De izquierda a derecha Beto Ortiz, Mariana de Althaus y Renato Cisneros; quienes han utilizado sus experiencias para contar historias en la literatura y el teatro. Fotos: Alessandro Currarino/ Piko Tamashiro/ Allen Quintana.
De izquierda a derecha Beto Ortiz, Mariana de Althaus y Renato Cisneros; quienes han utilizado sus experiencias para contar historias en la literatura y el teatro. Fotos: Alessandro Currarino/ Piko Tamashiro/ Allen Quintana.
Por Daniel Goya

Sí, el cuerpo habla. Específicamente, su interior. Es como un gran disco duro imposible de formatear, donde todo se almacena, donde todo se guarda en carpetas, unas más ocultas que otras. Somos, en buena cuenta, un gran aparato que registra calambres emocionales. Allí, dentro de nosotros, están nuestras heridas, algunas cerradas, otras abiertas. Allí están los moretones, los pellizcos, las quemaduras. Están también las cicatrices, las espinillas, las espaldas rotas, las fracturas y, por supuesto, los esguinces del alma que nunca sanan por completo. Si el hombre es la medida de todas las cosas, su propia vida, sus recuerdos y su testimonio pueden resultar las medidas de las historias que nunca nos cansaremos de escuchar.