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“El tiempo cambia la forma en que se dicen las cosas”: Édgar Vivar habla sobre “Chespirito: Sin querer queriendo”
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Édgar Vivar (Ciudad de México, 1948) dijo adiós a las giras el año pasado. Anunció que se alejaría de los escenarios para someterse a una delicada operación y guardar el reposo que su salud le exige. Pero el miedo a entrar a un quirófano pudo más. Y el amor —por la actuación, por su público, por el Perú que siente suyo— lo trajo de vuelta.
El actor mexicano que dio vida a Ñoño y al entrañable Señor Barriga en “El Chavo del 8” pisa por vigésima primera vez suelo peruano, esta vez como parte del circo “Yunza”, de la Chola Chabuca. Regresa con la misma dulzura de siempre y dispuesto a hacer de cada presentación la más memorable.
Aquí, Vivar Villanueva vivió muchas primeras veces: su debut en el circo, su primera entrevista fuera de México, la primera exhibición sudamericana de “El Chavo del 8”. Y también, la última función de Ñoño. Por eso vuelve. Porque en este rincón del mundo —como él mismo dice— siempre lo esperan con los brazos abiertos.
“No es muy difícil convencerme cuando me dicen ‘vamos a Perú’”, dice el actor con una enorme sonrisa. Esta vez no vino solo a actuar, sino a celebrar. Es el invitado especial del espectáculo “Yunza”, que marca las bodas de plata del circo de la Chola Chabuca. Interpretará al alférez de esta yunza festiva, un personaje simbólico que guía la alegría y recoge memorias.
Manda el corazón
Aunque en su agenda figuraba una delicada operación a la columna —una que exige enderezar vértebras, rectificar la estructura y guardar seis meses de inmovilidad—, el miedo le ganó al bisturí, y el amor al Perú hizo el resto.
“Tengo temor, sí. Pero venir aquí fue un buen pretexto para postergar un poquito eso”, admite.

Historias que marcan
Hay momentos que se quedan grabados para siempre, como si también fueran parte del libreto. Durante una de sus últimas funciones en la gira de despedida de Ñoño, Édgar Vivar recibió la visita de una mujer con sus hijos. Esperó hasta el final, lo abrazó con fuerza y le agradeció. Le contó que su padre —seguidor del programa— había fallecido la semana anterior, frente al televisor, viendo uno de los capítulos de “El Chavo del 8″, con una sonrisa en el rostro.
“Eso me marcó para siempre”, dice sin grandilocuencia, pero con la emoción contenida de quien sabe que lo suyo no solo ha sido hacer reír, sino acompañar la vida de millones, incluso en su final.

¿Por qué hoy sus personajes siguen vivos? Él mismo no lo sabe con certeza. “Soy el principal sorprendido. Quizá tiene que ver con estos tiempos tan duros… el humor se ha vuelto vulgar, la realidad es adversa. Lo nuestro, en cambio, era ingenuo, casi pueril, pero sano”, enfatiza.
El regreso del Chavo
Ahora que “El Chavo del 8” ha vuelto a la televisión peruana a través de América TV tras cinco años de ausencia, Vivar celebra también ese regreso. “Me alegra mucho. Finalmente se conciliaron los derechos y volvimos al aire. No solo nos beneficia a los actores —aunque no sea mucho, se agradecen las regalías—, sino al público, que encuentra un referente. Las nuevas generaciones también están mirando ese mundo con los ojos de sus padres y abuelos”, comenta.
Vigente y entrañable
A sus 76 años, Édgar no se detiene. Apareció en la bioserie de Roberto Gómez Bolaños (“Sin querer queriendo”, en Max) y graba la temporada 21 de “Vecinos” en México, una comedia que ya suma dos décadas al aire.
Cuando se le pregunta qué le diría Ñoño al Señor Barriga en pleno 2025, sonríe, se acomoda en el sillón y responde como niño: “Papá, sigue perdonando la renta… y llévate al Chavo a Acapulco”.

Sobre su relación con Roberto Gómez Bolaños, dice que no quedó nada pendiente. “Tuve la suerte de despedirme. Lo vi en Cancún, conversamos. Yo sentí que ya se iba. Fue una despedida tácita, hermosa”.
A Florinda Meza y a sus demás compañeros del elenco de “El Chavo del 8” los sigue considerando familia. A pesar de las controversias recientes en torno a la bioserie, mantiene una postura conciliadora.
“Cada quien cuenta su verdad. Es un programa de ficción basado en hechos reales. Pero los recuerdos se desentierran… y el tiempo cambia la forma en que se dicen las cosas”, asevera.
Hoy, el actor que hizo reír al mundo con su ternura sigue de pie, aunque la columna le reclame descanso. Sigue actuando, aunque la nostalgia a veces le pese más que el traje de Ñoño. Sigue agradeciendo, porque sabe que lo que alguna vez comenzó como ficción, terminó siendo una historia real de amor entre él… y millones.
“Estoy feliz, comprometido y agradecido con Dios, con la vida y con el Perú, que siempre me recibe con amor”, subraya.
“Yunza” va desde el 17 de julio en la explanada Makro del Centro Comercial Plaza Norte. Las entradas están a la venta en Teleticket.












