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Trump vs California: el trasfondo político de las redadas y protestas en Los Ángeles
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Cinco días -con sus noches agitadas- de protestas contra las redadas migratorias ordenadas por el gobierno federal han elevado la tensión en Los Ángeles, la ciudad más poblada de California, y en general en todo el estado. Por lo pronto, la alcaldesa angelina, Karen Bass, declaró estado de emergencia local en las últimas horas y fijó un toque de queda, que irá desde las 8 p.m. hasta las 6 a.m. y durará varios días.
Las manifestaciones se han extendido, además, a otras ciudades del país, entre ellas Dallas y Austin (Texas), Chicago y Nueva York, donde se han manifestado miles de personas en los últimos dos días y se han realizado múltiples arrestos.
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Volviendo a California, lo que crispó enormemente la situación fue el envío de hasta 4.000 miembros de la Guardia Nacional y el despliegue de unos 700 infantes de Marina, por parte de la Administración Trump, para controlar las protestas y disturbios. Tal acción fue rechazada rotundamente por el gobernador del estado, Gavin Newsom, describiendo tal intervención militar como el inicio de un esfuerzo mayor por parte de Donald Trump para “revertir las normas políticas y culturales en el corazón de la democracia de la nación”.
Desde la Casa Blanca han dejado incluso abierta la opción de apelar a la Ley de Insurrección, uno de los poderes de emergencia más extremos, para suprimir rebeliones o violencia interna. “Ya veremos si la invoco”, ha dicho Trump desde la Oficina Oval. Pero entre Washington y California los conflictos vienen desde antes.
Diez días antes de asumir el mando del país, en medio de los pavorosos incendios forestales desatados en enero en California, Donald Trump disparó munición gruesa contra su gobernador Gavin Newsom acusándolo de inacción frente a las muertes y la devastación producida. Cinco meses después ha denunciado su “débil respuesta” ante las protestas contra las redadas migratorias y decidió enviar a la Guardia Nacional y a cientos de marines. Incluso ha llegado a decir que si él fuera el ‘zar de la frontera, Tom Homan, ya habría arrestado a Newsom por sobrepasarse y por su “pésimo trabajo”.
Newsom no es un gobernador cualquiera. Es uno de los líderes del Partido Demócrata y fue uno de los voceados para tomar el puesto de Joe Biden cuando este se retiró de la contienda electoral el año pasado, aunque finalmente aquel pulso lo ganó Kamala Harris. Y hoy surge como uno de los políticos que mayor contrapeso ejercerá frente al líder republicano en lo que le resta de mandato. Que Trump lo haya declarado incompetente no le debe doler tanto a Newsom como el hecho de que esta haya sido la primera vez desde 1965 que un presidente moviliza a tropas federales sin el consentimiento de un gobernador.
Y California tampoco es un estado cualquiera. Además de ser uno de los tres más grandes de Estados Unidos junto a Texas y Alaska, es el más rico de todos y el que tiene la mayor población de inmigrantes, con casi una cuarta parte del total nacional. Durante todo junio celebra, además, el Mes de la Herencia Inmigrante en honor a la contribución de los extranjeros bajo una frase de su gobernador: “La Administración Trump ataca, nosotros luchamos: celebremos a aquellos que eligen y fortalecen con valentía el sueño de California”.
Tal como señala la cadena BBC, California se ha convertido en el epicentro de la resistencia a las decisiones del gobierno federal no solo en inmigración sino en otros ámbitos como el cambio climático, el aborto y el control de armas. Y no es solo retórica: ya son más de 20 las demandas presentadas por el estado desde enero para frenar las políticas trumpistas, y el gobernador convocó a los legisladores estatales “para blindar las leyes de California” apenas Trump ganó las elecciones. Si bien falta mucho, todo ello posiciona a Newsom como uno de los presidenciables demócratas para los comicios de fines del 2028.











