Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Una mujer prepara el desayuno, tiende las camas, se pone a tejer. La rodea el mismo paisaje rutinario día tras día: tapizados setenteros, manteles, mayólicas, aparadores. Cuando no está sola, la acompaña su hijo, con quien apenas cruza unas pocas palabras. Y es esa vida doméstica la que, con rigurosidad y empatía, registra la cineasta belga Chantal Akerman en “Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles”, la película de 1975 que, según la revista británica “Sight & Sound”, es ahora la mejor de todos los tiempos.

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