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Bette Davis y Joan Crawford: la historia de una rivalidad

Recordamos la guerra piscológica que liberaron las actrices Bette Davis y Joan Crawford, quienes inspiran la serie "Feud"

A veces, las historias sobre Hollywood resultan más apasionantes que las películas mismas. Y ahora, en pleno auge de las series de televisión, una producción nos contará todo sobre la rivalidad entre dos de las estrellas más fulgurantes de la historia del cine. "Feud" nos llevará al corazón mismo de la Warner Brothers cuando se rodaba el legendario filme de suspenso "Whatever Happened to Baby Jane?" (1962). Les toca a Susan Sarandon y Jessica Lange interpretar a Bette Davis y Joan Crawford, respectivamente, las dos protagonistas de esa creación del cine gótico y enfrentarse en el memorable duelo que vivieron las actrices del pasado.

Davis y Crawford eran dos de las mayores estrellas de los años dorados de Hollywood que supieron enfrentar el paso del tiempo y la misoginia de la industria, para transformarse de acuerdo a las exigencias de las nuevas audiencias. A diferencia de otras actrices que prefirieron retirarse o que simplemente no encontraron un lugar en la nueva industria, mantuvieron intacta la fama y su poder de convocatoria. Por supuesto, tuvieron que pagar un precio por ello y sepultaron sus imágenes de mujeres fatales para entrar en la categoría de monstruos.

HIJA DEL JAZZ
La historia de Joan Crawford (1906-1977) tuvo todos los ingredientes de los que se nutre los 'best sellers'. Una muchacha de orígenes humildes convertida en el ideal de glamour de la Metro. Había sufrido de polio en la infancia y eso no la detuvo hasta convertirse en campeona de charlestón en la juventud. Cambió de nombre en tres oportunidades hasta que un concurso a nivel nacional organizado por los estudios dieron con "Joan Crawford". Comenzó como extra en el cine mudo en 1925 y poco a poco fue conquistando un papel más visible. Pronto se convirtió en el símbolo de la juventud de la era del jazz. Luego, convertida en una criatura muy sofisticada habría de protagonizar dramas y comedias románticas junto a los míticos Clark Gable, Spencer Tracy o Robert Taylor. Su vida personal no era menos azarosa que el argumento de sus películas, se casó en cuatro oportunidades y sus detractores más cercanos proclamaban su voraz apetito sexual.

En 1940 las reglas cambiaron. De pronto, todo ese glamour que los estudios habían proyectado resultaba superficial para un mundo sumido en guerra. Además, la generación a la que Crawford pertenecía ya no tenía la frescura que el público exigía. Greta Garbo y Norma Shearer se retiraron para siempre del cine y muchas otras tuvieron que aceptar papeles menores en cintas cada vez menos interesantes. Parecía que este iba a ser el destino de Joan Crawford. Sobre todo cuando supo que la Metro no renovaría su contrato.

Incapaz de someterse a la dictadura de sus jefes, la actriz jugó sus última cartas y se mudó a la Warner, un estudio de prestigio aunque bastante austero. No tuvo más remedio que rogar por los mejores guiones hasta que consiguió el papel estelar en "Mildred Pierce" (1945). Y, de pronto, la gloria. Al triunfo en la taquilla siguió el Oscar a la Mejor Actriz.

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Comenzó una segunda carrera en la que Crawford fue madurando hasta entender que, nuevamente, el tiempo le jugaba en contra. Algo tenía que hacer. Según el historiador Alexander Walker, Joan se había hecho amiga del cineasta Robert Aldrich tras el rodaje de "Autumn Leaves" (1956) y habían congeniado tanto que decidieron volver a trabajar juntos. "Pero tiene que ser una película para mí y Bette Davis", sentenció Crawford. Pasaron unos años hasta que el director leyó la novela "What Ever Happened to Baby Jane?", de Henry Farrell, y se la envió a la actriz. Joan leyó fascinada el relato sobre dos hermanas, antiguas glorias del cine, que se torturaban mutuamente a lo largo de los años hasta enloquecer. Sintió que el papel de Blanche era perfecto para sí misma y que Bette Davis podía interpretar a la demencial Jane.

LA MEJOR
Bette Davis (1908-1989) quiso ser actriz desde niña. Criada por una madre sobreprotectora, estudió en buenos colegios hasta que decidió enfrentar su destino en Broadway. No tuvo mucha suerte en el teatro neoyorquino y en contra de sus planes aceptó un contrato para trabajar en el cine. Se mudó a Hollywood en 1930 y comprendió de golpe que estaba destinada a papeles pequeños debido a sus pocos atractivos físicos. La industria era implacable en ese aspecto. Hasta que llegó su gran momento: pidió el papel de la amoral Mildred en "Servidumbre humana" (1934), una adaptación de la novela de W.S. Maugham. Una mujer despojada de alma y que termina sus días contagiada de sífilis. Semejante personaje era impensable para una gran actriz y le permitieron que lo interprete. Fue entonces que la industria en pleno reconoció su talento y aunque no estaba nominada al Oscar en aquella oportunidad, los electores escribieron su nombre en las balotas de la votación.

A partir de entonces Bette Davis se convirtió en la reina de la Warner. Se enfrentó en varias oportunidades al estudio demandando mejores condiciones laborales, fue la primera actriz en obtener dos premios de la Academia y su vida privada fue menos llamativa que la de otras figuras de entonces. Aunque también habría de pasar por el altar en cuatro oportunidades.

En cuanto a su carrera siempre obtenía los guiones que quería y al no depender de sus atributos físicos era más versátil que sus competidoras. Pero su momento de quiebre llegó y en 1949 abandonó la Warner.

Y nuevamente el éxito. Porque aunque parecía que su carrera estaba acabada, Bette se impuso como la gran actriz que era en "Hablemos de Eva" (1950), de Joseph L. Mankiewicz. Un brutal retrato de una actriz que tiene que enfrentar el paso de los años. Bette estuvo espléndida y comenzó así una nueva etapa, afirmando su condición de "la mejor". Aunque no la más fácil colaboradora. Y su carrera se mantuvo en la cumbre aunque tomando decisiones erradas de tiempo en tiempo. Cuenta su biógrafo Charles Higham que fue Robert Aldrich quien le envió el guión de "Whatever Happened to Baby Jane?" y que la actriz sintió que era un papel demasiado desagradable. Pero se trataba de un proyecto ambicioso y aceptó.

BATALLA CAMPAL
La pregunta que siempre se han hecho los biógrafos e historiadores es por qué aceptaron trabajar juntas dos actrices de temperamentos tan fuertes. Bette Davis despreciaba a Joan Crawford, la consideraba una corista con ínfulas de actriz y la juzgaba por el chismorreo alrededor de su vida sexual. Lo que era peor, no era amable en su trato. En cuanto a Crawford, admiraba y envidiaba a su rival en la misma medida, pero su estrategia era diferente: le enviaba regalos, la trataba con extrema cordialidad y dejaba en claro que era una mujer. Lo cierto es que durante el rodaje de "Whatever Happened to Baby Jane?" el enfrentamiento fue psicológico y no directo. Hubo mucha tensión debido a las exigencias de la película misma. La verdadera batalla comenzó después, primero durante la campaña de promoción, donde Bette jugó un papel importante sobre todo en el festival de Cannes, y luego con las nominaciones al Oscar.

Crawford se sintió herida cuando se enteró que solo su adversaria había sido nominada al Oscar. No solo eso, era la favorita. Pero juró vengarse y lo consiguió cuando, en la noche del 8 de abril de 1963, Maximilian Schell anunció: "Y la ganadora es Anne Bancroft". Entonces, con gran estilo, Crawford salió al escenario para recoger la estatuilla porque la ganadora estaba ausente. Pasó frente a Bette y le dijo: "Permiso querida". Y se hizo del Oscar.

Lo peor vino después porque Aldrich, Davis y Crawford habían anunciado que tras el éxito de su primera película juntos iban a realizar otra. Comenzó así el rodaje de la siniestra "Hush, Hush… Sweet Charlotte" (1964). Pero ya nada era igual. La tensión era tremenda, al punto que Bette exigía rodar sus escenas con una doble. No quería filmar con Joan. Y esta, que nunca levantaba la voz, decidió que enfermar y recluirse en una clínica era el mejor castigo para todos. Finalmente, durante una de sus ausencias, el director decidió reemplazarla por Olivia de Havilland. Nadie se tomó el trabajo de informarle a Joan Crawford que estaba despedida y que sus escenas rodadas habían sido descartadas. Lo escuchó por la radio en su cama de enferma.

A partir de entonces las historias sobre la rivalidad de estas mujeres varían de acuerdo a los testigos, los chismes, las investigaciones. Bette Davis nunca dejó de hablar mal de Joan Crawford, quien por su lado jamás se expresó en público al respecto. Lo curioso es que ambas recibieron duros golpes de sus propias hijas, quienes se encargaron de escribir libros que las pintaban como verdaderos monstruos de egoísmo. Ahora el turno de la televisión para ofrecer detalles sobre tan extraordinario enfrentamiento.

MÁS INFORMACIÓN
Feud: Bette & Joan (2017), creado por Ryan Murphy. Con Jessica Lange, Susan Sarandon, Judy Davis, Alfred Molina, Stanley Tucci, Kathy Bates, Sarah Paulson, Catherine Zeta-Jones, etc. Ocho episodios a partir del viernes 17 de marzo por Fox Premium.

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