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Foto: Penguin Random House.

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Resumen

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Por José Carlos Yrigoyen

Como las flores raras o los pájaros inclasificables, en el terreno de toda tradición literaria surgen escritores sui generis que rechazan lo acordado de antemano, las modas traicioneras, los caminos señalizados y optan por recorrer las trochas sin desbrozar, los rumbos que no se han hollado, los senderos de incierto destino. Juan Carlos Méndez (Lima, 1976) es uno de esos autores extraños que suelen ser una bocanada de aire fresco entre tanto narrador aliñado y predecible. Su novela inaugural, “La pandilla interior” delataba patentes intereses particulares: personajes estrambóticos, lenguaje subversivo y libérrimo, saudade suburbana, inclinación por la trama, más que absurda, delirante. El libro apostaba con fortuna por estos aspectos en la primera parte, pero en la segunda se entrampaba en el engolosinamiento de sus hallazgos.