibir el primer aviso de un extorsionador. Entrar en el tráfico como en una tormenta.
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Viajar por la ciudad es una aventura de lo incierto. Fachadas polvorientas, paredes despellejadas, avisos de restaurantes y bodegas. La pollería Ave César. La sastrería El Quijote sin Mancha. La marisquería El Rey de las Conchas Negras. Mendigos con carteles cargando niños. Por favor, bendiciones, necesito dinero para una operación. El polvo que emerge como pólvora en medio de la batalla. Y algunos rostros resignados. Otros rostros serenos. Otros rostros decididos.
En su magnífico libro “Lima chola”, José Ragas ha estudiado la naturaleza de las primeras olas migratorias desde 1850. Desde que las primeras familias llegaron, la capital se integró al resto del país. No era ya la ciudad que estaba más cerca de Londres que del Cusco, según afirmaba Humboldt, a comienzos del siglo XIX. Era una ciudad que empezaba a poblarse de emprendedores, quienes le han dado su fisonomía decisiva. Hace tiempo que esa ciudad eligió la cumbia como su himno de vida y el pollo a la brasa como su manjar central. Esos son los placeres a la mano. El Estado estaba muy lejos. El desorden y la soledad en el que esos emprendedores crecieron los obligaron a la informalidad.
Y esa gente, sin embargo, sigue adelante. Si uno camina a primera hora por Surquillo o por Lince o por Ate, verá gente con algún rumbo en la vida, por lo menos en la vida cotidiana. Nadie puede detenerse o rendirse. Sería el fin. Hay que seguir trazándose algún camino. Todo ha cambiado. A lo largo de la historia, el centro ha pasado de un lugar a otro. Hoy no hay un centro. Vivimos fragmentados, en una acumulación de barrios. No es casual que en la papeleta de votación haya tantos casilleros.
En estas circunstancias vuelvo de vez en cuando al centro antiguo, a la plaza donde Pizarro fundó la ciudad hoy hace casi cinco siglos. Allí están los restos de la Lima colonial, muchos de cuyos lugares está restaurando hoy con gran acierto Prolima. Esa Lima virreinal y republicana aparece con gran belleza y gracia en un libro que acaba de publicar la municipalidad, “Crónica de una Lima prodigiosa”, de Ana María Malachowski. Allí están las plazas, las calles, las historias, de la ciudad perdida. De todo eso, un anhelo. Que la ciudad encuentre un rumbo y sea un hogar para quienes lo buscan sin perder el respeto por su historia. Una ciudad donde sea posible vivir y no apenas sobrevivir. Los sueños también son potestad de los héroes.